Esta es una página de difusión de la Fe Cristiana a la luz del Magisterio de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana.

«Es impensable que un hombre haya acogido la Palabra y se haya entregado al Reino sin convertirse en alguien que a su vez da Testimonio y Anuncia». (B. Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, nº 24)
.DONES DEL ESPÍRITU SANTO: 
DON DE FORTALEZA.

Es un Hábito Sobrenatural que robustece al alma para practicar, por Instinto del Espíritu Santo, toda clase de Virtudes Heroicas con invencible confianza en superar los mayores peligros o dificultades que puedan surgir.

Actuar por Instinto del Espíritu Santo es lo propio y específico de los Dones; obra por impulso interior, a manera de instinto, que proceda directa o inmediatamente del mismo Espíritu Santo, que Pone en marcha Sus Dones.

A pesar de la semejanza de la definición, no se debe confundir el Don de Fortaleza con la Virtud Cardinal del mismo nombre. Porque, si bien suponen ambos una cierta firmeza y energía de espíritu, la Virtud de la Fortaleza tiene sus límites en la potencia humana, que nunca podrá sobrepasar; pero el Don del mismo nombre, en cambio, se apoya en la Potencia Divina, según la expresión del Profeta: «Con mi Dios Traspaso la muralla» (Sal. 18, 30), o sea, traspasaré los obstáculos que puedan surgir para alcanzar el último Fin. La Virtud de la Fortaleza porque se encuentra limitada por la potencia humana, no se extiende igualmente a toda clase de dificultades; por eso se pueden dar casos de quienes por ejemplo, superan las tentaciones del orgullo pero no tanto las de la carne, o quien evita cierta clase de peligros pero no otros.

El Don de Fortaleza, en cambio, apoyándose plenamente en la Divina Omnipotencia, se extiende a todo, se basta para todo, y hace exclamar con Job: «Ponme, Dios mío, Junto a Ti y venga a asaltarme el que quiera» (17, 3). Podrá, pues, con este Divino Don, el hombre, superar ágilmente todo peligro y enemigo, combatir y vencer en toda batalla, y repetir con el Apóstol: «Todo lo puedo en Aquel que me Conforta» (Fil. 4, 13).

En conclusión: el Don de Fortaleza es absolutamente necesario para la Perfección de la Virtud Cardinal del mismo nombre, para la de todas las Virtudes Infusas –Fe, Esperanza y Caridad-, y a veces, incluso, para la simple permanencia en el estado de Gracia.

EFECTOS QUE PRODUCE EN EL ALMA

1. Proporciona al alma, una energía inquebrantable en la práctica de la Virtud.
2. Destruye por completo la tibieza en el servicio de Dios.
3. Hace al alma valiente ante toda clase de peligros y enemigos.
4. Hace soportar los mayores dolores con Gozo y Alegría. «He llegado a no poder sufrir, decía Santa Teresita de Lisieux, porque me es dulce todo padecimiento».
5. Proporciona al alma el Heroísmo de lo pequeño, además del Heroísmo de lo grande. No se necesita mayor Fortaleza para sufrir de un golpe el Martirio, que para soportar sin el menor desfallecimiento ese martirio a alfilerazos que constituye la práctica Heroica del deber de cada día, con sus mil menudos detalles y pequeñas incidencias.


Los Frutos del Espíritu Santo que responden a este Don, son la Paciencia y la Longanimidad. El primero, para soportar con Heroísmo los sufrimientos y males; el segundo, para no desfallecer en la práctica del Bien.

VICIOS OPUESTOS

Según San Gregorio, al Don de Fortaleza se oponen el temor desordenado o timidez, acompañado muchas veces de cierta flojera natural, que proviene del amor a la comodidad, nos impide emprender grandes cosas por la Gloria de Dios y nos impulsa a huir de la abyección y del dolor.

MEDIOS PARA FOMENTAR ESTE DON EN NUESTRA ALMA
Además de pedirlo constantemente a Dios Espíritu Santo,

- Acostumbrarse al cumplimiento exacto del deber a pesar de todas las repugnancias. La Actuación del Divino Espíritu no puede producirse para premiar la flojedad y pereza voluntaria.

- No pedir a Dios que nos quite la Cruz, sino que nos Dé fuerza para sobrellevarla Santamente. Y esperemos tranquilos, que pronto sonará la Hora de Dios. Jamás se deja vencer en Generosidad.

- Practicar, con valentía o debilidad, mortificaciones voluntarias. Hay mil pequeños detalles en la vida diaria: guardar silencio cuando se siente comezón de hablar; no quejarse nunca de las inclemencias del tiempo o de la calidad de la comida, etc; mostrarse cariñosos y serviciales con las personas antipáticas; recibir con Humildad y Paciencia las burlas, reprensiones y contradicciones. Estas y otras tantas cosas que necesitan muchas veces que violentemos nuestro orgullo o voluntad.

- Busquemos en la Eucaristía la Fortaleza para nuestras almas. S. Juan Crisóstomo dice que hemos de levantarnos de la Sagrada Mesa con fuerzas de león para lanzarnos a todas clase de obras heroicas por la Gloria de Dios. Es que en este Sacramento nos ponemos en contacto directo con Cristo, Verdadero León de Judá (Ap. 5, 5), que se Complace en transfundir a nuestras almas algo de Su Divina Fortaleza.

Resumen del capítulo 9, de “El gran Desconocido. El Espíritu Santo y Sus Dones”, del Padre Antonio Royo Marín O.P.


Semper Mariam In Cordis Tuo.

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