Esta es una página de difusión de la Fe Cristiana a la luz del Magisterio de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana.

«Es impensable que un hombre haya acogido la Palabra y se haya entregado al Reino sin convertirse en alguien que a su vez da Testimonio y Anuncia». (B. Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, nº 24)
ORAR 


Elevar a Dios nuestros pensamientos, esto es oración. Nuestra alma ha sido Creada para contemplar, ver y mirar a Dios. Lo Creado, lo visible y lo material ha sido puesto ante nuestra vista, para que elevemos nuestro pensamiento a Dios Creador, a Dios Invisible, a Dios Inmaterial. Sin oración, el hombre se envilece, se degrada, se materializa. 

De las 24 horas, ¿no tienes una destinada a ordenar tus pensamientos y dirigir una mirada a Dios? A Dios que te Mira, que no te olvida, a Dios que desde la Eternidad Piensa en ti. Si dedicamos tantas horas a los negocios, al placer, al amor terrenal, ¿no es justo que consagremos una a mirar y pensar en Dios? ¿Qué impide el que comamos o trabajemos teniendo a Dios presente? Sólo nuestra sensualidad.

Un solo pensamiento ocupó a María durante toda Su vida, o mejor diré, todos tendían, todos vinieron a parar en un solo Objeto y fue Dios Salvador, Dios Redentor. ¿Por qué? Porque estábamos Perdidos por la Culpa.

¿Tú en qué piensas? En lo que amas. Y donde está el amor está el corazón.

¿Piensas en Dios? ¿Piensas bien en Dios? ¿Tienes en Dios pensamientos Puros? ¿Tienes de Dios aquella idea alta, grandiosa, sublime que corresponde a la Realidad? Examínalo bien, porque esto es importante.

Vengamos a nuestro jardín: ¿cómo están nuestros pensamientos? Recógelos, átalos, lígalos a la Fe y al Amor de Dios y preséntalos a la Celestial y Mística Jardinera y dile:

Madre: mis pensamientos están ahora recogidos en Tus manos, Preséntalos a Dios. Yo me comprometo, con la presentación de este ramillete, a vivir en adelante recogido en Dios, a estar en Su Presencia, a no olvidarle, a contemplar Sus Grandezas, a orar sin cesar como Manda el Evangelio. Ofrece mi deseo a Tu Hijo. Cuida, Bella y Amable Señora, Cuida de mis pensamientos y ordénalos. A Tu Auxilio me fío. Amén» (B. Francisco Palau, Religioso Carmelita y Fundador).

Alégrate, María, Llena Eres de Gracia, el Señor Es Contigo; Bendita Tú Eres entre todas las mujeres y Bendito Es el Fruto de Tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, Madre mía y Madre del mundo entero, Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Semper Mariam In Cordis Tuo.