Esta es una página de difusión de la Fe Cristiana a la luz del Magisterio de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana.

«Es impensable que un hombre haya acogido la Palabra y se haya entregado al Reino sin convertirse en alguien que a su vez da Testimonio y Anuncia». (B. Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, nº 24)
Mostrando entradas con la etiqueta María Santísima. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta María Santísima. Mostrar todas las entradas
CASUALIDADES CASUALES






Así se veneró a nuestra Señora, María Santísima, en la JMJ en Panamá. Con esta irreverente imagen. Desprovista de Su vientre, de Su Corazón y de Sus pies. ¡Qué casualidad! Desprovista de Su Maternidad Divina; de Su Corazón, ese mismo que Ella ha Dicho «Triunfará» del demonio y sus adláteres, angélicos y humanos; y de Sus pies, que son los que Aplastan la cabeza de la serpiente infernal. ¡Qué casualidad!

Claro, acostumbrados como estamos al lenguaje ambiguo, muchos dirán que eso es arte, pero...¡qué casualidad!

Semper Mariam In Cordis Tuo.
María Santísima
¿ya no es más, Inmaculada?

«Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hch 5, 29), y si Jesús Dijo «Yo Soy la Verdad» (Jn 14, 6), pues como obedecer a Dios, sin amar la Verdad...aunque la Verdad duela...aunque la Verdad nos cueste la simpatía de las criaturas, aunque la Verdad nos reclame la misma vida.
El día 21 de diciembre, durante las felicitaciones navideñas de los empleados vaticanos y familias, Jorge Bergoglio, dijo:
«La Virgen y San José están llenos de alegría...Están “rebosantes” de santidad y, por lo tanto, de alegría. Y me diréis vosotros: ¡Anda, claro! ¡Son la Virgen y San José! Sí, pero no pensemos que haya sido fácil para ellos: los santos no nacen, se hacen, y ESTO VALE TAMBIÉN PARA ELLOS»
A ver cómo lo digo para que los hermanos progresistas no se ofendan: ¡HEREJÍA!
¡Uy, qué discurso clerical te traes, hermano! ¡Qué poco misericordioso!
«...Declaramos, Proclamamos y Definimos que la Doctrina que sostiene que la Beatísima Virgen María fue PRESERVADA INMUNE DE TODA MANCHA DE PECADO ORIGINAL EN EL PRIMER INSTANTE DE SU CONCEPCIÓN por singular Gracia y Privilegio de Dios Omnipotente, en atención a los Méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está Revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles...» (Bula Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de 1854, B. Pío IX).
María es la "Llena de Gracia", del griego "kecharitomene" que significa un Estado Sobrenatural en el que el alma está Unida con el mismo Dios. María como la Mujer Esperada en el Protoevangelio (Gn. 3, 15) se mantiene en Odio -así el Texto hebreo, es decir, en contraposición Eterna, aunque comúnmente se traduzca "enemistad"- con la serpiente porque es Llena de Gracia. Y esto es así, porque fue Predestinada a Ser la Madre de Dios. ¿Podía el Hijo de Dios reposar en una carne manchada por el pecado? Porque si aceptamos el presupuesto de que para Ella la Santidad fue un camino, y difícil, además, debemos aceptar, entonces, que en ella había manchas. Pero ¡NO! LLENA DE GRACIA DESDE SU CONCEPCIÓN, NO, LLENA DE GRACIA PROGRESIVAMENTE. Tal Plenitud de Gracia no podía ser sólo intensa, sino que, como enseña la sana Teología, esa que tanto molesta a los nuevos teólogos de café, debía ser igualmente extensiva, es decir, debía extenderse a toda su vida, comenzando desde su entrada a este mundo.
El que desee escuchar, que escuche.
Semper Mariam In Cordis Tuo.
NUESTRA SEÑORA DEL SANTO ROSARIO

«Si la contemplación cristiana no puede prescindir de la Palabra de Dios, también el Rosario, para que sea oración contemplativa, debe brotar siempre del silencio del corazón como respuesta a la Palabra, según el Modelo de la Oración de María. Bien mirado, el Rosario está todo él entretejido de elementos tomados de la Sagrada Escritura. Está, ante todo, la enunciación del Misterio, hecha preferiblemente, con palabras tomadas de la Biblia. Sigue el Padrenuestro: al dar a la oración una orientación "vertical", abre el alma de quien reza el
Rosario a una correcta actitud filial, según la invitación del Señor: "Cuando oréis decid: Padre..." (Lc 11, 2). La primera parte del Avemaría, tomada también del Evangelio, nos hace volver a escuchar cada vez las Palabras con que Dios se Dirigió a la Virgen mediante el Ángel, y las palabras de Bendición de Su prima Isabel. La segunda parte del Avemaría resuena como la respuesta de los hijos que, dirigiéndose suplicantes a su Madre, no hacen sino expresar su propia adhesión al Plan Salvífico Revelado por Dios. Así el pensamiento de quien reza está siempre anclado en la Escritura y en los Misterios que en ella se presentan.
En el mundo actual, tan dispersivo, esta oración ayuda a poner a Cristo en el centro, como hacía la Virgen, que Meditaba en Su Corazón todo lo que se decía de Su Hijo, y también lo que Él Hacía y Decía.

Cuando se reza el Rosario, se reviven los momentos importantes y significativos de la Historia de la Salvación; se recorren las diversas etapas de la Misión de Cristo. Con María, el corazón se orienta hacia el Misterio de Jesús. Se pone a Cristo en el centro de nuestra vida, de nuestro tiempo, de nuestras ciudades, mediante la contemplación y la meditación de Sus santos misterios de gozo, de luz, de dolor y de gloria.

Que María nos ayude a acoger en nosotros la Gracia que procede de estos Misterios para que, a través de nosotros, pueda difundirse en la sociedad, a partir de las relaciones diarias, y purificarla de las numerosas fuerzas oscuras, abriéndola a la Novedad de Dios. En efecto, cuando se reza el Rosario de modo auténtico, no mecánico y superficial sino profundo, trae paz y reconciliación. Encierra  en sí la Fuerza Sanadora del Nombre  Santísimo de Jesús, invocado con Fe y con amor en el centro de cada Avemaría.
María es el Modelo de la vida cristiana. A Ella pido sobretodo que les permita caminar con decisión y alegría por el Camino de la Santidad, siguiendo las huellas de tantos luminosos Testigos de Cristo…
El Rosario es oración contemplativa y Cristocéntrica, inseparable de la meditación de la Sagrada Escritura. Es la oración del cristiano que avanza en la peregrinación de la Fe, en el seguimiento de Jesús, precedido por María. Deseo invitarlos, queridos hermanos y hermanas, a rezar el Rosario.

Que la diaria meditación de los Misterios de Cristo en unión con María, la Virgen Orante, nos fortalezca a todos en la Fe, en la Esperanza y en la Caridad» (Benedicto XVI, Obispo Emérito de Roma).

Semper Mariam In Cordis Tuo.
SEÑORA MÍA, MI CONSUELO DE DIOS

Toda Santa, Digna de todo Honor,
Tú eres la mejor Ofrenda
que la humanidad puede presentar a Dios.

Virgen Madre, Madre Siempre Virgen,
dirige una Súplica Materna a Tu Hijo.

Lleva hasta el Puerto la Barca de la Iglesia,
evitando los escollos y venciendo los oleajes.

Con Fe Te veneramos, Madre de Dios;
con amor Te honramos;
con Esperanza acudimos a Ti,
y Te proclamamos Bienaventurada.

Tú, Señora mía, mi Consuelo de Dios,
Ayuda de mi inexperiencia,
acoge la súplica que Te dirijo.

Tú, que para todos eres Fuente de Alegría,
hazme digno de exultar juntamente Contigo.

Mira a la Asamblea de los creyentes,
Madre del Salvador;
aleja de ellos las desgracias y las aflicciones;
líbralos del Mal y del maligno;
Protégelos con la abundancia de Tu Benevolencia.

Al Regreso Glorioso de Tu Hijo, nuestro Dios,
Defiende con Tu Materna Intercesión
nuestra fragilidad humana
y Acompáñanos hasta la Vida Eterna
con Tu mano Afectuosa,
Tú que eres Poderosa por Ser Madre.

(Benedicto XVI, 7-5-2005)

Semper Mariam In Cordis Tuo. 
ALÉGRATE MARÍA

Alégrate María, Madre amada, Inspiradora de la Santa Medalla, Siempre Virgen Purísima. Señora y Madre mía, Tu Pureza Sagrada se alabe en todo el universo, y se proclame sin temor ni dilación que eres Santísima Hija de Dios, Santísima Madre de Dios y Santísima Esposa de Dios.
Te suplico, Madre mía, Ruegues a Dios por nuestra Santa Iglesia Católica, de quien dijo nuestro Señor que «las puertas del infierno contra ella no prevalecerán» (Mt. 16, 18). Alcánzanos de Su Sagrado Corazón, Santas Vocaciones Sacerdotales y Religiosas; Ruega por la Santificación de quienes ya han respondido al Divino Llamado, especialmente por los que heridos por el pecado o por vanos deseos e intereses, se han apartado de la Verdad, enseñando doctrinas equivocadas que enferman a las almas que les fueron Confiadas y terminan por alejarlas también de la Salvación.
María, «por Ti a Jesús»: Ruega por Tus hijos alejados, que han abandonado la Fe Verdadera, yendo detrás de «fábulas, fantasías o novedades» (2 Tim. 4, 3).
María, en Fátima has dicho que «muchos hijos Tuyos se condenan al Infierno porque nadie reza por ellos»: pongo en Tus manos los Méritos Infinitos de la Sangre de Jesús Derramada hasta la última gota en la Cruz, y Te suplico la presentes al Señor, unida a Tu Poderosa Intercesión, por todos esos hijos que caminan en Tinieblas de Muerte.
María, que a Santa Catalina Laboure mostraste Tus manos y le dijiste: «Estos diamantes de los que no salen rayos, son las Gracias que dejan de pedirme», Te suplico que esas Gracias las Derrames sobre este mundo herido y oscurecido por la muerte. Por Gracia de Dios, Tú Conoces las necesidades de Tus hijos que más sufren, Ilumínalos con esos Rayos de Bondad.
Recoge las almas de Tus pequeñitos hijos muertos por el aborto; Abre la mente de aquellas madres que planean el asesinato de sus hijos, para que amen y sepan valorar la vida; Alcanza el arrepentimiento para las que ya han caído y la Misericordia de Dios para sus almas.
María, que también dijiste a Tu hija Catalina: «Los tiempos son muy malos», mira este tiempo del mundo y de la Iglesia con ojos de Misericordia, Protege al Sucesor de Pedro de los enemigos que le acechan tanto de adentro como de fuera; Protege a Tu hija, la Iglesia, de los ataques sangrientos que cada día se planean contra ella; Alcánzanos la Perseverancia hasta el fin, y que nunca temamos defender a Cristo y La Verdad hasta las últimas consecuencias.
María, Madre mía amada, también tengo necesidades, espirituales y materiales, pero Tú Sabes mejor que yo qué necesito hoy para acercarme más y mejor hacia el fin de mi Destierro. En Ti confío, y sólo Te pido que no me dejes nunca de Tu mano. A mi vez, me Consagro a Ti, con el firme propósito, ayudado por la Divina Gracia, de hacer cada momento lo que «Jesús ha Dicho» (Jn. 2, 5), conservando, a Tu ejemplo, Sus Palabras y Preceptos en mi corazón (Lc. 2, 51), meditándolas día y noche (Sal. 1, 2).
Gracias Señor, por la Santa e Inmaculada Concepción de María.
Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, Ruega por nosotros.
Semper Mariam In Cordis Tuo.
DULCE NOMBRE DE MARÍA

«En todos los peligros de perder la Gracia Divina pensemos en María, e invoquemos a María juntamente con el Nombre de Jesús, pues estos dos Nombres van estrechamente unidos. Jamás se aparten estos dos Dulcísimos y Poderosísimos Nombres de nuestro corazón y de nuestra boca, porque ellos nos darán Fuerza para no caer y para Vencer todas las tentaciones» (S. Bernardo de Claraval).
««Muy Dulce es, por tanto, ya en esta vida el Santísimo Nombre de María para Sus devotos, por las innumerables Gracias que, como hemos visto, les Alcanza. Pero más Dulce lo hallarán en la hora suprema por la dulce y Santa muerte que les Obtendrá.
Dulce Madre mía, Te amo, y porque Te amo tengo también amor y devoción a Tu Santísimo Nombre! Con Tu Favor y Benignidad espero invocarlo toda mi vida y particularmente a la hora de la muerte. Amén» (S. Alfonso María de Ligorio).
«Concédenos, Dios Todopoderoso, que Santa María Virgen nos Obtenga los Beneficios de Tu Misericordia a cuantos celebramos Su Nombre Glorioso. Por nuestro Señor Jesucristo, Tu Hijo, que siendo Dios, Vive y Reina, en la Unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén» (Misal Romano).
Semper Mariam In Cordis Tuo
CONFIADOS, COMO MARÍA

Son pocos los datos Evangélicos que tenemos y algunos testimonios que aporta la Sagrada Tradición, pero su sustancia es de rico contenido, y merece meditarse, aunque se sucintamente.

Sabemos que José tenía por profesión la carpintería, trabajo manual despreciado por esos tiempos.
Sabemos que junto a María, eran una pareja pobre, porque al ofrendar en el Templo, lo hacen con 2 tórtolas, la ofrenda de los pobres (Lc. 2, 24)

VISITACIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA

Embarazada, María se pone en camino de la casa de Isabel, donde ayuda a Su prima, también embarazada.
¿Cómo comienza Su Cántico? (Lc. 1; 46-55) 
«Magnifica Mi alma al Señor, Mi espíritu se alegra en Dios, Mi Salvador».
¿Por qué?
«Porque ha puesto los ojos en la Humildad de Su esclava»
Por segunda vez, así se proclama la Madre de Dios. La primera como recordarás, fue durante el Anuncio del Ángel: «He aquí la esclava de Señor». Y sabemos que la vida del esclavo ya no le pertenecía, sino que estaba en posesión de su amo. Así era la relación de María para con Dios.

Por aquellas épocas, todo israelita conocía a la perfección las Profecías que hablaban sobre la virgen que concebiría al Mesías, al Emmanuel. De ahí la costumbre de casar a sus hijas a tan temprana edad y de que la esterilidad fuera un oprobio.
Sin embargo, nos cuenta una piadosa tradición, que en María existían sentimientos diferentes. No habitaba en Ella el deseo de ser la Madre del Mesías, sino el de poder algún día ser su servidora.
Dice la primer Bienaventuranza: «Bienaventurados los pobres de espíritu»(Mt. 5; 3). María era ya, aun cuando no se había promulgado todavía la Ley Evangélica, el Modelo de Pobreza que luego anunciaría Cristo. Lo máximo para la mujer israelita era ser Madre del Mesías; María apenas quisiera ser la servidora de esta mujer. La pobreza espiritual de la que habla Cristo, no es no tener nada, sino que, aun cuando tengamos bienes, hemos de vivir desapegados de todo eso, indiferentes al tener o no tener.
Contrapongamos ya, los movimientos de nuestro corazón, que vive en un mundo elitista, seducido por la fama, los títulos, el poder y los bienes. ¿Cuántas veces nos sentimos mejor que los demás?
Midámonos dentro del Corazón de María, pero ¡ojo con los dientes del lobo!, que no nos agarre el desaliento, sino que nos envuelva la Esperanza, pues ya comenzamos a vislumbrar el camino. 

REGRESO DE MARÍA

María está tres meses con Isabel y regresa a Su casa. Nos cuenta el Evangelio un hecho tremendo: José descubre el embarazo de la Virgen y decide repudiarla en secreto.
Sabemos que José no acompañó a María en Su viaje a casa de Isabel, aunque algunos artistas lo incluyan en la escena de la Visitación. Esto queda evidente en el regreso de María tres meses después. O sea, que su embarazo bien podía ya notarse, y su ausencia ayudó al tormento de José.
Esto muestra que desconocía la visita del Arcángel Gabriel y por tanto, el maravilloso Milagro de la Concepción Virginal.

¿Cuál fue la actitud de María?

Guardó silencio.

Esto es claro, puesto que «un Ángel del Señor» (Mt. 1; 20-23) es quien le revela la Obra de la Acción Divina. ¿Te das cuenta hasta qué extremo llega la Humildad y la Confianza de la Virgen en Dios?
Con cuanto celo guardamos nosotros nuestro honor, nuestro puesto, y sin embargo…

S. Vicente de Paúl, contaba que en cierta oportunidad le habían acusado de un robo que él no había cometido. Inmediatamente se sentó a escribir una carta en su defensa. Cuando lo hacía, se detuvo a meditar, y se dio cuenta de la falta de confianza que aquello implicaba, pues si él no lo había hecho, ¿acaso Dios no lo defendería de las calumnias que se levantaban? Y su confianza no se vio defraudada, porque poco tiempo después, el ladrón fue descubierto.
S. Gerardo Majella, acusado de haber embarazado una chica, guarda silencio, en rigurosa observancia de la Regla de la Orden, hasta que Dios hace confesar a la muchacha.
Me pueden decir, “ambos eran religiosos”, y es verdad. Pero lo que importa aquí es el espíritu que los movía, y María Santísima es el mejor Modelo. Y digo que es importante el espíritu de la acción, pues ese espíritu está a tu alcance y al mío. Ese espíritu lo reviste la Fe, la confianza, el Amor a Dios. Y ahí no hay excusa. Todos podemos alcanzarlo, y todos podemos amar a Dios hasta ser, por fin, Sus esclavos.

Si el Señor ha dicho: «Sed Santos, porque Yo, Yahveh, vuestro Dios, Soy Santo» (Lev. 19;2), es porque la Perfección que lleva a la Santidad es posible, entendiendo esta Perfección en la medida de cada cual.
De otra forma, Dios habría propuesto algo que llevaría al hombre irremediablemente a la frustración. Y María, Maestra y Modelo de todos los discípulos, y los Santos que nombramos, son pauta de que sí se puede a pesar de nuestra condición de criaturas. Realzo esto último, para comenzar a aplastar de una vez, la tentación que el enemigo pone en nuestra mente: “Bueno, sí, pero Jesús era Dios”. María no es diosa, ni los Santos tienen poderes divinos; son criaturas de carne y hueso, simples, como tú y como yo.

III

María soportó con extraordinaria Paciencia la duda de quién iba a ser Su esposo, que era «varón justo» (Mt. 1, 19), es decir, con una conducta recta delante de Dios y de los hombres. Ella conocía el secreto, ¿por qué no se lo reveló? Porque confiaba en Dios y se unía a Su Voluntad.
El Hijo de Dios estaba ya en Su vientre. ¿Pudo librar a Su Madre del oprobio? ¡Claro que sí! Pero no lo hizo. Como tampoco se libró a Sí mismo de él, porque no solo el honor de Su Madre estaba golpeado; Él, el Unigénito del Padre Celestial, aparecía como fruto de pecado.

¿Ves qué profundo misterio? Es que la Cruz no sólo eran dos maderos cruzados. Ya había comenzado a llevar la Cruz.
Midámonos nuevamente dentro del Corazón de María. ¡Qué insoportables se nos hacen las calumnias y los chimentos en que nos vemos envueltos!

No sufriría María solo por Su honor, y creo que ni tanto por eso, sino por Su Niño. Ella sabía a Quién estaba Gestando en Su vientre. ¿Cómo iba a ser posible que Dios no defendiera Su causa? Así nosotros, no porque seamos naturalmente buenos, sino precisamente por lo opuesto, porque estamos indefensos ante el mal de los hombres y del mismo enemigo de las almas. Por tanto, cuanto más crezca nuestra confianza y nuestra Fe, más se inclinará el Señor hacia nosotros. Y si por razón válida, como la Caridad, fuera necesario defendernos, siempre confiados que el resultado no será otro que el que Dios Desee.

NACIMIENTO DEL DIVINO NIÑO

Llega el momento del empadronamiento por orden de Roma. Marchan María y José hacia Belén, pues ambos eran descendencia de David. Cuando llegan, resulta que no tienen oportunidad de hospedarse. Se discute un poco sobre este hecho, pues para los judíos es sagrada la hospitalidad, y parece no ser posible ante la situación de María, se pudiesen negar a recibirla. Algunos autores ven en este suceso una consecuencia de la pobreza de aquella Familia, pues de tener bienes, podían haber pagado un lugar digno donde quedarse.
Sea como fuere, pobreza o misteriosa Permisión Divina, terminan en un pesebre, lugar de habitación para los animales. El pesebre, propiamente, eran unas piedras apiladas junto a la pared, donde se coloca el forraje para el ganado.
Y aquí tenemos que detenernos a meditar.

Causa un tremendo impacto la escena: el Niño, verdaderamente Humano, al tiempo que verdaderamente Dios, acaba de Nacer en un lugar preparado para los animales, y acaba de ser recostado, envuelto en pobres pañales, sobre la paja destinada al alimento de estos.
Aquí choca nuestra soberbia, nuestra vanidad, nuestro deseo de figurar; nuestro afán por la imagen, por los aplausos…
¿Pudo el Hijo de Dios nacer en otro lugar y circunstancias? ¡Claro que podía! Pero NO QUISO.
¿Acaso no podía venir a este mundo en una familia apoderada? No solo podía, sino que ni siquiera tenía que nacer de una mujer, bien podía aparecer en este mundo siendo hombre ya maduro. Pero NO QUISO.

Y llegamos, finalmente, al argumento más profundo sobre todo lo que venimos diciendo. Escribe S. Pablo a los filipenses: «Siendo de Condición Divina, no retuvo ávidamente el ser Igual a Dios. Sino que Se despojó de Sí mismo Tomando condición de siervo, Haciéndose semejante a los hombres y Apareciendo en Su porte como Hombre; y se Humilló a Sí mismo, Obedeciendo hasta la muerte, y muerte de Cruz» (Flp. 2; 7-8) Testimonio preciso sobre las dos Naturalezas de Jesús: Divina y Humana.
“Se despojó de Sí mismo” y “se humilló a Sí mismo”, es decir, haciendo uso libre de Su Voluntad. Y en otro lugar, el Apóstol escribe a los Hebreos: «Debió en todo ser asemejado a Sus hermanos, para ser Compasivo y Fiel Pontífice en las cosas que miran a Dios» (Hb. 2; 17).

¿Ves por qué es una tentación pensar que Jesús pudo soportar todo porque tenía la ventaja de ser Dios? No guardó para Sí como un tesoro el ser Todopoderoso, porque entonces, ¿dónde estaría el valor de Sus palabras? Él, que criticaba tan severamente a los fariseos por poner sobre el pueblo prácticas legales que ellos luego no cumplían, ¿podía hablarnos de paciencia y perseverancia ante las adversidades y la cruz, si luego, al recibir los azotes romanos, con Su Poder hacía insensible Su Cuerpo al dolor? Si así lo hubiera hecho, mentiría el Apóstol al decir que era en todo semejante a los hombres, y convierte la Pasión en una parodia del sufrimiento.
¿Qué diríamos si alguien saliera al mundo a enseñar tales cosas? Le llamaríamos blasfemo. Pues así, de manera solapada, quiere satanás tranquilizar nuestra conciencia cuando queremos escaparle a la cruz. Es hábil, pero no lo suficiente.
La Obediencia, cuando es Virtud, implica la negación propia ante la orden recibida. Y Jesús fue Obediente hasta la misma muerte, y no cualquier clase de muerte, sino muerte de Cruz, forma de ejecución no sólo dolorosa, sino oprobiosa, pues de esa forma se castigaba a los malhechores, y Él fue crucificado entre dos. Es decir, que a la terrible tortura física, hay que sumarle el ataque a Su Honor y al de Su Madre.

IV

¿Podía, Jesús, inspirar a José, que fuera directo al pesebre? Sí, podía. Pero no se ahorró el sufrimiento del rechazo, ni se lo ahorró a Sus padres. Quiso Nacer en una gruta oscura y fría, y ser envuelto apenas por unas pobres fajas. Allí había animales, así que no faltarían los aromas característicos de la suciedad natural.
¿Ves, entonces, por qué se contrapone el espíritu del mundo, al espíritu de Dios? No está mal aspirar a las cosas lícitas de esta vida, pero cuando el afán por todo eso nos hace perder la paz del corazón, y el rumbo en la vida cristiana, entonces ahí, lo que es neutro en esta vida, de suyo, ni bueno ni malo, lo convertimos en algo malo pues nos aleja de nuestro centro que es Cristo.
El Evangelio nos cuenta cómo las muchedumbres decían que Jesús Enseñaba con Autoridad y no como sus escribas y fariseos. Todos los intérpretes coinciden que esa “Autoridad” se la daba el Ejemplo. Jesús predicaba lo que Él antes vivía, y eso es lo que daba fuerza a todas Sus Argumentaciones.
Entonces, ¿por qué tener miedo a vivir la vida que Él vivió? ¿Por qué sentir que en esta vida no tenemos nada, sólo porque no tenemos lo que el mundo tilda como vida exitosa y plena?
¿Es ser conformista aceptar los caminos por donde Dios nos va llevando?
«Buscad el Reino de Dios y Su Justicia». ¿Y lo demás? Si no trabajo no como, no tengo casa…Pues «lo demás se les dará por añadidura…Mirad cómo las aves del cielo no siembran ni siegan, ni encierran en graneros, y vuestro Padre Celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?» (Mt. 6; 33) ‘Se les dará’, no implica sentarse a esperar que todo caiga del Cielo. No. Significa caminar por los caminos que Dios va abriendo, y Él irá proveyendo de todo eso que es necesario, mientras Él sea siempre nuestro norte, nuestra prioridad.

V
HUIDA A EGIPTO

Luego tendríamos el episodio de la huida y estadía en Egipto, del cual el Evangelio no nos da más que detalles. “Huye”, le dice el Ángel a José, quien «levantándose de noche, tomó al Niño y a la Madre, y partió» (Mt. 2, 13-14). El término “huye”, nos deja ver que no hubo Milagros que hicieran más fáciles las cosas para la Sagrada Familia.
Por breves comentarios extra bíblicos, podemos creer piadosamente, además, que tanto José como María, hacían pequeños trabajos para subsistir. Egipto era provincia romana, y allí habitaban numerosas colonias judías, así que puede suponerse como cierto.
Vemos, pues, que la Cruz, para Jesús, no consistió sólo en la del Calvario, y que no le fue sencillo cargarla ya desde el vientre de Su Madre.
Escribe S. Pablo a los Hebreos, lo que entiendo es la mejor resolución a todo lo escrito: «Teniendo, pues, tal Sumo Pontífice que Penetró los Cielos –Jesús, el Hijo de Dios- mantengamos firmes la Fe que profesamos. Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos, por tanto, CONFIADOS al Trono de la Gracia, a fin de alcanzar Misericordia y hallar Gracia para una ayuda oportuna» (4; 14-16).
Confiados como María.
Semper Mariam In Cordis Tuo.



NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

Hoy la Iglesia Celebra la Fiesta de nuestra Señora de Fátima. Demos gracias a Dios y a nuestra Madre del Cielo, por el Amor que arde en Su Corazón. Amor por ti y por mí. Porque no es otro el motor que Le mueve a tan Tierna Señora para Venir a Hablarnos e Iluminarnos.
Son muchos los que están preocupados por uno u otro “Secreto”, llegando a tratar a la Santa Iglesia de Cristo de "mentirosa" y otra variopintas acusaciones. Algunos, incluso, dicen que poseen el verdadero texto del secreto, y llenan internet con interminables publicaciones que otros, movidos por curiosidad o por mala entendida piedad, devoran apasionadamente.
Lo cierto es que nuestra Madre, la Iglesia, ya se expidió sobre este asunto, y para nosotros, sus hijos, e hijos de María, Fátima es mucho más que vanas curiosidades. Es un Llamamiento urgente de volver a Dios.
Agradezcamos hoy a María el Amor que le mueve y le hace preocupar de Sus hijos. De ti y de mí. Y hagamos nuestra esa preocupación. ¿Cómo? Poniendo en práctica Sus Directivas.
Fátima no es sólo “secretos”. Es un Llamado a la Conversión, a la Misericordia, al Amor a Dios y al prójimo. A la vida de Oración con el arma infalible contra satanás, el Rosario. Al Amor a Jesús Eucarístico, a la participación cada vez más fervorosa y amorosa de la Santa Misa. Al arrepentimiento de los pecados cometidos y al acercamiento periódico y fructífero del Sacramento de la Reconciliación.
Celebrar la Fiesta de nuestra Señora de Fátima es abrir el Corazón a María, entregárselo a María, porque es Ella, Quien por Voluntad del mismo Dios, nos lleva definitivamente a Él.
Semper Mariam In Cordis Tuo.

LA SONRISA DE MARÍA


«Contemplar la sonrisa de la Virgen no es dejarse llevar por una imaginación descontrolada. La Escritura misma nos la desvela en los labios de María cuando entona el Magníficat: “Proclama Mi alma la Grandeza del Señor, se alegra Mi espíritu en Dios, Mi Salvador” (Lc 1,46-47). Cuando la Virgen María Da gracias a Dios nos convierte en testigos. María, anticipadamente, comparte con nosotros, Sus futuros hijos, la Alegría que vive Su Corazón, para que se convierta también en la nuestra. Cada vez que se recita el Magníficat nos hace testigos de Su sonrisa. 

Sí, buscar la sonrisa de la Virgen María no es un infantilismo piadoso, es la aspiración, dice el salmo 44, de los que son “los más ricos del pueblo” (Sal 44,13). “Los más ricos” se entiende en el orden de la Fe, los que tienen mayor madurez espiritual y saben reconocer precisamente su debilidad y su pobreza ante Dios.

En una manifestación tan simple de ternura como la sonrisa, nos damos cuenta de que nuestra única riqueza es el Amor que Dios nos regala y que pasa por el Corazón de la que ha llegado a Ser nuestra Madre. 

Buscar esa sonrisa es ante todo acoger la Gratuidad del Amor; es también saber provocar esa sonrisa con nuestros esfuerzos por vivir según la Palabra de Su Hijo Amado, del mismo modo que un niño trata de hacer brotar la sonrisa de su madre haciendo lo que le gusta.

Y sabemos lo que Agrada a María por las palabras que dirigió a los sirvientes de Caná cuando Mandó: “Haced lo que Él os diga” (JN 2,5)» (Benedicto XVI, 15-9-2008).

Semper Mariam In Cordis Tuo.

MADRE DE LA IGLESIA

MISERICORDIA

«Quien no tiene un corazón que comparte la pena de su prójimo como cosa suya, no tiene Misericordia, y quien no usa de Misericordia, no hallará la Misericordia de Dios.

María, desde Su Concepción Inmaculada, tomó como propia la causa de todos los hijos de Adán, y movida e impulsada por esta Virtud, trató Eficazmente con Dios nuestra Salvación.

Esa Madre de Misericordia toma por Suyas las necesidades de Sus hijos.

¿Tienes amor verdadero a Dios y a tu prójimo? Si tienes Caridad, la Misericordia es una hija suya. Y si hay en ti Misericordia, padecerás por todas aquellas causas y motivos por los que Padeció Jesús y María Santísima. Tendrás pena y compasión de los males morales gravísimos que afligen a nuestra Santa Madre la Iglesia, y tomando por propias las miserias y las necesidades espirituales de las almas, te sacrificarás por ellas.

Presenta este ramillete a María: Señora, ¿qué puedo hacer yo por el Bien de las almas? Me ofrezco en sacrificio al pie de la Cruz por su Salvación. Me comprometo a poner por obra la Misericordia como forma de vivir la Virtud de la Caridad.

Recibe, Señora, esta, mi ofrenda; Bendice mis propósitos; Alcánzame las Gracias y Dones que necesito para conservar esta Virtud en mi corazón. Amén» (B. Francisco Palau, Religioso Carmelita y Fundador).

Alégrate, María, Llena Eres de Gracia, el Señor Es Contigo; Bendita Tú Eres entre todas las mujeres y Bendito Es el Fruto de Tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, Madre mía y Madre del mundo entero, Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Semper Mariam In Cordis Tuo.

NO DEJEMOS A NUESTRA MADRE SOLA

El Dolor Santo de María, no acaba en esos estremecedores días de la Pasión. En la historia del mundo, en nuestra misma vida, existe un incremento que Le hace más Doloroso el sacrificio de Jesús: la Soledad más amarga en que la dejamos cuando vamos tras una vida cómoda, una vida según las máximas del mundo, olvidando nuestra alma y lo mucho que Costó a Cristo y al Corazón de nuestra Madre.

Ella vio cómo Su Hijo utilizaba una Cruz por lecho, una corona de espinas por almohada, la Sangre por cobija.

Ayer viernes nos acercamos a adorar la Cruz del Señor, pero ¿abrazamos nuestra Cruz de cada día con el mismo fervor con que Él la llevó por ti y por mí? «¿Qué voy a decir?, dice el Señor, ¿Diré: ‘Padre, líbrame de esta angustia’? ¡Pero si precisamente para esto he Venido! ¡Padre, Glorifica Tu Nombre!» (Jn. 12, 27).
¿Cómo Glorifica al Padre nuestra Cruz? En la Paciencia, en la Paz, en la Alegría. Cuando el otro ve mi sufrimiento y ve que así lo vivo, no porque soy “fuerte”, “valiente”, sino, porque soy cristiano.

Pero el Padre no se Glorifica simplemente con eso. Su Gloria Resplandece igualmente, cuando nuestra alma, mediante la Cruz vivida cristianamente, alcanza la Gloria para la que Él nos ha Destinado.

Por ello, incremento de este Dolor en el Corazón de María, es la falsa devoción, los abusos litúrgicos, la práctica de la Religión sin Fe, sin reverencia, sacrílegamente, en pecado mortal, no sólo cometido sino también admitido.

«Los que desean conseguir el Amor y la Gracia de la Santísima Virgen, dice S. Ambrosio, imiten cuanto puedan Sus Ejemplos».

La dejan sola aquellas almas que ya han cerrado sus cuentas con Dios, y se niegan irreversiblemente a reconocer su pecado, a pedir el Perdón Divino y a Repararlo con la penitencia. «El que esté muy seguro, tenga cuidado de no caer» (1 Cor. 10, 12): esta advertencia del Apóstol se nos hace guía segura en el camino, pues así como cómodamente no nos falta perspicacia para ver el pecado del prójimo, hemos de tener siempre presente lo que enseña S. Agustín: «Todos los hombres somos capaces, de todos los pecados, de todos los hombres».

La dejan sola quienes nunca la acompañan a meditar, llorar y agradecer la Dolorosísima Pasión de nuestro Señor. Este es mucho Sufrimiento, pues la sequedad y falta de reflexión de nuestra alma sobre el Misterio Cruento y Amoroso de la Pasión de Jesús, es la causa principal de que nos entreguemos fácilmente a los vicios y a la tibieza.

Pero no tenga nuestra alma la tentación de sentirse perdida, que aún falta recorrer una estación más.

Miro el Crucifijo y escucho a Jesús que dice: «Yo he Venido para echar Fuego sobre la tierra; y ¡cómo Quisiera que ya estuviera Encendido!» (Lc. 12, 49).
Ese Fuego ya estaba Encendido en un Corazón: el Corazón de la Santísima Virgen.
Quemaba el Corazón de María, por eso ardían Sus Lágrimas; ardían con el Fuego ardiente de la Caridad. Y he aquí dos Remedios para sanar los incrementos que antes vimos:

.- Todavía Jesús está en el sepulcro. Traigamos a nuestra mente el recuerdo del Camino de Dolor que recorrió por nosotros, y que nuestro corazón, si no puede sentir la profundidad del Dolor que el Sacrificio de Infinito Amor de Jesús merece, sí llenémonos de agradecimiento, y cogiendo nuestra Biblia, repitamos cada paso de aquel lastimoso Itinerario, y sólo digamos: “gracias, Señor”. Que finalicemos este Tiempo Litúrgico de Penitencia, habiendo aprendido al menos a darle gracias al Señor por Sus Beneficios. ¡Y qué mayor Beneficio que habernos Abierto la Puerta del Cielo! Con esto habremos dado un enorme paso en el camino de nuestra Salvación, y aliviaremos grandemente Su Corazón.

.- El siguiente Remedio, es una devoción especialísima a María. Y digo “especialísima”, no en cuanto a implementar formas nuevas de oración, sino, que sea especial en nuestro corazón. María, al igual que Jesús, no son simplemente “solucionadores de problemas”: Ella es nuestra Madre, y Quiere ardientemente ejercer ese Privilegio ayudándonos a amar cada vez más a Su Hijo.

«A Jesús por María». ¡Qué triste es ver a tantos hermanos nuestros e hijos Suyos, que la desprecian, que la abandonan! Tú y yo podemos Reparar eso, podemos ser consuelo para Su Corazón Dolorido. ¿Cómo? Cogiendo nuestro Rosario con el corazón inflamado de agradecimiento. La Santa Iglesia de Cristo nos enseña que Ella es Corredentora, pues María Aceptó y Ofreció el Sacrificio de Su Hijo al Padre. ¿Y eso no es algo que debamos agradecerle? Ha de arder nuestro corazón de agradecimiento, y este nos ha de llevar al ardor del amor.

¿Cómo no amar a Madre tan Generosa? En la mente de Pedro no podía pasar la idea del Sacrificio del Maestro (Mc. 8, 32-33). ¿Qué decir, pues, del Corazón de una Madre? Pero María era la «Esclava del Señor» (Lc. 1, 38), y aquella Esclavitud no era mero formalismo, era una Entrega incondicional de Su vida a la Voluntad de Dios.

Semper Mariam In Cordis Tuo.
ORAR 


Elevar a Dios nuestros pensamientos, esto es oración. Nuestra alma ha sido Creada para contemplar, ver y mirar a Dios. Lo Creado, lo visible y lo material ha sido puesto ante nuestra vista, para que elevemos nuestro pensamiento a Dios Creador, a Dios Invisible, a Dios Inmaterial. Sin oración, el hombre se envilece, se degrada, se materializa. 

De las 24 horas, ¿no tienes una destinada a ordenar tus pensamientos y dirigir una mirada a Dios? A Dios que te Mira, que no te olvida, a Dios que desde la Eternidad Piensa en ti. Si dedicamos tantas horas a los negocios, al placer, al amor terrenal, ¿no es justo que consagremos una a mirar y pensar en Dios? ¿Qué impide el que comamos o trabajemos teniendo a Dios presente? Sólo nuestra sensualidad.

Un solo pensamiento ocupó a María durante toda Su vida, o mejor diré, todos tendían, todos vinieron a parar en un solo Objeto y fue Dios Salvador, Dios Redentor. ¿Por qué? Porque estábamos Perdidos por la Culpa.

¿Tú en qué piensas? En lo que amas. Y donde está el amor está el corazón.

¿Piensas en Dios? ¿Piensas bien en Dios? ¿Tienes en Dios pensamientos Puros? ¿Tienes de Dios aquella idea alta, grandiosa, sublime que corresponde a la Realidad? Examínalo bien, porque esto es importante.

Vengamos a nuestro jardín: ¿cómo están nuestros pensamientos? Recógelos, átalos, lígalos a la Fe y al Amor de Dios y preséntalos a la Celestial y Mística Jardinera y dile:

Madre: mis pensamientos están ahora recogidos en Tus manos, Preséntalos a Dios. Yo me comprometo, con la presentación de este ramillete, a vivir en adelante recogido en Dios, a estar en Su Presencia, a no olvidarle, a contemplar Sus Grandezas, a orar sin cesar como Manda el Evangelio. Ofrece mi deseo a Tu Hijo. Cuida, Bella y Amable Señora, Cuida de mis pensamientos y ordénalos. A Tu Auxilio me fío. Amén» (B. Francisco Palau, Religioso Carmelita y Fundador).

Alégrate, María, Llena Eres de Gracia, el Señor Es Contigo; Bendita Tú Eres entre todas las mujeres y Bendito Es el Fruto de Tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, Madre mía y Madre del mundo entero, Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Semper Mariam In Cordis Tuo.

PERSEVERANCIA


«Si las penas y contradicciones que por causa de Dios y de la Virtud nos vienen son de larga duración, si continúan hasta la muerte, para no desfallecer en la presión de las pruebas necesitamos otra especial Virtud perteneciente a la Fortaleza: la Perseverancia.
María vivía profundamente esta Virtud. Desde Su Inmaculada Concepción hasta la encarnación del Verbo Eterno, Sufrió porque nos veía sin Redención. Bajado a Su seno Puro y Virginal el redentor, Sufrió la persecución por causa de Su Hijo. Muerto Jesús, Sufrió la persecución de la Iglesia recién nacida, y Sufrió todo con igualdad de alma hasta la muerte. Sufrió por nosotros un Martirio espiritual que duró toda su vida, y Se sostuvo con ánimo siempre grande, varonil y heroico.
Examina bien tu conciencia y ve qué haces y cómo te comportas en la prolongación de la tribulación. ¿Vuelves atrás? ¿Aflojas? ¿Reniegas del Bien? No busques esta flor sino en un jardín bien regado y cultivado. ¿Eres constante y lo serías hasta la muerte? Medítalo bien, y si no estás en buena disposición es que te falta esta Virtud. Búscala, pídela, prepárate y presenta esta flor a tu Mística Jardinera diciendo:
Señora, ahí tienes mi ramillete como señal de mi firmeza y constancia en sufrir, y sufrir hasta dar la vida por mi Dios y por ti, mi Reina Celestial. Te prometo, con la Ayuda de la Gracia, perseverar firme en tu servicio hasta la hora de mi muerte. Amén». (B. Francisco Palau, Religioso Carmelita y Fundador).
Alégrate, María, Llena Eres de Gracia, el Señor Es Contigo; Bendita Tú Eres entre todas las mujeres y Bendito Es el Fruto de Tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, Madre mía y Madre del mundo entero, Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Semper Mariam In Cordis Tuo.

NUESTRA SEÑORA DE LOURDES


«María es, al mismo tiempo, una Madre de Misericordia y de Ternura, a la que nadie ha recurrido en vano; abandónate lleno de confianza en Su seno Materno, pídele que te alcance esta Virtud (de la Humildad) que Ella tanto Apreció; no tengas miedo de no ser atendido. María la Pedirá para ti a ese Dios que Ensalza a los humildes y Reduce a la nada a los soberbios; y como María es Omnipotencia Suplicante cerca de Su Hijo, será con toda seguridad Oída. Recurre a Ella en todas tus cruces, en todas tus necesidades, en todas las tentaciones. Sea María tu Sostén, sea María tu Consuelo». (León XIII, Papa).
«María, es Maestra de oración. Mira cómo Pide a su Hijo, en Caná. Y cómo insiste, sin desanimarse, con perseverancia. Y cómo lo logra. Aprende». (S. Josemaría Escrivá de Balaguer, Pbro y Fundador).
Semper Mariam In Cordis Tuo.

AUXILIO DE LOS CRISTIANO, 
RUEGA POR NOSOTROS


«María nuestra Santa Madre, Quiere la realidad no las apariencias. Camina con los pies en la tierra pero teniendo la mirada y el corazón en el Cielo.
Allí nos quedaremos gratamente sorprendidos al conocer todo lo que María Auxiliadora ha Hecho por nosotros en la tierra.
No gastes tu tiempo, haz el Bien, hazlo sin medidas, piensa siempre en el amor a María y no te arrepentirás nunca de lo que has hecho. Cada momento es un tesoro.

La Virgen Quiere que la honremos con el Título de Auxiliadora: los tiempos que corren son tan aciagos que tenemos necesidad de que la Virgen nos Ayude a conservar y a defender la Fe cristiana» (S. Juan Bosco, Pbro y Fundador).

Semper Mariam In Cordis Tuo.

¿AMAS?



«La Caridad: amor de Dios.
¿Qué cosa es el amor? Busquemos en el Jardín de Dios esta fragantísima y hermosísima Flor.
El Amor está en Dios como un fuego inmenso. Dios Es el propio Amor. Con el Amor con que el Padre Ama al Hijo, el Hijo nos Ama a nosotros, y con este mismo amor nosotros hemos de corresponderle.
Hemos de amar a Dios porque Es Infinitamente Amable…y todo cuanto se ama sin Dios, fuera de Dios, sin respeto a Dios y contra Dios, es un amor impuro.
La Bondad Suma de Dios y Su inmensa Belleza atrae, eleva y roba todos los afectos de corazón humano con la suavísima fragancia de Sus Infinitas Perfecciones y Atributos.
María, Asistida por la Gracia y dones del Espíritu santo desde Su Inmaculada Concepción, Amó con tal intensidad a Dios, que atrajo a Su seno Virginal con la fragancia suave y Pura de esta Flor mística, al mismo Hijo de Dios, y el Hijo del Eterno no vaciló, aunque era Criatura, en Tomarla por Madre.
Nuestro corazón está fabricado para amar, y para amar un Objeto Infinito, Inmenso y Eterno, que reúne en Sí, cuantas Perfecciones puede concebir nuestro débil entendimiento.
El amor de Dios, ¿está en el jardín de tu alma?
Busca bien en este rosal: ¿está en ti?
Mira bien…Si no lo hallas, aún tienes tiempo: marcha a María, tu Jardinera, y dile que lo Plante, lo Riegue y lo Cuide.
¿Amas? ¿Qué amas?
Donde está el amor, está el corazón; donde está el corazón está toda la plenitud y fuerza de tus afectos; donde están estos, está tu alma toda, tus pensamientos, tus potencias y sentidos (Mt. 6, 21).
¿Amas a Dios de todo corazón? Mira que sin este amor no puedes entrar al Cielo.
Ahora presentemos nuestra rosa a María
Señora: recibe en Tus manos un ramillete de rosas, es mi regalo para Ti. Es mi amor para con Dios mi Señor.
Desde hoy, postrado a Tus pies, prometo, sí, lo tengo resuelto, amar con todos mis afectos a Dios. Yo me complazco en que Dios Sea Quien Es…Sin Él, y fuera de Él, nada quiero amar.
Quiero lo que Dios quiere; aborrezco lo que Dios Aborrece; la Voluntad de Dios será mi voluntad. Así lo propongo, y con la Divina Gracia, y Tu Asistencia, Madre querida, así será. Amén» (B. Francisco Palau, Religioso Carmelita y Fundador).
Semper Mariam In Cordis Tuo.
SOBERANA DEL CIELO


«Soberana del Cielo, Blanca Paloma de la Santísima Trinidad que Te adornas con el plumaje de los Dones del Espíritu Santo y que Plenitud de Gracia eres el Deleite de Tu Creador; así como preparaste las almas de los tres pastorcitos para que fueran dignas de recibir tan Majestuosa Reina, prepárame con un amor limpio y ardiente, a fin de que ame a Dios con todo mi ser, según lo Espera de todas Sus criaturas Hechas a Su Imagen y Semejanza.

Acompáñame al rezo del Santo Rosario, pues no hay lugar más Bello y Santo que Tu regazo. Tú Guardas en Tu Corazón los Secretos del Redentor, y por eso quiero orar y reposar al arrullo de los latidos de Tu Corazón Maternal, pues Contigo quiero ser corredentor (corredentora) y mitigar en algo el Dolor infringido por el pecado a los Sagrados Corazones.

Hermosa Mensajera del Amor y de la Paz: Eleva constante Tus Plegarias al Altísimo en favor de Tus hijos tan desvalidos de la Verdad y tan heridos por el pecado. Tú que nos Recomendaste hacer lo que Él nos Diga, Asísteme Amorosa y ferviente para que todos mis propósitos, afectos e inspiraciones, estén encaminados únicamente al Beneplácito de Su Divino Querer. Amén». (P. Guillermo Cardona).

Semper Mariam In Cordis Tuo.

GRATITUD


«La gratitud: esta Virtud es una buena disposición de ánimo que nos mueve a dar muestras de agrado y de reconocimiento a todos aquellos de quien recibimos un favor.
Debemos gratitud a Dios, a Su Santísima Madre, a nuestros padres, a nuestros maestros y a todos los demás que nos favorecen en lo espiritual y en lo material.
En varias ocasiones Dio María gracias a Dios en nombre nuestro, de un modo muy especial y Eficaz: Sintió en Sus entrañas Purísimas a Dios Redentor, y vio en la Encarnación el mundo Redimido; cuando le vio Nacido, y cuando al pie de la Cruz vio acabada la Obra de la Redención. Y en nombre Propio por Su Inmaculada Concepción y por Su Elección como Madre de Dios.
Fue Agradecida a Sus padres, a Sus Sacerdotes en el Templo, y a San José mientras vivió con él.
¿Piensas en los Beneficios que continuamente estás recibiendo de Dios? ¿Los conoces? ¿Los meditas? Te ha Creado, te ha Redimido, te Ofrece Su Amor, Su Gracia y los Dones del Espíritu Santo, te Promete la gloria, te Da la vida, la respiración y el movimiento. Y cuanto tienes de Bueno.
Por estos Favores, ¿qué Le dices? ¿Lo bendices, le das las gracias y te presentas agradecido?
Si con Dios eres ingrato, un ingrato merece se le retiren los favores. Mira bien cómo está en tu alma esta Virtud.
Preséntate a María y dile:
Yo propongo, yo me resuelvo, a ser agradecido a Dios y a Ti, Madre querida. A Dios, por los Beneficios de la Creación, de la Redención, de la Vocación y de la diaria Bondad con que me Cuida cada día. Y a Ti, por haberte Dignado Tomarme como hijo Tuyo. Acepta mis propósitos, y Haz, con Tu Auxilio, que sean Eficaces. Amén» (B. Francisco Palau, Religioso Carmelita y Fundador).
Alégrate, María, Llena Eres de Gracia, el Señor Es Contigo; Bendita Tú Eres entre todas las mujeres y Bendito Es el Fruto de Tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, Madre mía y Madre del mundo entero, Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Semper Mariam In Cordis Tuo.