Esta es una página de difusión de la Fe Cristiana a la luz del Magisterio de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana.

«Es impensable que un hombre haya acogido la Palabra y se haya entregado al Reino sin convertirse en alguien que a su vez da Testimonio y Anuncia». (B. Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, nº 24)
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SÁBADO SANTO


María Santísima, Madre de Dios y Madre nuestra, en la historia de Su Vida Revelada por Ella misma a la Venerable Madre Sor María de Jesús de Ágreda, Religiosa de la Orden de la Inmaculada Concepción (O.I.C), y contenida en el libro Mística Ciudad de Dios, dice que quedando sola en Su retiro, soltó la corriente impetuosa de Sus Afectos Dolorosos y Se dejó poseer interior y exteriormente de la Amargura de Su Alma, renovando todos los Misterios y la Muerte afrentosa de Su Hijo Jesús, de los Misterios de Su Vida, Predicación y Milagros. Del Valor Infinito de la Redención humana; de la nueva Iglesia que dejaba Fundada con la inmensa Riqueza de los Sacramentos y de la Gracia; del inestimable Fin de los Justos y la Desdicha de los Condenados.
En la digna Consideración de estos y otros Misterios pasó la noche del Viernes y el día Sábado: llorando, suspirando y agradeciendo las Obras de Su Divino Hijo, Su Pasión y Sus Ocultísimos Juicios, aumentando todas y cada una de estas Consideraciones Su Dolor incomparable.

Vertió lágrimas sin cesar.

No tomó, por la vehemencia de Su Dolor, corporal sustento, y sólo se alimentó por Su continuo y amargo Llanto. «Son Mis Lágrimas Mi pan, de día y de noche» (Sal 41, 4). Copioso y ardiente, al punto que se ensangrentaron Sus ojos y entumecieron Sus mejillas por lo continuo y ardiente del Llanto.
No hubo quien la consolara.

«Es verdad, dice S. Agustín, que hubo quien lloró y se contristó con la Madre Dolorosa, pero no lo hacía por el principal Motivo que Ella». Había quien Le acompañaba en llorar penas, pero no en Llorar Culpas. Había quien lo hiciera por la muerte de Su Hijo, pero no por la abominable ingratitud y olvido de los mortales a tan Soberano y apreciable Beneficio. Habría quien la acompañase en la soledad, pero no, en la que Le dejan innumerables cristianos e hijos adoptivos.

Atendamos hoy a nuestra conciencia. Miremos nuestras costumbres, nuestras obras, nuestras palabras, nuestra vida.

«Señora y Madre nuestra: Tú estabas Serena y Fuerte junto a la Cruz de Jesús. Ofrecías Tu Hijo al Padre para la Redención del mundo.
Lo perdías, en cierto sentido, porque Él tenía que estar en las Cosas del Padre, pero lo ganabas porque se convertía en Redentor del mundo, en el Amigo que da la Vida por Sus amigos.

María, ¡qué hermoso es escuchar desde la Cruz las Palabras de Jesús: "Ahí tienes a Tu hijo", "ahí tienes a Tu Madre".
¡Qué bueno si Te recibimos en nuestra casa como Juan! Queremos llevarte siempre a nuestra casa. Nuestra casa es el lugar donde vivimos. Pero nuestra casa es sobre todo el corazón, donde mora la Trinidad Santísima. Amén» (
Hermandad de Jesús Nazareno de la Caída)
Este Dolor Santo de María, no acaba en esos estremecedores días de la Pasión. En la historia del mundo, en nuestra misma vida, existe un incremento que Le hace más Doloroso el sacrificio de Jesús: la Soledad más amarga en que la dejamos cuando vamos tras una vida cómoda, una vida según las máximas del mundo, olvidando nuestra alma y lo mucho que Costó a Cristo y al Corazón de nuestra Madre. 

Ella vio cómo Su Hijo utilizaba una Cruz por lecho, una corona de espinas por almohada, la Sangre por cobija. 

Ayer viernes nos acercamos a adorar la Cruz del Señor, pero ¿abrazamos nuestra Cruz de cada día con el mismo fervor con que Él la llevó por ti y por mí? «¿Qué voy a decir?, dice el Señor, ¿Diré: ‘Padre, líbrame de esta angustia’? ¡Pero si precisamente para esto he Venido! ¡Padre, Glorifica Tu Nombre!» (Jn. 12, 27). 
¿Cómo Glorifica al Padre nuestra Cruz? En la Paciencia, en la Paz, en la Alegría. Cuando el otro ve mi sufrimiento y ve que así lo vivo, no porque soy “fuerte”, “valiente”, sino, porque soy cristiano.

Pero el Padre no se Glorifica simplemente con eso. Su Gloria resplandece igualmente, cuando nuestra alma, mediante la Cruz vivida cristianamente, alcanza la Gloria para la que Él nos ha Destinado.

Por ello, incremento de este Dolor en el Corazón de María, es la falsa devoción, los abusos litúrgicos, la práctica de la Religión sin Fe, sin reverencia, sacrílegamente, en pecado mortal, no sólo cometido sino también admitido. 

«Los que desean conseguir el Amor y la Gracia de la Santísima Virgen, dice S. Ambrosio, imiten cuanto puedan Sus Ejemplos».

La dejan sola aquellas almas que ya han cerrado sus cuentas con Dios, y se niegan irreversiblemente a reconocer su pecado, a pedir el Perdón Divino y a Repararlo con la penitencia. «El que esté muy seguro, tenga cuidado de no caer» (1 Cor. 10, 12): esta advertencia del Apóstol se nos hace guía segura en el camino, pues así como cómodamente no nos falta perspicacia para ver el pecado del prójimo, hemos de tener siempre presente lo que enseña S. Agustín: «Todos los hombres somos capaces, de todos los pecados de todos los hombres».

La dejan sola quienes nunca la acompañan a meditar, llorar y agradecer la Dolorosísima Pasión de nuestro Señor. Este es mucho Sufrimiento, pues la sequedad y falta de reflexión de nuestra alma sobre el Misterio Cruento y Amoroso de la Pasión de Jesús, es la causa principal de que nos entreguemos fácilmente a los vicios y a la tibieza.

Pero no sienta nuestra alma la tentación de sentirse perdida, que aún falta recorrer una estación más.

«Dame Tu mano, María; clávame Tus siete Espadas en esta carne baldía.
Quiero ir Contigo en la impía tarde negra y amarilla.
Aquí, en mi torpe mejilla, quiero ver si se retrata esa lividez de plata, esa lágrima que brilla.

¿Dónde está ya el mediodía luminoso en que Gabriel, desde el marco del dintel, Te Saludó: "Ave, María"? Virgen ya de la Agonía, Tu Hijo es el que cruza ahí.

Déjame hacer junto a Ti este augusto Itinerario.
Para ir al Monte Calvario cítame en Getsemaní
.
A Ti Doncella Graciosa, hoy Maestra de dolores, Playa de los pecadores, Nido en que el alma reposa, a Ti Te ofrezco, Pulcra rosa, las jornadas de esta vía.
A Ti, Madre, a Quién quería cumplir mi humilde promesa.
A Ti, Celestial Princesa, Virgen Sagrada María. Amén»
(Gerardo Diego, poeta y escritor).
Miro el Crucifijo y escucho a Jesús que dice: «Yo he Venido para echar Fuego sobre la tierra; y ¡cómo Quisiera que ya estuviera Encendido!» (Lc. 12, 49).
Ese Fuego ya estaba Encendido en un Corazón: el Corazón de la Santísima Virgen. 
Quemaba el Corazón de María, por eso ardían Sus Lágrimas; ardían con el Fuego ardiente de la Caridad. Y he aquí dos Remedios para sanar los incrementos que antes vimos:

.- Todavía Jesús está en el sepulcro. Traigamos a nuestra mente el recuerdo del Camino de Dolor que recorrió por nosotros, y que nuestro corazón, si no puede sentir la profundidad de dolor que el Sacrificio de Infinito Amor de Jesús merece, sí llenémonos de agradecimiento, y cogiendo nuestra Biblia, repitamos cada paso de aquel lastimoso Itinerario, y sólo digamos: “gracias, Señor”. Que finalicemos este Tiempo Litúrgico de Penitencia, habiendo aprendido al menos a darle gracias al Señor por Sus Beneficios. ¡Y qué mayor Beneficio que habernos Abierto la Puerta del Cielo! Con esto habremos dado un enorme paso en el camino de nuestra Salvación, y aliviaremos grandemente Su Corazón.

.- El siguiente Remedio, es una devoción especialísima a María. Y digo “especialísima”, no en cuanto a implementar formas nuevas de oración, sino, que sea especial en nuestro corazón. María, al igual que Jesús, no son simplemente “solucionadores de problemas”: Ella es nuestra Madre, y Quiere ardientemente ejercer ese Privilegio ayudándonos a amar cada vez a Su Hijo.

«A Jesús por María». ¡Qué triste es ver a tantos hermanos nuestros e hijos Suyos, que la desprecian, que la abandonan! Tú y yo podemos Reparar eso, podemos ser consuelo para Su Corazón Dolorido. ¿Cómo? Cogiendo nuestro Rosario con el corazón inflamado de agradecimiento. La Santa Iglesia de Cristo nos enseña que Ella es Corredentora, pues María Aceptó y Ofreció el Sacrificio de Su Hijo al Padre. ¿Y eso no es algo que debamos agradecerle? Ha de arder nuestro corazón de agradecimiento, y este nos ha de llevar al ardor de amor.

¿Cómo no amar a Madre tan Generosa? En la mente de Pedro no podía pasar la idea del Sacrificio del Maestro (Mc. 8, 32-33). ¿Qué decir, pues, del Corazón de una Madre? Pero María era la «Esclava del Señor» (Lc. 1, 38), y aquella Esclavitud no era mero formalismo, era una Entrega incondicional de Su vida a la Voluntad de Dios.

En estas horas se halla sin consuelo. La puerta de Su Corazón, sin embargo, está abierta. 

¡Entremos!

«¡Ay dolor, Dolor, Dolor, por Mi Hijo y Mi Señor!
Yo soy aquella María del linaje de David:
¡Oíd, hermano, oíd la gran desventura mía!

Decid, hombres que corréis por la vía mundanal,
decidme si visto habéis igual dolor que Mi Mal.

Y vosotras que tenéis padres, hijos y maridos,
ayudadme con Mis Gemidos, si es que mejor no podéis.

Llore Conmigo la gente, alegres y atribulados,
por Lavar los pecados mataron a un Inocente.

¡Mataron a mi Señor, Mi Redentor Verdadero!
¿Cómo no muero con tan extremo dolor?

Señora, Santa María, déjame llorar Contigo,
pues Muere Dios y mi Amigo,
y muerta esta mi alegría»
(Himno de Vísperas a la Virgen de los Dolores)

Semper Mariam In Cordis Tuo.

Mi Tiempo es llegado

«El Maestro dice: Mi Tiempo es llegado; en tu casa
Quiero Celebrar la Pascua con Mis discípulos»

¡Oh Maestro Soberano y Redentor mío, cuya Palabra es tan Poderosa
que Hace luego lo que Dice! Di a mi alma: Mi Tiempo es llegado; en tu casa quiero Celebrar la Pascua. ¡Dichoso tiempo en el cual mi Redentor Quiere Aplicarme el Fruto de Su Pasión y Entrar en mi alma a Celebrar la Pascua, que es tránsito de lo terreno a lo Celestial! Ven,
Maestro Dulcísimo, con la Dulce Compañía de Tus Virtudes, y con ellas, Celebra dentro de mi alma esta Pascua y Convite Celestial; yo Te ofrezco, no
solamente la mejor habitación de mi casa, sino toda ella. Toma mi alma, pues es toda Tuya, y ojalá fuera mejor de lo que es, para que te Agrade estar para siempre en mí. Amén». (P. Luis de la Puente).



Semper Mariam In Cordis Tuo.
MARÍA, MADRE DE JESÚS Y MADRE MÍA


«Este viernes hay un recuerdo especial para la Virgen de los Dolores, que acompañó a Jesús en la Pasión. De Su mano queremos entrar en estos días de preparación última a la Semana Santa.  El Viernes de Pasión, antiguamente Memoria de la Virgen de los Dolores, es como el pórtico para comenzar a meternos en las escenas del Evangelio que narran la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, y preguntarnos cómo vamos a vivir estos próximos días de una manera especial. Será ésta una Semana Santa Eucarística, de acción de gracias por la Redención, especialmente el Triduo Pascual, con jueves Santo, el día que Jesús se nos Da todo Él en este Sacramento, el viernes cuando Se Entrega a la Pasión y Muerte por Amor, y el Domingo de Resurrección, el día que Jesús ha hecho Nuevas todas las cosas. Y como siempre, lo mejor para acompañar de cerca al Señor, para contemplarle y demostrarle un amor con propósitos de Conversión, es hacerlo con la Virgen de los Dolores.

Para hacer una buena fotografía se requiere un encuadre adecuado, enfocar bien el campo visual, un punto de vista adecuado. Pues para vivir la Semana Santa el mejor ángulo de encuadre es el Corazón de la Santísima Virgen, meternos en Su Corazón y desde allí acompañar a Jesús. 

Ella nos Manda que hagamos lo que su Hijo nos Diga. Es bueno que pensemos qué es lo que Jesús nos Dice con Su Pasión, y al contemplar lo mucho que Jesús nos Quiere hasta Morir Crucificado por nuestra Salvación, nos vendrá a la cabeza, como decía San Josemaría Escrivá: Jesús ha hecho esto por mí... yo, ¿qué hago por Jesús? Y de ahí salen propósitos de correspondencia: puesto que la Causa de la Muerte de Jesús son mis pecados, voy a vivir en Gracia de Dios acudiendo al Sacramento de la Confesión. Voy a acompañar a Jesús de la mejor manera: que Él Esté conmigo, y huyendo de las ocasiones de pecado, acudiendo a la Virgen en las tentaciones, reaccionando con prontitud como han hecho los Santos: “¡Aparta Señor de mí lo que me aparte de Ti!”» (P. Lluciá Pou Sabaté).

Semper Mariam In Cordis Tuo.

.DOMINGO DE RAMOS.
«Nos preguntamos sorprendidos: ¿Qué pasó en tan breve lapso de tiempo? ¿Por qué este cambio radical de actitud? ¿Cómo es posible que los gritos jubilosos de “Hosanna” (es decir: “Sálvanos”) y “bendito el que Viene” con que reconocían y acogían al Mesías-Hijo de David se trocasen tan pronto en insultos, burlas, golpes, interminables latigazos y en un definitivo desprecio y rechazo: “¡A ése no! ¡A Barrabás!... a ése ¡crucifícalo, crucifícalo!”?
Una explicación sin duda es la manipulación a la que es sometida la muchedumbre. Como sucede también en nuestros días, quien carece de sentido crítico tiende a plegarse a la “opinión pública”, a “lo que dicen los demás”, dejándose arrastrar fácilmente en sus opiniones y acciones por lo que “la mayoría” piensa, dice o hace.
¿No hacen lo mismo hoy muchos enemigos de la Iglesia que hallando eco en los poderosos medios de comunicación social presentan “la verdad sobre Jesús” para que muchos hijos de la Iglesia griten nuevamente: “crucifíquenlo” y “crucifiquen a su Iglesia”? Como en aquel tiempo, también hoy la “opinión pública” es manipulada hábilmente por un pequeño grupo de poder que quiere quitar a Cristo de en medio (ver Lc 19,47; Jn 5,18; 7,1; Hech 9,23).
Pero la asombrosa facilidad para cambiar de actitud tan radicalmente con respecto al Señor Jesús no debe hacernos pensar tanto en “los demás”, o señalar a ciertos grupos de poder para sentirnos exculpados, sino que debe hacernos reflexionar humildemente en nuestra propia volubilidad e inconsistencia.
¿Cuántas veces arrepentidos, emocionados, tocados profundamente por un encuentro con el Señor, convencidos de que Cristo es la Respuesta a todas nuestras búsquedas de Felicidad, de que Él es EL SEÑOR, le abrimos las puertas de nuestra mente y de nuestro corazón, lo acogimos con alegría y entusiasmo, con palmas y vítores, pero pocos días después lo expulsamos y gritamos “¡crucifícale!” con nuestras acciones y opciones opuestas a Sus Enseñanzas? ¿Cuántas veces preferimos al “Barrabás” de nuestros propios vicios y pecados?
¡También yo me dejo manipular tan fácilmente por las voces seductoras de un mundo que odia a Cristo y busca arrancar toda raíz cristiana de nuestros pueblos y culturas forjados al calor de la Fe! ¡También yo me dejo influenciar tan fácilmente por las voces engañosas de mis propias concupiscencias e inclinaciones al Mal! ¡También yo me dejo seducir tan fácilmente por las voces sutiles y halagadoras del Maligno que con sus astutas ilusiones me promete la felicidad que anhelo vivamente si a cambio le ofrendo mi vida a los dioses del poder, del placer o del tener! Y así, ¡cuántas veces, aunque Cristiano de nombre, grito con mi pecado: “¡A Ese NO! ¡Elijo a Barrabás! ¡A Ese sácalo de mi vida! ¡A Ese CRUCIFÍCALO!”!
¡Qué importante es aprender a ser fieles hasta en los más pequeños detalles de nuestra vida, para no crucificar nuevamente a Cristo con nuestras obras! ¡Qué importante es ser fieles, siempre fieles! ¡Qué importante es desenmascarar, resistir y rechazar aquellas voces que sutil y hábilmente quieren ponernos en contra de Jesús, para en cambio construir nuestra fidelidad al Señor día a día con las pequeñas opciones por Él!
¡Qué importante es fortalecer nuestra amistad con Él mediante la oración diaria y perseverante! De lo contrario, en el momento de la prueba o de la tentación, en el momento en que escuchemos las “voces” interiores o exteriores que nos inviten a eliminar al Señor Jesús de nuestras vidas, descubriremos cómo nuestro “Hosanna” inicial se convertirá en un
traicionero “crucifícalo”.
¿Qué elijo yo? ¿Ser fiel al Señor hasta la muerte? ¿O, cobarde como tantos, me conformo con señalar siempre como una veleta en la dirección en la que soplan los vientos de este mundo que aborrece a Cristo, que aborrece a Su Iglesia y a todos aquellos que son de Cristo?» (P. Jurgen Daum)
Semper Mariam In Cordis Tuo.