Esta es una página de difusión de la Fe Cristiana a la luz del Magisterio de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana.

«Es impensable que un hombre haya acogido la Palabra y se haya entregado al Reino sin convertirse en alguien que a su vez da Testimonio y Anuncia». (B. Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, nº 24)
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, 
EN VOS CONFÍO


«¡Corazón Fuente de Dulzura, Corazón desbordante de Bondad, Corazón sobreabundante de Caridad, Corazón de donde Destila, gota a gota, la Benevolencia, Corazón Lleno de Misericordia..., Corazón muy amado, Te pido que absorbas mi corazón todo entero en Ti. Perla muy amada de mi corazón, invítame a Tu Banquete que Da la Vida; Derrama para mi el Vino de Tu Consolación...para que la ruindad de mi espíritu se llene de Tu Caridad Divina, y la abundancia de Tu Amor supla la pobreza y la miseria de mi alma.
Tú, que has Hecho por mí tan grandes y bellas Cosas, ¿qué Te voy a devolver por tantos Beneficios? ¿Qué alabanzas y acciones de gracias podré ofrecerte, aunque me ocupara en ello mil veces? ¿Qué soy yo, pobre criatura, en comparación a Ti, mi Abundante Redención?
Oh Corazón amado por encima de todo..., Ten Piedad de mi. Te suplico que la Dulzura de Tu Caridad vuelva valiente mi corazón. Hazme la Gracia de que las entrañas de Tu Misericordia se conmuevan en mi favor, porque desgraciadamente, mis bajezas son numerosas, mis méritos son nulos. Mi Jesús, que el Mérito de Tu Muerte Preciosa, me Perdone todo lo que he cometido de Mal...; que me atraiga hacia Ti tan fuertemente que Transformada totalmente por la fuerza de Tu Amor Divino, encuentre Gracia a Tus ojos... Y Dame, mi querido Jesús, amarte a Ti solo en todas las cosas y por encima de todas las cosas, me ligue a Ti con fervor, espere en Ti y no ponga ningún límite a mi Esperanza. Amén» (Sta Gertrudis de Helfta, Benedictina).
Semper Mariam In Cordis Tuo.

LOS ESCRÚPULOS

Qué significa

«La palabra “escrúpulo” viene del latín y significa “piedrita”: es la pequeña piedrita que tenemos en el zapato y nos dificulta caminar con comodidad. El diccionario nos lo define como una “duda o recelo que punza la conciencia sobre si algo es o no cierto, si es bueno o malo, si obliga o no obliga; lo que trae inquieto y desasosegado el ánimo.”
Los escrúpulos pueden llegar en determinados momentos de la vida (incluso son parte momentáneamente de los estadios más superiores de la vida espiritual) y con el transcurso del tiempo, y del trabajo personal, se van.
Hay quienes ven en el origen de esta conducta a la duda por no comprender exactamente el alcance de una ley o de la propia acción realizada. Otros dicen que parte de un temor frente a lo que uno realiza. Así se dice que puede ser una enfermedad del entendimiento o del sentimiento. Más allá de estas disquisiciones de eruditos, nosotros podemos encontrar en el escrupuloso una “duda temerosa” que le hace vivir con inquietud e inseguridad todas sus acciones. Una duda que toca lo más profundo de su ser cuando se relaciona con el poder pecar o el haber pecado, es decir, con la experiencia de una ofensa deliberada a Dios...
Un “problema” Sacramental
Un problema serio se le plantea al escrupuloso frente a la Confesión: ¿hice bien todas mis confesiones anteriores? ¿Dije todo o me olvide de algo? ¿El Sacerdote entendió lo que debía confesar o no dije las palabras correctas y aminoré así mi pecado? Esto sumerge a la persona en un estado angustioso del que solo va a salir con paciencia y obedeciendo a quién la dirige espiritualmente.
La tradición ha creado una serie de reglas para ayudar a los confesores a encaminar estas verdaderas torturas a que se someten algunas personas. Entre ellas sobresalen el lograr que el escrupuloso acepte, confíe y obedezca al confesor en las indicaciones concretas que este le da. También se debe evitar la confesión con una frecuencia obsesiva o repetir una y otra vez los pecados ya confesados.

El “problema” espiritual

Ahondemos ahora un poco más profundo en lo espiritual. San Juan de Ávila, en una carta a una señora, le explica de qué se tratan sus escrúpulos y le da remedios para afrontarlos:
“Los escrúpulos de las confesiones son tentaciones del demonio para atormentarte y quitarte la dulzura del corazón, y dejarte sin gusto de las cosas de Dios.
Porque el corazón escrupuloso no está bueno para amar ni para confiar, ni le parece bien el Camino de Dios; y luego se va a buscar otros caminos donde más se deleite, por no hallar en el de Dios lo que le contentaba; y tiene la culpa el escrupuloso que levanta trampillas donde hay paz, y no el Camino de Dios, que es muy suave y muy llano.
Hagan burla de ellos, y sujétense a lo que les dicen sus confesores, y no se dejen llevar del escrúpulo ni del propio parecer, sino digan: «Mi Señor Dios no es escrupuloso; yo hago lo que me mandan de Su parte; no tengo más que dar cuenta.»
Date, hermana, prisa en amar, y se te quitarán los escrúpulos, que nacen del corazón temeroso, y el amor Perfecto echa fuera el temor (1 Jn 4,13). Ora al Señor, y dile: “Dios mío, Ilumina mis tinieblas!” (Sal 17). Y confía en Su Misericordia, que sirviéndolo tú, Él la hará contigo, y te dará a entender cada día qué te falta, para que lo remedies.”
De esta manera aconseja confiar en el Señor y caminar por los Caminos de Dios. Es que cuando nos dejamos llevar por los escrúpulos perdemos la dulzura en el propio corazón (es decir, caemos en la amargura) y dejamos de gustar las cosas de Dios para caminar los caminos tortuosos que trazan nuestros temores. Son muy lindas las oraciones que invita a rezar.
El gran consejo de este Santo es dejar de mirarnos a nosotros mismos y poner nuestra confianza en la Presencia Paternal del un Dios Misericordioso que me Perdona. Desde allí parte todo crecimiento Sanador para el escrupuloso» (P. Fabián Castro).
Semper Mariam In Cordis Tuo.



DAR RAZONES DE NUESTRA FE


«Es la Iglesia de Dios Vivo, Columna y Fundamento de la Verdad» (1 Tim. 3, 15).

Es la tecnología, como otras tantas obras del hombre, esencialmente neutra, dependiendo de su uso, lo bueno o malo que se pueda sacar de ella. Con ella, podemos llevar la Luz de la Verdad a muchos, en su sólo instante. Y con ella, podemos también crear confusión y difundir mentiras. Llegan a nuestras redes infinidad de mensajes, algunos con buen contenido, algunos inocuos y otros que precisamente están dirigidos a crear -voluntariamente o no- esa confusión a nuestra Fe y vida cristiana. Invocando supuestas palabras de Santos y aún Santos Papas, se difunden pensamientos y doctrinas que no son ciertas y que muchas veces atentan contra las enseñanzas o normas de la misma Iglesia que dicen defender. Por eso es que para nosotros, cristianos católicos, existe un Faro fiable, querido por Dios mismo para nuestra guía segura de la vida cotidiana y en nuestro camino hacia ese mismo Dios, Padre Todopoderoso. Ese Faro es Su Santa Iglesia, Santa en Su Fundador, Jesucristo, y aunque pecadora en sus miembros, tú y yo, Depósito cierto de la Verdad. ¿Llegan a nuestro correo, a nuestro teléfono, a nuestras redes, supuestas enseñanzas que terminan poniendo en entredicho nuestra Fe, nuestra vida cristiana, nuestro sano Culto a Dios? Usemos de esa misma tecnología para buscar la Verdad que amamos. La Iglesia de Cristo, por ejemplo, tiene su página oficial, donde están publicados todos los Documentos que forman parte del Magisterio Auténtico. Dediquemos un tiempo, con la Gracia de Dios, a escudriñar allí nuestra Fe, y haciéndolo, encontraremos, sin lugar a dudas, un Tesoro de Sabiduría que no sólo nos acercará a Dios que lo Inspira, sino que también nos servirá como Luz en esta oscuridad de confusión y mentira que nos rodea.

Jesucristo Dijo a Sus Apóstoles, «quien a vosotros escucha, a Mí Me escucha». Escuchemos, amemos, cuidemos y defendamos a nuestra Madre, la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana.

Semper Mariam In Cordis Tuo.

DIOS NOS AGUARDA

«En 1937 varios exploradores rusos lograron pasar unos meses en las proximidades del Polo Norte, en el reino del hielo eterno, o, como solía decirse, de la “muerte eterna”. Hasta entonces, se creía realmente que allí no podía crecer ninguna planta. Por eso, la sorpresa de los exploradores fue enorme al encontrar en el mismo Polo Norte una flor. Era una especie de alga diminuta, del tamaño de la cabeza de un alfiler, de color azul. Quisieron descubrir su raíz y empezaron a cavar. Cavaron nueve metros de profundidad y todavía no dieron con el final de la raíz... Ciertamente, esa flor es un ejemplo para nosotros. Por todas partes, le rodeaban el hielo y la muerte y no se asustaba ni retrocedía. Iba taladrando el suelo y se lanzó, en el reino de la oscuridad y de las tinieblas, hacia arriba en busca de la luz, hasta que la encontró. No le importó, si tuvo que subir veinte metros. Valió la pena llegar a la luz y poder alegrar la vida de unos exploradores y alabar a Dios en las solitarias y heladas regiones del Polo Norte.

Por eso, tú no te desanimes, no importa cuántos metros estés bajo el peso de tus pecados.

Jesús te Espera en la Confesión y en la luz del Sagrario, sigue subiendo, Él Es la Luz del mundo y te está Esperando para Darte una Nueva vida»
 (P. Ángel Peña O.A.R).


Semper Mariam In Cordis Tuo.
DIVINAS LÁGRIMAS

«No te imagines, dice S. Juan Crisóstomo, que la Inmolación del Divino Cordero haya sido la última Acción de Su vida. Porque si es allí donde Quiso acabar, fue también por allí por donde Quiso comenzar, es decir, que si acabó Su Sacrificio sobre la Cruz, Consagró Sus Primicias en el pesebre».

Sí. Fue en Su Santo Nacimiento en donde el Verbo Hecho Carne comienza el Sacrificio que debía Consumar en el Calvario. Un Deseo Divino que con ardor manifestó a Sus discípulos: "Con un Bautismo tengo que Ser Bautizado y ¡qué Angustiado Estoy hasta que se Cumpla!" (Lc. 12, 50). Era el Bautismo Doloroso de Su Pasión, pero como nota S. Ambrosio, esa Angustia no podía referirse mejor que al Misterio del pesebre en que toda la Majestad de Dios se hallaba como encerrada en la pequeñez de un Niño...Sentía estos Santos Deseos, y no esperó que Su Sangre fuese enteramente formada en Sus venas para Entregarse como una Víctima.

¿En qué Piensa, este Dios Nacido, desde el momento de Su Nacimiento? Meditemos en esta Verdad tan llena de Divina Misericordia. ¿Qué Hacía Jesucristo en el pesebre? Reparaba por Sus Humillaciones todos los ultrajes que la soberbia de los hombres había hecho ya, o todavía debían de hacer a Dios; Restablecía el Reino de Dios, y a Él Daba toda la Gloria que le había quitado el pecado.


¿Qué Hacía Jesucristo en el pesebre? Apaciguaba a Dios, Desarmaba la Cólera de Dios, y traía sobre los hombres ingratos la Misericordia del Padre.

¿Qué Hacía Jesucristo en el pesebre? Purgaba todos los delitos en que se hallaban los hombres y de los que algún día nosotros mismos cometeríamos en Presencia de Dios con nuestros pecados, ingratitudes y rebeliones a Su Amor. Pagaba las Deudas infinitas que debíamos a la Justicia Divina.

"Esto os servirá de Señal: encontraréis un Niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre" (Lc. 2, 12). Así dijeron los Ángeles a los pastores: tendrían un signo, una señal.
¿Y qué otra cosa nos enseña este estado Pobre a que un Dios se reduce, este estado Humilde en que Se muestra, el estado de Sufrimiento en que Nace, sino que viene a Hacer Penitencia por nosotros y a Enseñarnos a hacerla?

Quiere, hermanos míos, que meditando este Signo Celestial, alcancemos una idea justa de tal Virtud. "Reclinado en el pesebre hacía Penitencia por nosotros, escribe el Crisóstomo, porque Sabía que nuestra penitencia sin la Suya hubiera sido absolutamente inútil". Y nos enseñaba a hacerla, porque Quería que conociésemos la indispensable necesidad que tenemos de ser penitentes.

Profundicemos más. Su Divina Majestad llora nuestros pecados, esos, que nosotros no lloramos, y lo hace doblemente, precisamente porque nosotros no lo hacemos. ¿No es este un Misterio adorable? "No llora, dice S. Bernardo, como lo hacen los otros niños, por debilidad, sino que llora por Amor, por Compasión; aquellos lloran por sus propias miserias, Él lo hace por las nuestras; los otros lloran porque cargan la pena del pecado original, Él, porque Viene a Destruir el pecado y a Borrarlo con Sus lágrimas. Y cuando esto medito, las lágrimas de Dios me causan juntamente dolor y vergüenza".

Dolor, porque pienso que después de haber hecho llorar a Jesucristo desde Su cuna, le doy todavía, todos los días, nuevos motivos; que pudiendo consolarle reformando mi vida, desprecio, por decirlo así, Sus lágrimas con mis desórdenes. Y que habiendo Destruido el pecado, yo lo hago revivir en mí, y no sólo revivir, sino que aún lo dejo reinar en mi corazón.

Vergüenza, cuando considero que el Único Hijo de Dios ha Tenido Compasión de mis males y ha sido tan Vivamente Movido de ellos, y yo soy tan insensible; cuando reflexiono que un Dios ha llorado por mí, y yo no lloro, sino que antes, por el contrario, mantengo indolente mi vida de pasión, debilidad y pecado, justificándome, incluso, ante mi conciencia y ante los demás.

"Quitaré de su carne el corazón de piedra y les Daré un corazón de carne", ha Dicho el Señor por el Profeta (Ez. 11, 19), y eso le pido, y te invito a que tú lo hagas también.

Miremos todos los días al Niño de Belén: es Dios Nacido para Salvarnos. Meditemos en Sus Divinas e infantiles lágrimas. Ellas nos lavaron, y si queremos, nos lavarán cada día hasta que por fin alcancemos nuestra Pascua y desde este mundo pasemos a estar con Él Eternamente" (P. Luis Burdalue SJ).

Semper Mariam In Cordis Tuo.
ORACIÓN DE RECOGIMIENTO

«No poseo, como Tú, Bondadoso Señor y Maestro, una Ciencia Celeste o Angélica que sin cesar vele delante de Dios. No cuento para acordarme de Él, para hablarle, para rogarle, más que con una débil inteligencia y con mi Fe, igual de débil. ¡Que sepa, Jesús, al menos recogerme! Concédeme el amor al recogimiento, al silencio de los sentidos y a la soledad, en aquella medida que me lo permita esta vida.

Otórgame, sobre todo, el amor al silencio del alma. Dame, en las horas que dedico a la oración, el no estar, a Ejemplo Tuyo, ocupado más que en Dios: el estar solo delante de Dios. Con todo eso, no son mucho mi pobre inteligencia y todo mi corazón para abogar cerca de Vuestro Padre en favor de los intereses de las almas y ocuparme de Ti, Salvador mío, Soberanamente Amable y Adorable, que bastas para ocupar y arrebatar la atención y el Amor del Cielo. Amén» (P. Royo Marín OP).

Semper Mariam In Cordis Tuo.
AMEMOS A DIOS Y A SU IGLESIA

«Tras el amor de nuestro Señor, te recomiendo el de la iglesia, Su Esposa. Ella es de alguna manera la paloma que incuba y da lugar a la descendencia del Esposo. Da todos los días gracias a Dios por ser hija de la iglesia, a ejemplo de un gran número de almas que nos han precedido en esta ruta Bendita. Ten mucha compasión de todos los Pastores, predicadores y guías espirituales que se encuentran esparcidos por la superficie de la tierra... Ruega a Dios por ellos, para que se Salven, sean fecundos y proporcionen la Salvación a las almas.

Ruega por las personas infieles como por las fervientes, reza por el Santo Padre, por todas las necesidades espirituales y temporales de la Iglesia, porque ella es nuestra Madre».
(San Pío de Pietrelcina (1887-1968), Capuchino).

Semper Mariam In Cordis Tuo.
PENTECOSTÉS


«Considera lo que dice S. Lucas, cómo el Espíritu Santo se Manifestó "como una ráfaga de viento impetuoso" (Hch. 2, 1), porque como dice S. Ambrosio, no Quiere el Divino Espíritu tardanzas, ni tibiezas, ni flojedades en Su Santo servicio, sino que seas fervorosísimo, activo y presto en tus resoluciones y ejecuciones». ¡Si tuviésemos una centella de este Divino Espíritu que desterrase la tibieza de nuestra alma! Pidámoslo al Señor.
"Llenó toda la casa en que se encontraban", porque llena todas las potencias del alma de quien le recibe: el entendimiento, ilustrándolo con Su Ciencia; la memoria con la conciencia de Su Presencia; la voluntad Encendiéndola con Su Divino Fuego; y todos los sentidos Moviéndolos a lo Celestial, Espiritualizándolos para menospreciar lo terreno.
Espíritu Santo, que todo lo llenas, no dejes mi pobre casa vacía. Ven...Ven y Consuela a tu siervo, y no dejes rincón de mi pobre morada que no sea todo Tuyo.
Fuego Sagrado, Ven y Apodérate de mi alma, para que sea Esclarecida e Iluminada para caminar hacia mi verdadero Hogar, el Cielo. Que se encienda en el amor de mi Dios, y quede pura de todo vicio. Y despreciando lo terreno, aspire siempre a lo Celestial y Divino, quedando intimamente unida con mi Creador y enlazada con vículo de Perfecta Caridad con mi prójimo. Amén» (P. Alonso Andrade SJ).


Semper Mariam In Cordis Tuo.



APOYADO EN LA PIEDRA

Jesús, Rey y Señor de la Iglesia: renuevo en Tu Presencia mi adhesión a Tu Vicario en la tierra, el Papa. Creo y afirmo que él es Kepha, la Piedra en que Fundaste Tu Iglesia, y en quien Tú Quieres mostrarnos el Camino seguro y cierto que debemos seguir en medio de la desorientación, la inquietud y el desasosiego. Creo firmemente que, por medio suyo, Tú nos Gobiernas, Enseñas y Santificas, y bajo su cayado formamos la Verdadera Iglesia: Una, Santa, Católica y Apostólica. Concédeme la Gracia de amar, vivir y difundir como hijo fiel sus enseñanzas. Cuida su vida, Ilumina su inteligencia, Fortalece su espíritu, Defiéndelo de las calumnias y de la maldad. Aplaca los vientos dañinos de la infidelidad y la desobediencia, y Concédenos que, en torno a él, Tu Iglesia se conserve Unida, Firme en el creer y el obrar, bajo «un solo Señor, una sola Fe, un solo Bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que Está sobre todos, por todos y en todos» (Ef. 4, 5-6), y así, sea Instrumento de Tu Redención.

María Santísima, Madre de la Iglesia, Ruega por el Sucesor de Pedro, por la Santa Iglesia de Cristo, y por nosotros. Amén.
Semper Mariam In Cordis Tuo.

HIJO Y SIERVO


«¡Madre mía Santísima! ¿Cómo es posible que teniendo una Madre tan Santa, sea yo tan malo? ¿Una Madre que toda Ella se Abrasa en Amor de Dios, y que yo haya de amar sólo a las criaturas? ¿Una Madre tan Rica de Virtud, y yo tan pobre de ellas? Amabilísima Madre, verdaderamente no merezco ya, ser hijo Tuyo, pues con mi vida me hice indigno de ello. Me contento hoy, con que me recibas como Tu siervo, y para ello, estoy pronto a renunciar a todos las riquezas de esta tierra. Riquezas no sólo materiales, sino también de los gozos, malas amistades, murmuraciones y de todas las pequeñas cosas que aunque parezcan sin valor, para mí son posesiones preciadas.
A todo deseo renunciar, pero no, a mi condición de hijo Tuyo. “Madre”, palabra que me llena de ternura y me anima a confiar en Ti.
Cuanto más me atemorizan mis pecados y la Divina Justicia, más animado me siento al pensar que Tú, María, eres mi Madre y mi Señora. Así te llamo y quiero llamarte siempre, pues luego de Dios, has de ser siempre mi Esperanza, mi Refugio y mi Amor en este valle de lágrimas.
Así confío morir: entregando en aquel último momento mi alma en Tus Santas manos diciendo: Madre mía, María, Ayúdame y Compadécete de mí. Amén» (S. Alfonso María de Ligorio, Obispo, Fundador y Doctor de la Iglesia).
Semper Mariam In Cordis Tuo.

POR LAS FAMILIAS


Señor, Cuida a todas las familias del mundo, no Permitas su destrucción, no Dejes que los engaños del enemigo, disfrazados de "progreso", resquebraje su fundamento. No Permitas que la confusión, la ignorancia o el egoísmo, haga sucumbir más vidas por el aborto.
Mira con Bondad a las familias que hoy sufren por la persecución racial, política o religiosa. Acoge a tantas familias desintegradas por la guerra. Recoge en Tu mano Amorosa, las lágrimas de las madres y padres que sufren la pérdida de un hijo; la de aquell@s espos@s que han perdido a su cónyuge. 
Danos, la Gracia de estar siempre atentos y abiertos a la necesidad de nuestro prójimo, sin barreras ni prejuicios.
Señor, consagro mi familia a Tu Sagrada Familia de Nazaret. Ten Misericordia de nosotros, y Concédenos la Gracia de crecer más en el respeto mutuo, la comprensión y el amor. Y por sobre todas las cosas, Danos la Gracia de crecer cada día más en nuestro amor por Ti, a ejemplo de Tu Santísima Madre, María Bendita, y de San José, quien Te cuidó con esmero y delicadeza amorosa. Amén.
Semper Mariam In Cordis Tuo.

LO DEJAMOS TODOS POR SEGUIRTE


Los Apóstoles hacen notar a Jesús que han dejado todo por seguirlo. A primera vista sólo parece que Jesús realiza una Promesa, de que aquel sacrificio no quedará sin su recompensa. Y no está mal pensar así, pues el mismo Señor ya había advertido que todo sería dado por añadidura al que primero siempre buscara el Reino de Dios y Su Justicia (Mt. 6, 33).
Pero también, Sus palabras parecen envueltas en un dejo de tristeza. No olvidemos que aunque Marcos la omite, Mateo refiere que luego de exponer a Jesús lo que hicieron “por Él”, el Apóstol pregunta: «¿Qué recibiremos, pues?» (Mt. 19, 27).
Si seguimos leyendo el Texto de San Marcos, más adelante cuenta el Evangelista el episodio donde dos de ellos reclaman un lugar junto al Trono de Dios (10, 35-37).
Los corazones de sus discípulos se dirigían a Cristo, pero no eran todavía libres.
Habían dejado su vida atrás en seguimiento del Señor, pero aun esperaban obtener algo, sin comprender que ya lo habían recibido: el propio Jesucristo, pues «en Él somos Enriquecidos en todo, en toda palabra y en todo conocimiento» (1 Cor. 1, 5).
«Juzgo que todo es pérdida, dice el Apóstol Pablo, ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús» (Fil. 3, 8). Y no sólo le llama pérdida, sino que va más allá: «Tengo todo por basura con tal de ganar a Cristo».
¿Cuál es el verdadero Tesoro para nuestra alma?
Los Apóstoles ya lo tenían, pero no se daban cuenta de ello. Esperaban todavía una recompensa ante su sacrificio material. Yo dejé esto, ¿qué me toca? Y así es nuestra alma muchas veces. Hacemos un intercambio con Dios. Yo te doy, Tú me Das. ¿Cuántas veces reprochamos a Dios tantas oraciones, tantos ayunos, tantas Misas a las que vamos y parece que en nuestra vida no pasa nada, de lo que nosotros, por supuesto, suponemos debe pasar. Todo lo que yo hago por Dios, ¿y Él qué hace por mí? Ya recé mucho en mi vida.
Y aun así, nos seguimos considerando personas de Fe firme.
Ciertamente que los Apóstoles creían y querían a Jesús. Como nosotros. Pero al igual que ellos, esa Fe y ese querer, todavía necesita ser purificado. Dios no sólo Quiere que nos despojemos de las cosas materiales, Quiere que nos despojemos de nosotros mismos: «Dame, hijo Mío, tu corazón», nos dice a ti y a mí (Prov. 23, 6). El joven rico no supo deshacerse de sus bienes; nosotros, tal vez, no tengamos los mismos bienes que él poseía, pero tenemos uno que es sólo nuestro, y es, precisamente, nuestro corazón, nuestro amor. Es lo único que libremente podemos dar o negar. Todo lo demás, Proviene de Dios: «¿Qué tienes que no hayas recibido?» (1 Cor. 4, 7).
«Alegrémonos, como escribe el Apóstol Pedro, aun cuando ahora tengamos que sufrir un poco por adversidades de toda clase, a fin de que nuestra Fe, sometida a Prueba, sea hallada digna de alabanza el Día de la Manifestación de Cristo» (1 Pe 1, 6-7). Jesús, que Es Dios, pero también Hombre Verdadero, Asumió nuestra naturaleza porque tú y yo estábamos perdidos, teníamos la Puerta del Cielo cerrada. El Amor, entonces, «se nos Revela en la Encarnación» (S. José Escrivá de Balaguer). No Vino, el Verbo Eterno, a esta tierra, para dar un paseo por la costa, ni para recostarse plácidamente al sol. Vino a este mundo para Hacer de Su Vida terrena, el Instrumento que rompiera las cadenas que cerraban esas Puertas Celestiales. Más aún, rompió con Su Muerte en la Cruz las cadenas que me ataban a los muros del Infierno. No estaba obligado, no estaba necesitado, no estaba condicionado. Quiso. Libremente. Y no sólo Dio Su vida, como si esto solo no bastara, sino que además, Quiso Quedarse cada día con nosotros y eso sucede en el Santísimo Sacramento del Altar, donde Está verdaderamente, con Su Cuerpo, Su Sangre, Su Alma y Su Divinidad. Un Santo le decía, «no sé qué me admira más, si Tu Amor, o Tu Poder».
Tal vez, como los Apóstoles, hemos dejado mucho. Quizás nos falta mucho más para abandonar por amor. Pero pidamos a Dios que nos Dé la Gracia de comprender que el mayor Tesoro que un alma puede poseer, es el mismo Dios. Y apurémonos por establecer allí nuestro corazón, pues Jesucristo lo dijo: «Donde esté vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón» (Mt. 6, 21). Por eso, «como hijos obedientes, no vivamos conforme a las pasiones, que teníamos antes, en el tiempo de la ignorancia» (1 Pe 1, 14).
«En Dios solo, descansa, alma mía, de Él Viene mi Esperanza; solo Él mi Roca, mi Salvación, mi Ciudadela, no he de vacilar» (Sal. 61, 6).
Semper Mariam In Cordis Tuo.

BUENAS OBRAS Y VIRTUDES

«Dios Transforma los trabajos de los hombres en Virtudes y sus méritos en Recompensas; y como los cuerpos se corrompen, el alma toma posesión de la Gloria que ellos han merecido. Esta conmutación de los méritos en Recompensa se hace por medida y por número o, como dicen los teólogos, en proporción aritmética. Sí, Dios proporciona las Virtudes según el esfuerzo que se pone por adquirirlas y da la Gloria según el número y el valor de las Buenas acciones. 

Esto tiene que impresionarnos.

Dios nos Recompensará por la Justicia y por la cuenta de nuestras obras. Esforcémonos, hermanos míos, esforcémonos en la Virtud, multipliquemos el empeño, busquemos el Honor y el Beneplácito de nuestro Soberano Salvador; llevemos vida interior, aumentemos el Reino de Dios en nosotros. Hay un pasaje Apocalipsis que dice: «Bienaventurados los muertos que de aquí en adelante mueren en el Señor. Sí--dice el Espíritu-- para que descansen de sus trabajos, porque sus obras van con ellos»: las obras buenas del justo lo acompañarán y Dios se las Recompensará, lo mismo que Castigará también a los malos, en proporción con sus iniquidades, con la pena del Infierno; pero lo Hará estrictamente y con esa proporción aritmética de la que acabamos de hablar.

Disminuyamos las miserias de nuestra alma y progresemos en la Virtud; Dios será exacto en recompensar nuestras Buenas obras y en castigar las Malas.

Así, pues, si Dios Obra de esta forma, ¿no hemos de mirar Su Justicia buscando Su Gloria, y mirar Su Gloria buscando Su Justicia? ¿No hemos de hacer todo el Bien que podamos para este fin, para que nuestras obras sean dignas de esta Conmutación de la Gloria y que la Gloria responda a las obras? No podemos espera que Dios nos Conceda una buena medida, y sobreabundante (Lc. 6, 38) , si nosotros nos portamos roñosamente con Él; hay que sembrar mucho con nuestras Buenas acciones, para recoger mucho en Recompensa, y así es como buscaremos la Justicia de Dios» (S. Vicente de Paúl, Fundador).

Semper Mariam In Cordis Tuo.
HACIA TI ME VUELVO, 
SANTA MADRE DE DIOS

«Hacia Ti me vuelvo, Santa Madre de Dios, Tú que has sido Fortificada y Protegida por el Padre Altísimo, Preparada y Consagrada por el Espíritu que sobre Ti Reposó, Embellecida por el Hijo que Habitó en Ti: Ayúdame con Tus oraciones, a fin de que Socorrido siempre por Ti y colmado con tus Beneficios; habiendo hallado Refugio y Luz junto a Tu Santa Maternidad viva yo para Cristo, Tu Hijo y Señor. Sé mi Abogada, Demanda, Suplica; pues, así como creo en Tu inefable Pureza, así creo también en la buena acogida que se hace a Tu Palabra.
Glorifica en mí a Tu Hijo: que Él se Digne Obrar Divinamente en mí el Milagro del Perdón y de la Misericordia, ¡oh, Servidora y Madre de Dios! ¡que por mí Tu Honor sea Exaltado, y que por Ti mi Salvación se Manifieste!
Así ocurrirá, ¡oh Madre del Señor!; si en mi búsqueda incierta me Acoges, ¡oh Tú, Toda disponible!; si en mi agitación me tranquilizas, ¡oh Tú, que eres Reposo!; si la inquietud de mis pasiones Tú la Transformas en Paz, ¡oh Pacificadora!; si Tú, que eres Dulzura, Endulzas mis amarguras; si Tú, que has Superado toda corrupción, me Despojas de mis impurezas; si Tú, ¡oh Gozo! de repente detienes la voz de mis sollozos.
¡Oh Tú, Madre del Altísimo Señor Jesús, Creador del universo y de todo, a Quien, de un modo indecible, Tú Diste a luz, con toda Su Humanidad y toda Su Divinidad, Él que, con el Padre y el Espíritu Santo, es Glorificado en Su Misterio de Dios y en Su Misterio de Hombre! ¡Para Él Sea la Gloria por los siglos de los siglos, Amén!» (S. Gregorio de Narek, Monje y Doctor de la Iglesia).
Semper Mariam In Cordis Tuo.
HEME AQUÍ, EN TU CORAZÓN

«¡Jesús!, yo soy la oveja perdida y Tú Eres el Buen Pastor, que Corriste Solícito y Ansiosamente en Busca de mí, me encontraste por fin, y después de Prodigarme mil caricias, me llevaste Alegre sobre Tus hombros y me condujiste al redil...

Verdaderamente soy, ¡ay de mí!, el hijo pródigo. He disipado Tus Bienes, los Dones naturales y Sobrenaturales, y me he reducido a la más miserable de las condiciones, porque huí lejos de Ti, que Eres el Verbo por Quien todas las cosas fueron Hechas y sin Ti todas las cosas son malas, porque son nada.

Y Tú Eres el Padre Amorosísimo que me Acogiste con Alegría cuando, enmendado de mis errores, volví a Tu Casa, busqué de nuevo Refugio a la sombra de Tu Amor y de Tu Abrazo. Tú volviste a tenerme por hijo, me Admitiste de nuevo a Tu Mesa, me Hiciste otra vez partícipe de Tus Alegrías, me nombraste como en otro tiempo heredero Tuyo...

Tú eres mi Buen Jesús, el Mansísimo Cordero que me Llamaste Tu amigo, que me Miraste Amorosamente en mi pecado, que me Bendijiste cuando yo Te maldecía; desde la Cruz Oraste por mí, y de Tu Corazón Traspasado por la lanza Hiciste brotar un chorro de Sangre Divina que
me Lavó de mis inmundicias, Limpió mi alma de sus iniquidades; me Arrancaste de la Muerte Muriendo por Mí, y Venciendo a la Muerte me Trajiste la Vida, me Abriste el Paraíso.

¡Oh Amor, oh Amor de Jesús! A pesar de todo, y por fin, este Amor ha Vencido: estoy Contigo, ¡oh Maestro mío, oh Amigo mío, oh Esposo mío, oh Padre mío! ¡Heme aquí en Tu Corazón!

Dime, ¿qué quieres que haga?» (S. Juan XXIII, Papa).

««¡Oh Señor, que yo padezca Contigo para ser Contigo Glorificado!» (Rom 8, 17).

Semper Mariam In Cordis Tuo.
NUESTRA RESPONSABILIDAD ANTE DIOS

La Gracia Actual

«Dios Concede siempre y a todos los hombres las Gracias suficientes para cumplir un Precepto o vencer una tentación. Precisamente porque son tantas, tan grandes y tan continuas las Gracias Actuales que Dios Derrama sobre nosotros, nuestra responsabilidad ante Él es grande si no correspondemos a ellas debidamente. El Apóstol San Pablo, aun en su profunda confianza en el Valor Infinito de la Sangre del Redentor, escribe, sin embargo: "Hemos de trabajar por nuestra Salvación con temor y temblor" (Flp 2, 12). Y en otro lugar: "Os exhortamos a no recibir en vano la Gracia de Dios" (2 Cor. 6, 1).

Es Doctrina teológicamente cierta que Dios, en Su Providencia Ordinaria, tiene subordinadas al Buen uso de las anteriores Gracias, las que posteriormente nos ha de Otorgar en todo el conjunto de nuestra vida. El haber sido voluntariamente infiel a una Gracia puede cortar la cadena que Dios nos hubiera Concedido sucesivamente, las cuales, en caso de infidelidad, se perderán irremisiblemente.

Recordemos la Parábola de la higuera estéril:

"Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: "Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?" Pero él le respondió: "Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no lo da, la cortas" (Lc. 13, 6-9).

De temer es, entonces, por muy duro que se oiga, que Dios Se Canse de nosotros si permanecemos en nuestra indolente esterilidad y lance esa Maldición de Cristo sobre la higuera estéril, que se secó enseguida y no volvió a dar fruto (Mt. 21, 19).

Es un hecho que, si Dios hubiera Concedido a muchos pecadores las Gracias tan copiosas que nos ha Concedido a nosotros, hace mucho tiempo que se hubieran Convertido y dado Frutos abundantes. Nos lo recuerda el Señor en el Evangelio hablando de las ciudades ingratas de Corazaín, Betsaida y Cafarnaúm (Mt. 11, 20-24).

No olvidemos, sobre todo, que nos ha de Juzgar un Dios Crucificado. Las Gracias que nosotros hemos malogrado Le Costaron Su Sangre. Con razón exclama S. Pablo, aludiendo a esta Sangre Preciosísima: "Habéis sido Comprados a un gran Precio. Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo" (1 Cor. 6, 20). Un poco más adelante escribe otra vez: "Ya que habéis sido Comprados a Precio, no os hagáis siervos de los hombres" (1 Cor. 7, 23). Y el Apóstol S. Pedro insiste con la misma idea: "Considerando que habéis sido Rescatados de vuestro vano vivir...no con plata y oro corruptibles, sino con la Sangre Preciosa de Cristo" (1 Pe 1, 18-19)» (P. Antonio Royo Marín O.P.).

Oremos cada día, para que el Señor no deje de concedernos esta Gracia, y para que seamos siempre fieles a ella.

María, refugio de los pecadores, Ruega por nosotros. Amén.

Semper Mariam In Cordis Tuo.
DE CARA A LO QUE VIENE

«Tengan cuidado: que sus corazones no se entorpezcan por el exceso de comida, por las borracheras y las preocupaciones de la vida, porque entonces ese día caerá de improviso sobre ustedes; ese día será como una trampa en la que caerán atrapados todos los habitantes de la tierra. Estén siempre vigilantes y oren en todo tiempo, para escapar de todo lo que ha de ocurrir y puedan mantenerse en pie ante el Hijo del hombre» (Lc. 21, 34-36)

«¿Estoy preparado si hoy sobreviniese aquel día grande y terrible que anuncia el Señor al Fin de los tiempos, aquel día en que Él Vendrá Glorioso entre las nubes?

¿Soy consciente de que detrás de mi muerte está Cristo? ¿Cómo me presentaré ante Él? ¿Cómo estar preparado para ese momento crucial en el que se define mi Eternidad?

El Señor mismo nos da una clave fundamental en este Evangelio.

Conviene revisarnos:

¿Se ha entorpecido mi corazón por el “libertinaje”? ¿Es mi regla hacer “lo que me da la gana”, dejándome llevar adonde mis pasiones o impulsos me lleven? ¿Tomo mi libertad como un «pretexto para la carne» (Gál 5,13), despreciando la virtud de la Castidad que todo cristiano está llamado a vivir? ¿Hago de mi libertad «un pretexto para la maldad» (1Pe 2,16)?

¿Digo “soy libre de hacer lo que quiero” para justificar cualquier vicio o conducta que va contra cualquiera de los Mandamientos Divinos?

¿Cuántas veces asumo una actitud de evasión frente al Señor que Toca a la puerta de mi corazón? ¿Cuántas veces sencillamente “no quiero” encontrarme con el Señor y huyo de Su Presencia, huyo de la Oración profunda, porque sé que el verdadero encuentro con Cristo exige cambios o renuncias que no estoy dispuesto a asumir, que demanda despojarme de ciertas “riquezas” o “seguridades” que no quiero soltar? ¿Busco pasarla bien con alegrías y gozos superficiales y pasajeros, o con vicios y compensaciones que al pasar su efecto no hacen sino evidenciarme más aún el vacío en el que vivo?

¿Se ha vuelto pesado mi corazón por las preocupaciones de la vida cotidiana? ¿Cuánto me dejo absorber por las preocupaciones diarias que terminan ahogando la Palabra y Su Eficacia en mí?
¡Cuántas cosas nos preocupan, acaso muy lícitamente, preocupaciones que sin duda debo atender! Pero el corazón se hace pesado cuando nos dejamos agobiar o absorber por estas preocupaciones de tal modo que perdemos de vista el horizonte de Eternidad y dejamos de lado lo más importante: buscar el Reino de Dios y Su Justicia (Mt 6,33-34).

Dice San Pacomio: “En cuanto a ti, hijo mío, ¿hasta cuándo serás negligente? ¿Cuál es el límite de tu negligencia?" Este año es como el año pasado y hoy es como ayer. Mientras seas negligente, no habrá ningún progreso para ti.
Sé sobrio, eleva tu corazón. Deberás comparecer delante del Tribunal de Dios y rendir cuentas de lo que has hecho en lo secreto y de lo que has hecho públicamente.

He aquí que has aprendido que Dios no les ha ahorrado (pruebas) a los Santos. Vigila, entonces, sabes las Promesas que has hecho, huye de la arrogancia, arranca de ti mismo al diablo para que él no te arranque los ojos de tu inteligencia y te deje ciego.

Dale Gloria a Cristo porque ha Muerto por ti.

Vivir de cara al Señor que Viene no significa de ningún modo desentenderse de las realidades de este mundo, sino darles su justo valor y peso, así como trabajar por instaurarlo todo en Cristo, para construir una Civilización del Amor en la que todos los seres humanos caminen hacia el Encuentro definitivo con su Señor» (P. Jurgen Daum).

Semper Mariam In Cordis Tuo.
NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

Hoy la Iglesia Celebra la Fiesta de nuestra Señora de Fátima. Demos gracias a Dios y a nuestra Madre del Cielo, por el Amor que arde en Su Corazón. Amor por ti y por mí. Porque no es otro el motor que Le mueve a tan Tierna Señora para Venir a Hablarnos e Iluminarnos.
Son muchos los que están preocupados por uno u otro “Secreto”, llegando a tratar a la Santa Iglesia de Cristo de "mentirosa" y otra variopintas acusaciones. Algunos, incluso, dicen que poseen el verdadero texto del secreto, y llenan internet con interminables publicaciones que otros, movidos por curiosidad o por mala entendida piedad, devoran apasionadamente.
Lo cierto es que nuestra Madre, la Iglesia, ya se expidió sobre este asunto, y para nosotros, sus hijos, e hijos de María, Fátima es mucho más que vanas curiosidades. Es un Llamamiento urgente de volver a Dios.
Agradezcamos hoy a María el Amor que le mueve y le hace preocupar de Sus hijos. De ti y de mí. Y hagamos nuestra esa preocupación. ¿Cómo? Poniendo en práctica Sus Directivas.
Fátima no es sólo “secretos”. Es un Llamado a la Conversión, a la Misericordia, al Amor a Dios y al prójimo. A la vida de Oración con el arma infalible contra satanás, el Rosario. Al Amor a Jesús Eucarístico, a la participación cada vez más fervorosa y amorosa de la Santa Misa. Al arrepentimiento de los pecados cometidos y al acercamiento periódico y fructífero del Sacramento de la Reconciliación.
Celebrar la Fiesta de nuestra Señora de Fátima es abrir el Corazón a María, entregárselo a María, porque es Ella, Quien por Voluntad del mismo Dios, nos lleva definitivamente a Él.
Semper Mariam In Cordis Tuo.

MISERICORDIA Y PERDÓN


He escuchado en la Iglesia a alguno que ha dicho que estamos «más preocupados en confesar nuestros tontos pecados, que en ver todo lo Bueno que Dios hace en nuestra vida».
Sin embargo, ha dicho el Papa Francisco -a quien quizá, en Uruguay, por cercanía geográfica de origen tendemos a olvidar que es el Sucesor de Pedro y por tanto, el lugar que ocupa-: «Un signo importante del Jubileo ES TAMBIÉN la Confesión. Acercarse al Sacramento con el cual somos Reconciliados con Dios equivale a tener experiencia directa de Su Misericordia. Es encontrar el Padre que Perdona. Dios Perdona todo. Dios nos comprende, también en nuestras limitaciones, nos comprende también en nuestras contradicciones. Él con Su Amor nos Dice que CUANDO RECONOCEMOS nuestros pecados nos es todavía más cercano y nos anima a mirar hacia adelante. Dice más, que CUANDO RECONOCEMOS nuestros pecados, y PEDIMOS Perdón, hay Fiesta en el Cielo, Jesús hace Fiesta y esta es Su Misericordia. No os desaniméis. Adelante, adelante con esto» (Audiencia. 16-12-2015).

Dios nos Perdona, ciertamente, y no hay pecado que no Quiera o no Pueda Perdonar; pero esa Misericordia se alcanza y sólo se alcanza, cuando en nuestro corazón existe un verdadero dolor y arrepentimiento de nuestro pecado y con él, buscamos Su Perdón. La Misericordia no es un derecho, es un Don. «Los sacrificios de Dios son el espíritu contrito; al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás» (Sal 51, 17). «No todo el que Me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la Voluntad de Mi Padre que está en los Cielos» (Mt. 7, 21). «Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden» (Mt. 6, 12): Oración Enseñada por nuestro Señor y Condicionante al momento de ser nosotros Perdonados. Y el Apóstol Santiago nos advierte que «El Juicio será sin Misericordia para aquel que no hizo misericordia» (2, 13a), pero para quien vive en el Amor a Dios y en Su Obediencia, el propio Apóstol que habla inmediatamente a esto de la necesidad de las Buenas Obras (2, 14-18), nos da un consuelo: «La Misericordia se ríe del Juicio» (2, 13b). Habrá Juicio luego de esta vida, eso está claro, pero, ¿hay Obras hechas en Gracia y Amor de Dios? ¿Hay arrepentimiento, dolor, del pecado cometido? Entonces Dios, Justo Juez, nos Concede, porque nos Ama, Su Misericordia y por tanto nos Abre la Puerta del Cielo.

Misericordia es la capacidad de sentir la desdicha del otro desde el corazón. Pero con la Misericordia entendida según Dios, de la Misericordia según el Evangelio de nuestro Señor, de la Misericordia como siempre la ha explicado, vivido y ofrecido la Santa Iglesia de Cristo; Misericordia abierta a todos sin excepción, pero que requiere de cada cual la conciencia, ese conocimiento de nuestros actos, fundamental para elevarnos sobre nosotros mismos a Dios. El padre esperaba en el camino, cada día, con los brazos abiertos y dispuesto al perdón, que el hijo pródigo regresara; pero no fue hasta que este reconoció, se arrepintió, se humilló, se puso en camino de regreso, y ya rodeado del amor misericordioso de su padre, confesó su culpa y declaró su arrepentimiento, lo que le alcanzó la plena reconciliación (Lc. 15, 11-24). Imagen definida en detalle, del camino de Conversión necesario e ineludible para alcanzar la Salvación de nuestra alma.

«Dios Reprueba tus pecados. Si tú haces lo mismo, te unes a Dios» (S. Agustín, Catecismo Católico, n. 1458)

Semper Mariam In Cordis Tuo.
LA SONRISA DE MARÍA


«Contemplar la sonrisa de la Virgen no es dejarse llevar por una imaginación descontrolada. La Escritura misma nos la desvela en los labios de María cuando entona el Magníficat: “Proclama Mi alma la Grandeza del Señor, se alegra Mi espíritu en Dios, Mi Salvador” (Lc 1,46-47). Cuando la Virgen María Da gracias a Dios nos convierte en testigos. María, anticipadamente, comparte con nosotros, Sus futuros hijos, la Alegría que vive Su Corazón, para que se convierta también en la nuestra. Cada vez que se recita el Magníficat nos hace testigos de Su sonrisa. 

Sí, buscar la sonrisa de la Virgen María no es un infantilismo piadoso, es la aspiración, dice el salmo 44, de los que son “los más ricos del pueblo” (Sal 44,13). “Los más ricos” se entiende en el orden de la Fe, los que tienen mayor madurez espiritual y saben reconocer precisamente su debilidad y su pobreza ante Dios.

En una manifestación tan simple de ternura como la sonrisa, nos damos cuenta de que nuestra única riqueza es el Amor que Dios nos regala y que pasa por el Corazón de la que ha llegado a Ser nuestra Madre. 

Buscar esa sonrisa es ante todo acoger la Gratuidad del Amor; es también saber provocar esa sonrisa con nuestros esfuerzos por vivir según la Palabra de Su Hijo Amado, del mismo modo que un niño trata de hacer brotar la sonrisa de su madre haciendo lo que le gusta.

Y sabemos lo que Agrada a María por las palabras que dirigió a los sirvientes de Caná cuando Mandó: “Haced lo que Él os diga” (JN 2,5)» (Benedicto XVI, 15-9-2008).

Semper Mariam In Cordis Tuo.

MADRE DE LA IGLESIA

BUSCANDO 
LA VERDADERA IGLESIA DE CRISTO


«Si no fuera católico, y estuviera buscando la Iglesia auténtica en el mundo hoy en día, buscaría la Iglesia que no se llevara bien con el mundo; en otras palabras, buscaría la Iglesia que el mundo odia.
Mi razón para esto sería, que si Cristo está en cualquiera de las iglesias del mundo de hoy, Él debería ser odiado igual que cuando estuvo en el mundo en carne y hueso. Si uno quiere encontrar a Cristo hoy, entonces busca la Iglesia que no se lleva bien con el mundo. Busca la Iglesia a la que se acusa de estar anticuada, como Nuestro Señor fue acusado de ser un ignorante y nunca haber aprendido nada. Busca la Iglesia de la que los hombres se burlan como algo socialmente inferior, como se burlaron de Nuestro Señor por venir de Nazaret.
Busca la Iglesia acusada de servir al demonio como Nuestro Señor fue acusado de estar poseído por Belcebú, el Príncipe de los Demonios. Busca la Iglesia que el mundo rechaza por reclamar que es infalible, como Pilatos rechazó a Cristo por llamarse a sí mismo la Verdad.
Busca la Iglesia donde sus miembros la aman y aman a Cristo, y respetan su voz como a la Voz misma de su Fundador. Y si la Iglesia es impopular con el espíritu del mundo, entonces es que no es del mundo, y si no es de este mundo, es que es de otro. Puesto que es de otro mundo, es infinitamente amada y odiada como lo fue el mismo Cristo» (Arzobispo Fulton J. Sheen).
Semper Mariam In Cordis Tuo.


¿CÓMO HE DE ORAR?

«Bendito sea Dios, que no ha rechazado mi oración, ni Su Amor me ha retirado» (Sal. 65, 20).

«Las condiciones que debe reunir nuestra oración:

DEBE SER HUMILDE

Según el Apóstol Santiago, "Dios Resiste a los soberbios, pero Da Su Gracia a los humildes" (Sant. 4, 6); la soberbia es un alto muro que se interpone entre Dios y el que reza; "la oración humilde -dice el Libro del Eclesiástico-, traspasa las nubes...y no se retira hasta que el Altísimo la atiende" (34, 21). Cuando queramos, pues, pedir Gracias al Señor, debemos, ante todo, echar una mirada a nuestra indignidad y, sobre todo, a las veces que hemos traicionado a Dios después de tantos propósitos y tantas promesas, por demasiado confiados en nuestra fuerzas. Y llenos de confianza en Él, podemos orar y pedir a la Divina Misericordia el Favor que deseamos».

DEBEMOS REZAR CON CONFIANZA

«Si alguno de vosotros está falto de Sabiduría, que la pida a Dios...pero que la pida con Fe, sin vacilar» (Sant. 1, 5-6).

«Y esto, sigue diciendo el Apóstol, es porque "el que vacila es semejante al oleaje del mar, movido por el viento y llevado de una a otra parte» (v. 6): a ratos confía y a ratos se desanima; "el que así reza, no piense que ha de recibir nada de Dios" (Sant. 1, 7). Necesariamente debemos confiar en la Misericordia Divina y tener la inquebrantable seguridad de que recibiremos la Gracia, y entonces no faltará, como el mismo Salvador nos lo asegura: "Por eso os Digo que todas las cosas por las que oréis y pidáis, creed que ya las habéis recibido, y os serán Concedidas" (Mc. 11, 24).
S. Agustín se pregunta: ¿Cómo podemos temer no ser oídos en la oración, cuando Dios, que es la misma Verdad, ha Prometido Escuchar al que ora?"

Pero quizá pienses: soy pecador y no merezco Gracia, sino Castigos, y por eso temo, por mi indignidad. Pero te responde Sto Tomás: "la oración consigue la Gracia, no por razón de nuestros méritos, sino de la Divina Misericordia".

Nuestro Amoroso Redentor insiste en quitarnos de raíz nuestra desconfianza: "Todo lo que pidáis en Mi Nombre, lo Haré" (Jn. 14, 13). "Si permanecéis en Mí, y Mis Palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y os será Hecho" (Jn. 15, 7).

[Esforcémonos por vivir cada día Su Palabra, pidamos Perdón de nuestros pecados en el Sacramento de la Reconciliación y acerquémonos confiados] que no nos rechaza, poniéndonos por delante los disgustos que le dimos, sino que nos Acoge y nos Atiende, como si entonces se olvidara de nuestras ingratitudes».

DEBEMOS REZAR CON PERSEVERANCIA

«Según S. Hilario, "el secreto para obtener las Gracias está en rezar con perseverancia. A unos despacha el Señor a la primera oración; a otros a la segunda; a otros, a la tercera, y puesto que no sabemos cuántas veces ha Dispuesto Dios que repitamos la súplica para despacharla, es necesario que insistamos siempre en pedir la Gracia que necesitamos".

Si se trata de la perseverancia final, es más necesario que nunca pedirla cada día, pues esa es una Gracia que no podemos merecer. "Sin embargo, dice S. Agustín, rezando, ciertamente se alcanza". Por eso, advierte Sto Tomás, que "si queremos obtenerla y Salvarnos, la tenemos que pedir a Dios continuamente". El día que no la pidamos, caeremos en pecado mortal y la perderemos.

«Derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de Gracia y de Oración», Dice Dios por el Profeta (Zac. 12, 10). Nótese que las palabras Gracia y Oración van unidas. El que rece, esté bien seguro que no caerá en los lazos que le tiendan los enemigos.

Se comprende, entonces, lo poco que vale la excusa del pecador que dice haber caído por no sentirse con fuerzas para resistir. Enseña la Iglesia, repitiendo palabras de S. Agustín, que "Dios no Manda imposibles; lo que hace, al Mandar, es exhortarnos a poner de nuestra parte lo que podamos y a pedir lo que no podamos". Cuando no baste la Gracia Ordinaria, que a nadie niega, nos exhorta a pedir la Gracia Extraordinaria que necesitemos, y si la pedimos, con humildad, confianza y perseverancia, Él nos la Concede». (S. Alfonso María de Ligorio, "Una sola cosa es necesaria", cap. 1).

Dame, Señor, el Perdón de todos los pecados que cometí contra Ti, de los cuales, más que de cualquier otro mal, me arrepiento de todo corazón, puesto que injurié con ellos a Tu Infinita Bondad, y propongo morir mil veces antes que volverlos a cometer.

Dame Tu Luz Divina, para que conozca la vanidad de todo lo terreno y la Grandeza del Bien Infinito, que Eres Tú.

Dame, Padre Bendito, la confianza en los Méritos de nuestro Señor Jesucristo, y en el Patrocinio de mi Madre, María Santísima. Amén.

Semper Mariam In Cordis Tuo.
AMOR, AMOR DE JESÚS


«¡Jesús!, yo soy la oveja perdida y Tú Eres el Buen Pastor, que Corriste Solícito y Ansiosamente en Busca de mí, me encontraste por fin, y después de Prodigarme mil caricias, me llevaste Alegre sobre Tus hombros y me condujiste al redil...

Verdaderamente soy, ¡ay de mí!, el hijo pródigo. He disipado Tus Bienes, los Dones naturales y Sobrenaturales, y me he reducido a la más miserable de las condiciones, porque huí lejos de Ti, que Eres el Verbo por Quien todas las cosas fueron Hechas y sin Ti todas las cosas son malas, porque son nada. 

Y Tú Eres el Padre Amorosísimo que me Acogiste con Alegría cuando, enmendado de mis errores, volví a Tu Casa, busqué de nuevo Refugio a la sombra de Tu Amor y de Tu Abrazo. Tú volviste a tenerme por hijo, me Admitiste de nuevo a Tu Mesa, me Hiciste otra vez partícipe de Tus Alegrías, me nombraste como en otro tiempo heredero Tuyo...

Tú eres mi Buen Jesús, el Mansísimo Cordero que me Llamaste Tu amigo, que me Miraste Amorosamente en mi pecado, que me Bendijiste cuando yo Te maldecía; desde la Cruz Oraste por mí, y de Tu Corazón Traspasado por la lanza Hiciste brotar un chorro de Sangre Divina que
me Lavó de mis inmundicias, Limpió mi alma de sus iniquidades; me Arrancaste de la Muerte Muriendo por Mí, y Venciendo a la Muerte me Trajiste la Vida, me Abriste el Paraíso.

¡Oh Amor, oh Amor de Jesús! A pesar de todo, y por fin, este Amor ha Vencido: estoy Contigo, ¡oh Maestro mío, oh Amigo mío, oh Esposo mío, oh Padre mío! ¡Heme aquí en Tu Corazón! 

Dime, ¿qué quieres que haga?» (S. Juan XXIII, Papa).

««¡Oh Señor, que yo padezca Contigo para ser Contigo Glorificado!» (Rom 8, 17).

Semper Mariam In Cordis Tuo.

FIDELIDAD



Los cristianos vivimos una época privilegiada para dar Testimonio de esta Virtud en ocasiones tan poco valorada: la fidelidad. Vemos cómo, con frecuencia, se quiebra la lealtad en el matrimonio, en la palabra empeñada, la fidelidad a la Doctrina y a la Persona de Cristo. Los Apóstoles nos muestran que esta Virtud se fundamenta en el amor; ellos son fieles porque aman a Cristo. Es el amor el que les induce a permanecer en medio de las defecciones. Sólo uno de ellos le traicionará, más tarde, porque dejó de amar. Por eso nos aconseja a todos el Papa S. Juan Pablo II: "Buscad a Jesús esforzándoos en conseguir una Fe personal profunda que informe y oriente toda vuestra vida; pero sobre todo que sea vuestro compromiso y vuestro programa amar a Jesús, con un amor sincero, auténtico y personal. Él debe ser vuestro Amigo y vuestro Apoyo en el camino de la vida. Sólo Él Tiene Palabras de Vida Eterna" (30- 1-79). Nadie más que Él.

Mientras estemos en este mundo, la vida del cristiano es una lucha constante entre amar a Cristo y el dejarse llevar por la tibieza, las pasiones o un aburguesamiento que mata todo amor. La fidelidad a Cristo se fragua cada día en la lucha contra todo lo que nos aparta de Él, en el esfuerzo por progresar en las Virtudes. Entonces seremos fieles en los momentos buenos, y también en las épocas difíciles, cuando parece que son pocos los que se quedan junto al Señor.
Para mantenernos en una fidelidad firme al Señor es necesario luchar en todo momento, con espíritu alegre, aunque sean pequeñas las batallas.

Hoy, cuando le decimos al Señor que queremos serle fieles, nos debemos preguntar en Su Presencia: ¿Son grandes mis deseos de avanzar en el amor?» (P. Francisco Carvajal).

Semper Mariam In Cordis Tuo.

DE VIRTUD EN VIRTUD



«Aplíquense a correr con celo en la vía de la Verdad, esfuércense siempre en avanzar de Virtud en Virtud. No avanzar es retroceder, pues el alma no puede jamás estar quieta. 

Y ¿cómo podremos nosotros, muy queridos hijos, aumentar el fuego en el Santo deseo? Poniendo la leña sobre el fuego. Pero ¿qué fuego? El recuerdo de los numerosos e infinitos Favores de Dios, que son innombrables, y sobre todo el recuerdo de la Sangre vertida por el Verbo, Su Hijo Único, para mostrarnos a nosotros el Amor Inefable que Dios nos tiene; recordando nosotros este Favor y tantos otros, veremos aumentar nuestro amor».

Semper Mariam In Cordis Tuo.


PROFESIÓN DE FE


Creo en Jesucristo, Dios Soberano sobre todas las cosas, Dios Bendito, Dios por todos los siglos. 
Creo que este Dios Único, Soberano y Eterno, es el mismo Cristo Nacido de Israel en cuanto a la carne, Hecho de Mujer en María Santísima; Dios y Hombre juntamente, dos Naturalezas en una Persona.

A Él sea la Gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

Semper Mariam In Cordis Tuo.

MISERICORDIA

«Quien no tiene un corazón que comparte la pena de su prójimo como cosa suya, no tiene Misericordia, y quien no usa de Misericordia, no hallará la Misericordia de Dios.

María, desde Su Concepción Inmaculada, tomó como propia la causa de todos los hijos de Adán, y movida e impulsada por esta Virtud, trató Eficazmente con Dios nuestra Salvación.

Esa Madre de Misericordia toma por Suyas las necesidades de Sus hijos.

¿Tienes amor verdadero a Dios y a tu prójimo? Si tienes Caridad, la Misericordia es una hija suya. Y si hay en ti Misericordia, padecerás por todas aquellas causas y motivos por los que Padeció Jesús y María Santísima. Tendrás pena y compasión de los males morales gravísimos que afligen a nuestra Santa Madre la Iglesia, y tomando por propias las miserias y las necesidades espirituales de las almas, te sacrificarás por ellas.

Presenta este ramillete a María: Señora, ¿qué puedo hacer yo por el Bien de las almas? Me ofrezco en sacrificio al pie de la Cruz por su Salvación. Me comprometo a poner por obra la Misericordia como forma de vivir la Virtud de la Caridad.

Recibe, Señora, esta, mi ofrenda; Bendice mis propósitos; Alcánzame las Gracias y Dones que necesito para conservar esta Virtud en mi corazón. Amén» (B. Francisco Palau, Religioso Carmelita y Fundador).

Alégrate, María, Llena Eres de Gracia, el Señor Es Contigo; Bendita Tú Eres entre todas las mujeres y Bendito Es el Fruto de Tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, Madre mía y Madre del mundo entero, Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Semper Mariam In Cordis Tuo.

CONFESAR A JESUCRISTO


«¿Quieres que Jesucristo te Confiese en la Presencia de Su Padre? Confiésale tú también delante de los hombres. ¿No puedes con palabras? Entonces no tengas vergüenza de practicar la Virtud, ya que no la tuviste en abrazar el vicio. 

¿Quieres merecer la Amistad de Dios? No busques más la aprobación de los hombres; pisotea el respeto humano; haz gloria, como otra Magdalena, de ser verdadero penitente. Así repararás el pecado, y los escándalos que quizás has provocado en otras almas con tus faltas.

Pregúntate, no qué dira el mundo, sino que Dirá Dios.

Señor...me he dejado llevar muchas veces por la corriente, pero con Tu Gracia, Tus Palabras serán desde ahora la lámpara que alumbre mi camino de regreso a Ti» 
(P. Melchor Gelabert).

Semper Mariam In Cordis Tuo.

NUESTRA ESPERANZA ESTÁ PRECEDIDA POR LA ESPERA DE DIOS


«El hombre es la única criatura libre para decir sí o no a la Eternidad, es decir, a Dios. El ser humano puede apagar en sí mismo la Esperanza eliminando Dios de la propia vida.

He aquí entonces el sorprendente descubrimiento: ¡la Esperanza mía y nuestra, está precedida por la Espera que Dios cultiva con respecto a nosotros! Sí, Dios nos Ama y justamente por esto Espera que regresemos a Él, que abramos el corazón a Su Amor, que pongamos nuestra mano en la Suya y que recordemos que somos Sus hijos. Esta Espera de Dios precede siempre a nuestra Esperanza, exactamente como Su amor nos alcanza siempre en primer lugar (1 Jn 4,10). En este sentido la Esperanza cristiana viene llamada «Teologal»: Dios Es la Fuente, el Apoyo y el Fin. ¡Qué gran consuelo en este Misterio!

Dejémonos entonces guiar por Aquella que ha Llevado en el Corazón y en el Seno el Verbo Encarnado: María, Virgen de la Espera y Madre de la Esperanza, Reaviva en toda la Iglesia esta Virtud, para que toda la humanidad se vuelva a poner en camino hacia Belén, de donde ha Venido, y de nuevo Vendrá a visitarnos el Sol que Surge de lo Alto, Cristo nuestro Dios. Amén»
(Benedicto XVI, Obispo Emérito de Roma, 2-12-2007).

Semper Mariam In Cordis Tuo.
MÁS QUE NINGUNO


No te compares con algunos, ni siquiera con uno solo. Porque ¿qué sabes tú, si aquel uno, a quien consideras como el más vil y miserable de todos, qué sabes, insisto, si, Merced a un cambio Operado por la Diestra del Altísimo, no llegará a ser mejor que tú, o si lo es ya a la Mirada de Dios? Por eso el Señor Quiso que eligiéramos no un puesto mediano, ni el penúltimo ni siquiera uno de los últimos, sino que dijo: «Vete a sentarte en el último puesto» de modo que sólo tú seas el último de los comensales, "Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille será ensalzado" 
(Lc. 14, 11)».

Semper Mariam In Cordis Tuo.