Esta es una página de difusión de la Fe Cristiana a la luz del Magisterio de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana.

«Es impensable que un hombre haya acogido la Palabra y se haya entregado al Reino sin convertirse en alguien que a su vez da Testimonio y Anuncia». (B. Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, nº 24)
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¿QUIÉN SOY PARA TI?


«El Señor nos mira hoy a los ojos y nos pregunta: «¿Quién soy yo para ti?». Es como si dijera: «¿Soy yo todavía el Señor de tu vida, la orientación de tu corazón, la razón de tu esperanza, tu confianza inquebrantable?». Como san Pedro, también nosotros renovamos hoy nuestra opción de vida como discípulos y apóstoles; pasamos nuevamente de la primera a la segunda pregunta de Jesús para ser «suyos», no sólo de palabra, sino con las obras y con nuestra vida.
Es la pregunta decisiva, ante la que no valen respuestas circunstanciales porque se trata de la vida: y la pregunta sobre la vida exige una respuesta de vida. Pues de poco sirve conocer los Artículos de la Fe si no se confiesa a Jesús como Señor de la propia vida. 
Preguntémonos si somos cristianos de salón, de esos que comentan cómo van las cosas en la Iglesia y en el mundo, o si somos Apóstoles en camino, que confiesan a Jesús con la vida porque lo llevan en el corazón. Quien confiesa a Jesús sabe que no ha de dar sólo opiniones, sino la vida; sabe que no puede creer con tibieza, sino que está llamado a «arder» por amor; sabe que en la vida no puede conformarse con «vivir al día» o acomodarse en el bienestar, sino que tiene que correr el riesgo de ir mar adentro, renovando cada día el don de sí mismo. Quien confiesa a Jesús se comporta como Pedro y Pablo: lo sigue hasta el final; no hasta un cierto punto sino hasta el final, y lo sigue en Su Camino, no en nuestros caminos. Su Camino es el Camino de la Vida Nueva, de la Alegría y de la Resurrección, el Camino que pasa también por la Cruz y la persecución» (29-6-2017).
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mt. 16, 15)
Semper Mariam In Cordis Tuo.

NUESTRA ESPERANZA ESTÁ PRECEDIDA POR LA ESPERA DE DIOS


«El hombre es la única criatura libre para decir sí o no a la Eternidad, es decir, a Dios. El ser humano puede apagar en sí mismo la Esperanza eliminando Dios de la propia vida.

He aquí entonces el sorprendente descubrimiento: ¡la Esperanza mía y nuestra, está precedida por la Espera que Dios cultiva con respecto a nosotros! Sí, Dios nos Ama y justamente por esto Espera que regresemos a Él, que abramos el corazón a Su Amor, que pongamos nuestra mano en la Suya y que recordemos que somos Sus hijos. Esta Espera de Dios precede siempre a nuestra Esperanza, exactamente como Su amor nos alcanza siempre en primer lugar (1 Jn 4,10). En este sentido la Esperanza cristiana viene llamada «Teologal»: Dios Es la Fuente, el Apoyo y el Fin. ¡Qué gran consuelo en este Misterio!

Dejémonos entonces guiar por Aquella que ha Llevado en el Corazón y en el Seno el Verbo Encarnado: María, Virgen de la Espera y Madre de la Esperanza, Reaviva en toda la Iglesia esta Virtud, para que toda la humanidad se vuelva a poner en camino hacia Belén, de donde ha Venido, y de nuevo Vendrá a visitarnos el Sol que Surge de lo Alto, Cristo nuestro Dios. Amén»
(Benedicto XVI, Obispo Emérito de Roma, 2-12-2007).

Semper Mariam In Cordis Tuo.
LA FE


«Esto es la Fe: rendirse a Dios, pero transformando la propia vida. Cosa no siempre fácil. San Agustín ha narrado la trayectoria de su Fe; especialmente las últimas semanas fue algo terrible; al leerlo casi se siente cómo su alma se estremece y se retuerce en luchas interiores. De este lado, Dios que lo Llama e insiste; y de aquel, las antiguas costumbres, «viejas amigas—escribe él— que me tiraban suavemente del vestido de carne y me decían: “Agustín, pero ¿cómo?, ¿abandonarnos tú? Mira que ya no podrás hacer esto, ni podrás hacer aquello y, ¡para siempre!”». ¡Qué difícil! «Me encontraba en la situación de uno que está en la cama por la mañana. Le dicen: “¡Fuera, levántate, Agustín!”. Yo, en cambio, decía: “Sí, más tarde, un poquito más todavía”. Al fin, el Señor me dio un buen empujón y salí». 

Ahí está, no hay que decir: Sí, pero...; sí, luego. Hay que decir: Sí, enseguida, Señor. Esta es la Fe. Responder con generosidad al Señor. Pero, ¿quién dice este sí? El que es Humilde y se fía enteramente de Dios» (Papa Juan Pablo I, 13-9-78).

«Que la Gracia de la Comunión nos Transforme, Señor, tan plenamente, que no sea ya nuestro egoísmo, sino Tu Amor, el que impulse, de ahora en adelante, nuestra vida.
Por nuestro Señor Jesucristo. Amén» (Misal Romano).

Semper Mariam In Cordis Tuo.



MADRE DE LA IGLESIA 
Y MADRE NUESTRA


«El 21 de noviembre de 1964, (el Beato) Pablo VI atribuyó solemnemente a María el título de "Madre de la Iglesia".
Precisamente por ser Madre de la Iglesia, la Virgen es también Madre de cada uno de nosotros, que somos miembros del Cuerpo Místico de Cristo. Desde la Cruz Jesús Encomendó a Su Madre a cada uno de Sus discípulos y, al mismo tiempo, Encomendó a cada uno de Sus discípulos al Amor de Su Madre. El Evangelista San Juan concluye el breve y sugestivo Relato con las palabras: "Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa" (Jn 19, 27): la acogió en su propia realidad, en su propio ser. Así forma parte de su vida y las dos vidas se compenetran. Este "aceptarla en la propia vida" es el Testamento del Señor.
Por tanto, en el Momento supremo del Cumplimiento de la Misión Mesiánica, Jesús deja a cada uno de Sus discípulos, como Herencia Preciosa, a Su misma Madre, la Virgen María.
Queridos hermanos y hermanas, en estos primeros días del año se nos invita a considerar atentamente la importancia de la Presencia de María en nuestra existencia personal. Encomendémonos a Ella, para que Guíe nuestros pasos en este nuevo período de tiempo que el Señor nos Concede vivir, y nos Ayude a ser auténticos amigos de Su Hijo, y así también valientes artífices de Su Reino en el mundo, Reino de Luz y de Verdad». (1-1-2008).
Semper Mariam In Cordis Tuo.

PACIENCIA DIVINA

«Dios no es impaciente como nosotros, que frecuentemente queremos todo y enseguida, también con las personas. Dios Es Paciente con nosotros porque nos Ama, y quien ama comprende, espera, da confianza, no abandona, no corta los puentes, sabe perdonar. Recordémoslo en nuestra vida de cristianos: Dios nos Espera siempre, aun cuando nos hayamos alejado. Él no está nunca lejos, y si volvemos a Él, está preparado para Abrazarnos.

Quisiera subrayar otro elemento: la Paciencia de Dios debe encontrar en nosotros la valentía de volver a Él, sea cual sea el error, sea cual sea el pecado que haya en nuestra vida. Jesús Invita a Tomás a meter su mano en las Llagas de Sus manos y de Sus pies y en la Herida de Su costado. También nosotros podemos entrar en las Llagas de Jesús, podemos tocarlo realmente; y esto ocurre cada vez que recibimos los Sacramentos.

Dejémonos envolver por la Misericordia de Dios» (7-4-2013).

Semper Mariam In Cordis Tuo.


CAMBIAR NUESTRA VIDA

«¡Cuántas veces sentimos la exigencia de un cambio que afecte a toda nuestra persona! ¡Cuántas veces nos decimos: «debo cambiar, no puedo continuar así... Mi vida, por este camino, no dará frutos, será una vida inútil y yo no seré feliz!». ¡Cuántas veces nos vienen estos pensamientos, cuántas veces!... Y Jesús, a nuestro lado, con la mano tendida nos dice: «ven, ven a Mí. El trabajo lo hago Yo; Yo te Cambiaré el corazón, Yo te Cambiaré la vida, Yo te Haré Feliz». Pero nosotros, ¿creemos esto o no?

Es así. Jesús que Está con nosotros nos Invita a cambiar de vida. Él, con el Espíritu Santo, Siembra en nosotros esa inquietud de cambiar de vida y ser un poco mejores. Sigamos entonces esta Invitación del Señor y no opongamos resistencia, porque sólo si nos abrimos a Su Misericordia, encontraremos la Verdadera Vida y la Verdadera Alegría. Sólo debemos abrir la puerta de par en par, y Él Hará el resto. Él Hace todo, pero a nosotros nos corresponde abrir el corazón de par en par para que Él pueda Sanarnos y Hacernos seguir adelante. Os aseguro que seremos más Felices». (18-6-2016).

Semper Mariam In Cordis Tuo.
EL SUFRIMIENTO TIENE VALOR


«En el Calvario se nos ha ofrecido un Testimonio absoluto de lo que significa "ser para" los otros, en Obediencia Amorosa a la Voluntad de Dios.
En la Cruz, Dios ha invertido el significado del sufrimiento: éste, que era fruto y testimonio del pecado, se ha convertido, ahora, en Participación de la Expiación Redentora Realizada por Cristo.
Me dirijo (...) a todos los que llevan sobre los hombros la cruz pesada del sufrimiento. Queridísimos hermanos y hermanas: ¡Tened ánimo! Vosotros tenéis que desarrollar una tarea altísima: estáis llamados a "completar en vuestra carne lo que falta a los Padecimientos de Cristo, en favor de Su Cuerpo, que es la Iglesia" (Col 1, 24). Con vuestro dolor podéis afianzar a las almas vacilantes, volver a llamar al camino recto a las descarriadas, devolver serenidad y confianza a las dudosas y angustiadas. Vuestros sufrimientos, si son aceptados y ofrecidos generosamente en unión de los del Crucificado, pueden dar una aportación. de primer orden en la lucha por la victoria del Bien sobre las fuerzas del Mal, que de tantos modos insidian a la humanidad contemporánea.
En vosotros Cristo prolonga Su Pasión Redentora. ¡Con Él, si queréis, podéis Salvar al mundo!» (13-4-80)
Semper Mariam In Cordis Tuo.

FE



«Esto es la Fe: rendirse a Dios, pero transformando la propia vida. Cosa no siempre fácil. San Agustín ha narrado la trayectoria de su Fe; especialmente las últimas semanas fue algo terrible; al leerlo casi se siente cómo su alma se estremece y se retuerce en luchas interiores. De este lado, Dios que lo Llama e insiste; y de aquel, las antiguas costumbres, «viejas amigas—escribe él— que me tiraban suavemente del vestido de carne y me decían: “Agustín, pero ¿cómo?, ¿abandonarnos tú? Mira que ya no podrás hacer esto, ni podrás hacer aquello y, ¡para siempre!”». ¡Qué difícil! «Me encontraba en la situación de uno que está en la cama por la mañana. Le dicen: “¡Fuera, levántate, Agustín!”. Yo, en cambio, decía: “Sí, más tarde, un poquito más todavía”. Al fin, el Señor me dio un buen empujón y salí».
Ahí está, no hay que decir: Sí, pero...; sí, luego. Hay que decir: Sí, enseguida, Señor. Esta es la Fe. Responder con generosidad al Señor. Pero, ¿quién dice este sí? El que es Humilde y se fía enteramente de Dios» (Papa Juan Pablo I, 13-9-78).
«Que la Gracia de la Comunión nos transforme, Señor, tan plenamente, que no sea ya nuestro egoísmo, sino Tu Amor, el que impulse, de ahora en adelante, nuestra vida.
Por nuestro Señor Jesucristo. Amén» (Misal Romano).
Semper Mariam In Cordis Tuo.

CARIDAD Y SERVICIO

«No hay alternativa a la Caridad: quienes se ponen al servicio de los hermanos, aunque no lo sepan, son quienes aman a Dios (1 Jn 3,16-18; Sant. 2,14-18). Sin embargo, la vida cristiana no es una simple ayuda que se presta en un momento de necesidad. Si fuera así, sería sin duda un hermoso sentimiento de humana solidaridad que produce un beneficio inmediato, pero sería estéril porque no tiene raíz. Por el contrario, el compromiso que el Señor pide es el de una vocación a la caridad con la que cada discípulo de Cristo lo sirve con su propia vida, para crecer cada día en el amor.
El seguimiento de Jesús es un compromiso serio y al mismo tiempo gozoso; requiere radicalidad y esfuerzo para reconocer al divino Maestro en los más pobres y descartados de la vida y ponerse a su servicio. Por esto, los voluntarios que sirven a los últimos y a los necesitados por amor a Jesús no esperan ningún agradecimiento ni gratificación, sino que renuncian a todo esto porque han descubierto el verdadero amor.
Y cada uno de nosotros puede decir: «Igual que el Señor ha venido a mi encuentro y se ha Inclinado sobre mí en el momento de necesidad, así también yo salgo al encuentro de Él y me inclino sobre quienes han perdido la Fe o viven como si Dios no existiera, sobre los jóvenes sin valores e ideales, sobre las familias en crisis, sobre los enfermos y los encarcelados, sobre los refugiados e inmigrantes, sobre los débiles e indefensos en el cuerpo y en el espíritu, sobre los menores abandonados a sí mismos, como también sobre los ancianos dejados solos. Dondequiera que haya una mano extendida que pide ayuda para ponerse en pie, allí debe estar nuestra presencia y la presencia de la Iglesia que sostiene y da Esperanza» (Papa Francisco, 4-9-2016).
Semper Mariam In Cordis Tuo.

OREMOS A MARÍA


«María Conoce todos nuestros negocios, Sabe los Auxilios que necesitamos, Ve los peligros públicos o particulares que nos amenazan, y los trabajos que nos afligen; pero singularmente Descubre los terribles enemigos con quienes tenemos que luchar para la Salvación de nuestras almas, Y en todas estas pruebas y peligros, cualesquiera que sean, María Puede eficazmente, y Desea ardientemente, venir en Auxilio de Sus Amados hijos, por lo cual hemos de acudir a María alegres y confiados, invocando esos lazos Maternales que la Unen a Jesús y a nosotros.
Invoquemos Su Socorro humilde y devotamente, valiéndonos de la oración que Ella misma nos ha enseñado -el Santo Rosario-, y que tan agradable le es, y abandonémonos con corazón gozoso y confiado en lo brazos de nuestra mejor Madre» (Papa León XIII, Magnae Dei Matris, nº 6).
Semper Mariam In Cordis Tuo