Esta es una página de difusión de la Fe Cristiana a la luz del Magisterio de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana.

«Es impensable que un hombre haya acogido la Palabra y se haya entregado al Reino sin convertirse en alguien que a su vez da Testimonio y Anuncia». (B. Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, nº 24)
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¿REALMENTE ESTARÁN CONFUNDIDOS?

Comparto aquí, un artículo escrito por el Cardenal  Müller, en el cual hace un preciso análisis sobre la figura de Lutero, nuevo amigo de tantos en la Iglesia, y de su falsa reforma, luego que el secretario de la Conferencia Episcopal italiana dijera que la misma fue un "acontecimiento del Espíritu Santo".

«“Hoy existe una gran confusión al hablar de Lutero y es necesario decir claramente que, desde el punto de vista de la Dogmática y de la Doctrina de la Iglesia, no se trató de una reforma, sino una revolución, es decir, un cambio total de los fundamentos de la Fe católica. No es realista argumentar que su intención era luchar contra algunos abusos en relación con las indulgencias o los pecados de la Iglesia del Renacimiento. Los abusos y las malas acciones siempre han existido en la Iglesia, no solo en el Renacimiento, y hoy siguen existiendo. La Iglesia es Santa por la Gracia de Dios y los Sacramentos, pero todos los hombres de la Iglesia somos pecadores y todos necesitamos el Perdón, el arrepentimiento y la penitencia.


Esta distinción es muy importante. 
En el libro escrito por Lutero en 1520, De captivitate babylonica Ecclesiae (La cautividad babilónica de la Iglesia), queda absolutamente claro que Lutero había dejado atrás todos los principios de la Fe católica, la Sagrada Escritura, la Tradición Apostólica y el Magisterio del Papa, de los Concilios y de los Obispos. En este sentido, malinterpretaba el concepto de desarrollo homogéneo de la Doctrina cristiana, que ya se había explicado en la Edad Media, y llegó a negar el Sacramento como un Signo Eficaz de la Gracia que contiene y sustituyó esta eficacia objetiva de los Sacramentos por una fe subjetiva. 
Lutero abolió cinco Sacramentos y también negó la Eucaristía: el carácter Sacrificial del Sacramento de la Eucaristía y la conversión Real de la sustancia del pan y el vino en la Sustancia del Cuerpo y la Sangre de Jesucristo. Asimismo, definió el Sacramento del Orden como una invención del Papa —a quien denominaba el Anticristo— en lugar de como una parte de la Iglesia de Jesucristo. En cambio, nosotros defendemos que la Jerarquía Sacramental, en comunión con el sucesor de Pedro, es un elemento esencial de la Iglesia Católica y no solo un elemento de una organización humana.
Por esta razón, no podemos aceptar que la reforma de Lutero se defina como una reforma de la Iglesia en el sentido católico. Es católica una reforma que consiste en una renovación de la Fe vivida en la Gracia, la renovación de las costumbres y la ética, la renovación espiritual y moral de los cristianos; no una nueva fundación, una nueva Iglesia.
Por lo tanto, es inaceptable que se afirme que la reforma de Lutero “fue un acontecimiento del Espíritu Santo". Es lo contrario, se produjo contra el Espíritu Santo. Porque el Espíritu Santo Ayuda a la Iglesia a preservar su continuidad a través del magisterio de la Iglesia, sobre todo en el servicio del Ministerio petrino: solo sobre Pedro estableció Jesús Su Iglesia (Mt 16,18), que es “la Iglesia del Dios Vivo, Columna y Fundamento de la Verdad “(1 Tim 3,15). El Espíritu Santo no se contradice a Sí mismo.
Se oyen muchas voces que hablan con demasiado entusiasmo sobre Lutero, sin conocer bien su teología, su polémica y los efectos desastrosos de este movimiento que causó la destrucción de la unidad de millones de cristianos con la Iglesia Católica. Podemos evaluar positivamente su buena voluntad, la lúcida explicación de los Misterios de la Fe común, pero no sus declaraciones en contra de la Fe católica, especialmente con respecto a los Sacramentos y la estructura Jerárquica Apostólica de la Iglesia.
No es correcto afirmar que Lutero inicialmente tenía buenas intenciones, queriendo decir que fue la rígida actitud de la Iglesia la que lo empujó por el camino equivocado. No es cierto: Lutero luchaba contra la venta de indulgencias, pero el objetivo no era la indulgencia como tal, sino como un elemento del Sacramento de la Penitencia.
Tampoco es cierto que la Iglesia rechazara el diálogo: Lutero tuvo primero un debate con Juan Eck y, a continuación, el Papa envió como legado al Cardenal Cayetano para hablar con él. Se puede discutir sobre las formas de actuar, pero cuando se trata de la Sustancia de la Doctrina, hay que afirmar que la Autoridad de la Iglesia no cometió ningún error. De lo contrario tendríamos que aceptar que la Iglesia ha enseñado errores en la Fe durante mil años, cuando sabemos —y esto es un elemento esencial de la Doctrina— que la Iglesia no puede errar en la Transmisión de la Salvación en los Sacramentos.
No se deben confundir los errores personales, los pecados de las personas que forman parte de la Iglesia con los errores en la Doctrina y los Sacramentos. Quien confunde estas dos cosas en realidad cree que la Iglesia no es más que una organización creada por hombres y niega el principio de que fue el mismo Jesús quien Fundó Su Iglesia y la Protege para que Transmita la Fe y la Gracia en los Sacramentos a través del Espíritu Santo. La Iglesia  de Cristo no es una organización meramente humana: es el Cuerpo de Cristo, donde reside la Infalibilidad de los Concilios y del Papa, en formas precisamente delimitadas. Todos los Concilios hablan de la Infalibilidad del Magisterio, al proponer la Fe católica. En la confusión de hoy, muchos han terminado por dar la vuelta a la realidad: creen que el Papa es infalible cuando habla en privado, pero en cambio, en temas en los que todos los Papas de la historia han enseñado la Fe católica, dicen que es falible.
Por supuesto, han pasado 500 años y ya no es el momento de la controversia, sino de la búsqueda de la reconciliación: pero no a costa de la Verdad. No se debe crear confusión. Si bien debemos ser capaces de descubrir la Acción del Espíritu Santo en los cristianos no católicos de buena voluntad que no hayan cometido personalmente este pecado de separarse de la Iglesia, no podemos cambiar la historia y lo que pasó 500 hace años. Una cosa es el deseo de mantener buenas relaciones con los cristianos no católicos hoy en día, con el fin de caminar hacia la plena Comunión con la Jerarquía Católica y la aceptación de la Tradición Apostólica, según la Doctrina Católica; otra cosa diferente es comprender mal o falsificar lo que sucedió hace 500 años y las consecuencias desastrosas que tuvo. Unas consecuencias contrarias a la Voluntad de Dios: “Que todos sean uno; como Tú, Padre, en Mí y Yo en Ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que Tú Me has Enviado”(Jn 17, 21)».
Cardenal Gerhard L. Müller (Artículo publicado en  la Nuova Bussola Quotidiana)

Oremos por nuestra Santa Madre Iglesia, para Dios tenga Misericordia, nos Conceda la Luz para discernir la Verdad del error, y no nos Castigue como merecen nuestro pecados.

María, Madre de la Iglesia, Ruega por nosotros.

Semper Mariam In Cordis Tuo.

PENTECOSTÉS


«Considera lo que dice S. Lucas, cómo el Espíritu Santo se Manifestó "como una ráfaga de viento impetuoso" (Hch. 2, 1), porque como dice S. Ambrosio, no Quiere el Divino Espíritu tardanzas, ni tibiezas, ni flojedades en Su Santo servicio, sino que seas fervorosísimo, activo y presto en tus resoluciones y ejecuciones». ¡Si tuviésemos una centella de este Divino Espíritu que desterrase la tibieza de nuestra alma! Pidámoslo al Señor.
"Llenó toda la casa en que se encontraban", porque llena todas las potencias del alma de quien le recibe: el entendimiento, ilustrándolo con Su Ciencia; la memoria con la conciencia de Su Presencia; la voluntad Encendiéndola con Su Divino Fuego; y todos los sentidos Moviéndolos a lo Celestial, Espiritualizándolos para menospreciar lo terreno.
Espíritu Santo, que todo lo llenas, no dejes mi pobre casa vacía. Ven...Ven y Consuela a tu siervo, y no dejes rincón de mi pobre morada que no sea todo Tuyo.
Fuego Sagrado, Ven y Apodérate de mi alma, para que sea Esclarecida e Iluminada para caminar hacia mi verdadero Hogar, el Cielo. Que se encienda en el amor de mi Dios, y quede pura de todo vicio. Y despreciando lo terreno, aspire siempre a lo Celestial y Divino, quedando intimamente unida con mi Creador y enlazada con vículo de Perfecta Caridad con mi prójimo. Amén» (P. Alonso Andrade SJ).


Semper Mariam In Cordis Tuo.



.DONES DEL ESPÍRITU SANTO: 
DON DE SABIDURÍA.

Es un Hábito Sobrenatural, inseparable de la Caridad, por el cual juzgamos Rectamente de Dios y de las Cosas Divinas por sus últimas y altísimas Causas bajo el Instinto especial del Espíritu Santo, que nos las hace saborear por cierta Connaturalidad y simpatía. «Está enraizado en la voluntad y crece al mismo tiempo que la Caridad. Ésta crece como resultado de los actos de Misericordia y Fidelidad a la oración. Existen serios obstáculos para ello, tales como la renuencia a perdonar y la tendencia a guardar rencor o rehusarse a una reconciliación. Estas cosas obstaculizan la Caridad más que otra clase de pecados» (Fr. Thomas Keating O.C.S.O). «En el Eclesiástico se dice que "el amor es gloriosa Sabiduría. Aquellos a quienes ella se manifiesta, la aman luego que la ven y reconocen sus grandes obras" (1 14-15). Por tanto, el Don de Sabiduría supone el amor de Dios; es ciencia mística y afectiva de las Cosas Divinas y, por consiguiente, supone en esta vida la Fe, que antecede y regula al Amor, y en el Cielo, la Visión Beatifica, de la que procede el Amor y el Gozo» (Fr. Juan de Sto Tomás O.P.) Aquí la palabra Sabiduría significa, a la vez, saber y sabor. Las almas que la experimentan comprenden muy bien el sentido de aquellas palabras del Salmo: «Gustad y ved cuán Suave Es el Señor» (Sal. 33, 9). Experimentan Deleites Divinos que les hacen presentir un poco los Goces inefables de la Eternidad Bienaventurada. NECESIDAD DE ESTE DON Como se dijo, es absolutamente necesario para que la Virtud de la Caridad pueda desarrollarse con toda Plenitud y Perfección. (Mientras tanto, la Virtud) tiene que someterse a la regulación humana, al pobre modo humano que forzosamente le imprimirá el hombre. Siendo una Virtud Divina que tiene alas para volar hasta el Cielo, se la obliga a moverse a ras del suelo: por razones humanas, hasta cierto punto, sin comprometerse mucho, con grandísima “prudencia”, con mezquindades, etc. Únicamente cuando empieza a recibir la influencia del Don de Sabiduría (…) empieza a crecer y desarrollarse rápidamente, llevando condigo al alma, como en volandas, por las regiones de la vida Mística hasta la cumbre de la Perfección. EFECTOS DEL DON DE SABIDURÍA 1. Les da a los Santos el Sentido Divino de Eternidad, con que juzgan todas las cosas. En todo ven la Mano de Dios que Dispone o Permite aquellas cosas para sacar mayores Bienes. No se detienen en la causa segunda (p. ej., la malicia de los hombres); no llaman desgracia a lo que los hombres suelen llamar (enfermedad, persecución, pobreza, muerte), sino únicamente a lo que en realidad lo es, por serlo delante de Dios (pecado, tibieza, infidelidad a la Gracia). «¿De qué me vale esto para la Eternidad?», se preguntaba S. Luis Gonzaga. Y que tal Perfección no te asuste ni desanime, pues a ella debemos tender tú y yo: «Sed Santo como Yo Soy Santo» (1 Pe 1, 16). 2. Hace vivir de un modo enteramente Divino todos los Misterios de nuestra Fe. 3. Les hace vivir en Sociedad con las Tres Divinas Personas, mediante una Participación inefable de Su Vida Trinitaria. Se han juntado en ella Marta y María de modo tan inefable, que la actividad prodigiosa de Marta en nada compromete el sosiego y la paz de María, que permanece día y noche en silenciosa y entrañable contemplación a los pies de Su Divino Maestro. Su vida acá en la tierra es ya un comienzo de la Eternidad Bienaventurada. 4. Perfecciona todas las Virtudes y lleva hasta el Heroísmo la Virtud de la Caridad. Finalidad fundamental del Don de Sabiduría. Su efecto más impresionante es la muerte del propio yo. Aman a Dios con un amor Purísimo, por sola Su Infinita Bondad, sin mezcla de interés o de motivos humanos. Es verdad que no renuncian a la Esperanza del Cielo, sino que lo desean más que nunca; pero es porque en él podrán amar a Dios con mayor intensidad y sin descanso. Y acostumbrados a ver a Dios en todas las cosas, aun en los más mínimos acontecimientos, lo ven de manera especialísima en el prójimo. MEDIOS PARA FOMENTAR ESTE DON Además de los que ya conocemos –recogimiento, vida de oración, fidelidad a la Gracia, invocación frecuente del Espíritu Santo, profunda Humildad, etc.- podemos disponernos también con los siguientes medios: 1. Esforzarnos en ver todas las cosas desde el punto de vista de Dios. Nuestra cortedad de vista es tan grande muchas veces, que no acertamos a remontar nuestra mirada por encima de las causas puramente humanas para ver los Designios de Dios en todo cuanto ocurre. Si se nos molesta –aunque sea inadvertidamente-, nos enfadamos y lo llevamos muy mal. Hasta que nos esforcemos un poco por levantar nuestras miradas al Cielo, y prescindiendo de las causas segundas, no acertaremos a ver la Mano de Dios. 2. Combatir la sabiduría del mundo «que es necedad ante Dios» (1 Cor. 3, 19). ¿Queremos conocer si somos del número de los sabios o de los necios? Examinemos nuestros gustos y disgustos, ya sea ante Dios y las Cosas Divinas, ya entre las criaturas y las cosas terrenas. ¿De dónde nacen nuestras satisfacciones y sinsabores? ¿En qué cosas encuentra nuestro corazón su reposo y contentamiento? Este examen es un excelente medio para adquirir la Pureza de corazón. 3. No aficionarse demasiado a las cosas de este mundo aunque sean buenas y honestas. 4. No apegarse a los Consuelos espirituales sino pasar a través de ellos. Hay que estar dispuestos a servir a Dios en la oscuridad lo mismo que en la Luz, en la sequedad que en los consuelos, en la aridez que en los deleites espirituales. Hay que buscar directamente al Dios de los Consuelos, no los Consuelos de Dios. Resumen del capítulo 14, de “El gran Desconocido. El Espíritu Santo y Sus Dones”, del Padre Antonio Royo Marín O.P. Para la mayor Gloria de Dios Semper Mariam In Cordis Tuo.
.DONES DEL ESPÍRITU SANTO: 
DON DE ENTENDIMIENTO.


Es un Hábito Sobrenatural, Infundido por Dios con la Gracia Santificante, por el cual la inteligencia del hombre, bajo la Acción Iluminadora del Espíritu Santo, se hace apta para una penetrante intuición de las Cosas Reveladas y aún de las naturales, en orden al Fin Sobrenatural.

Sólo el Divino Espíritu puede poner en movimiento los Dones de Su mismo Nombre. Sin Su Divina Moción, los Hábitos Sobrenaturales de que venimos hablando, permanecen ociosos, ya que el hombre es absolutamente incapaz de actuarlos ni siquiera con Ayuda de la Gracia. No puede el hombre hacer otra cosa, con la Ayuda de la Gracia, que disponerse para recibir la Moción Divina –removiendo los obstáculos, permaneciendo a la Gracia, implorando humildemente esa Actuación Santificadora, etc.- y secundar libre y meritoriamente la Moción del Divino Espíritu cuando se produzca de hecho.

La Virtud de la Fe proporciona al entendimiento Creado el conocimiento de las Verdades Sobrenaturales de una manera imperfecta, al modo humano; mientras que el Don de Entendimiento le hace apto para la penetración profunda e intuitiva de esas mismas Verdades Reveladas.

El Don de Entendimiento se distingue de la Sabiduría, Ciencia y Consejo, en cuanto que su función propia es la penetración profunda en las Verdades de la Fe sin emitir juicio sobre ellas; mientras que a los demás corresponde un recto juicio: si se refiere a las Cosas Divinas, pertenece al Don de la Sabiduría; si se refiere a las cosas Creadas, al Don de Ciencia; si es la aplicación de casos concreto y singulares, corresponde al Don de consejo.

NECESIDAD DEL DON DE ENTENDIMIENTO

«Este Don no es puramente especulativo, sino también práctico, porque no solamente Perfecciona el entendimiento y le hace comprender las Verdades propuestas por la Fe, sino que por medio de esta inteligencia inclina y mueve a la voluntad, ya para el ejercicio de las Buenas Obras, ya para el más perfecto amor de Dios.

En el Salmo 118, le pide David a Dios, que le Dé Entendimiento para meditar Su Santa Ley, y para guardarla en su corazón; y en el mismo Salmo (118, 144) le pide de este modo: «Señor, Dame Entendimiento y viviré», es decir, Dame Entendimiento de Tus Verdades y viviré con Fidelidad; Dame Entendimiento de Tu Bondad y viviré enamorado de ella, y siempre Te estaré amando; Dame Entendimiento de Tus Dulzuras y Delicias espirituales, y viviré tan aficionado a ellas, que tendré en bien poco los bienes de este mundo, y no permitas que mi corazón se apegue a ellos desordenadamente» (P. Manuel Denche, O.SS.T.).

EFECTOS DE ESTE DON

1. Nos hace ver la Sustancia de las Cosas ocultas bajo los accidentes. En Virtud de este Don, los Místicos perciben la Divina Realidad oculta bajo los velos Eucarísticos. De ahí que su amor por la Eucaristía, es en ellos un verdadero Martirio de hambre y sed.

2. Nos descubre el Sentido oculto de las Divinas Escrituras. Es lo que Realizó el Señor con los discípulos camino de Emaús cuando «les Abrió la inteligencia para entender las Escrituras» (Lc. 24, 45).

3. Nos manifiesta el Significado misterioso de las semejanzas y figuras. Así S. Pablo vio a Cristo en la piedra que manaba agua viva para apagar la sed de los israelitas en el desierto: «Y lo roca era Cristo» (1 Cor. 10, 4)
Con todo esto se comprende que, perfeccionada por él, la Virtud de la Fe llega a alcanzar una intensidad vivísima. No se rompen del todo jamás en esta vida los velos del Misterio -«ahora vemos por un espejo, oscuramente» (1 Cor. 13, 12)-, pero sus profundidades pueden ser penetradas por el alma. «En esta vida, escribe Sto Tomás de Aquino, Purificado el ojo del espíritu por el Don de Entendimiento, puede verse a Dios en cierto modo».

VICIOS CONTRARIO A ESTE DON

Principalmente dos: la ceguera espiritual y el embotamiento del sentido espiritual. La primera es la privación total de la visión; la segunda, un debilitamiento notable de la misma. Y las dos proceden de los pecados carnales (lujuria y gula).
Esta ceguera de la mente es la que padecen todas las almas tibias, porque tienen en sí este Don, pero detenida estás su mente en las cosas de aquí abajo, faltas de recogimiento interior y de espíritu de oración, derramadas continuamente por los caños de los sentidos, sin una consideración atenta de las Verdades Divinas. Y muchas veces, con presunción, pretenden guiar a otros ciegos (Mt. 15, 14).

MEDIOS PARA FOMENTAR ESTE DON

1. Avivar la Fe con ayuda de la Gracia Divina. Dios Da Sus Gracias a quien se dispone mejor para recibirlas.

2. Perfecta Pureza de alma y cuerpo. «Bienaventurados los Limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt. 5, 8).

3. Recogimiento interior. Sólo allí Habla en silencio a las almas. «Las llevaré a la soledad y les Hablaré al corazón» (Os 2, 14).

4. Fidelidad a la Gracia. «Si hoy oyereis Su Voz, no endurezcáis vuestro corazón» (Sal 94, 8).

5. Invocar al Espíritu Santo. Ninguno de estos medios podremos practicar sin la Ayuda de la Gracia Preveniente del mismo Espíritu Santo. La Secuencia de la Fiesta de Pentecostés debería ser, después del Padrenuestro y del Ave María, la oración predilecta de las almas interiores. Y a ejemplo de los Apóstoles, asociemos nuestras oraciones las del Corazón Inmaculado de María (Hch. 1, 14), la Virgen Fidelísima y Celestial Esposa del Espíritu Santo».

Resumen del capítulo 13, de “El gran Desconocido. El Espíritu Santo y Sus Dones”, del Padre Antonio Royo Marín O.P.

Para la mayor Gloria de Dios

Semper Mariam In Cordis Tuo.
.DONES DEL ESPÍRITU SANTO: 
DON DE CIENCIA.

Es un Hábito Sobrenatural Infundido por Dios con la Gracia Santificante, por el cual la inteligencia del hombre, bajo la Acción Iluminadora del Espíritu Santo, juzga de las cosas Creadas en orden al Fin último Sobrenatural.

No se trata de la ciencia humana o filosófica, que da conocimiento de las cosas por raciocinio natural. Ni tampoco de la Ciencia Teológica que deduce las Verdades Reveladas por Dios valiéndose también del raciocinio. Es la recta estimación de la presente vida temporal en orden a la Vida Eterna por una Ilustración especial del Espíritu Santo, es decir, que alcanza a juzgar de todo lo Creado con una Luz superior a la simple razón.

El Don de Ciencia reside en el entendimiento, lo mismo que la Fe, a la que Perfecciona.
Y como las cosas Creadas pueden relacionarse con nuestro último Fin, sea impulsándonos hacia él, como también apartándonos del mismo -por el pecado-, este Don da al hombre justo el recto juzgar en ambos sentidos, es decir, nos muestra qué camino seguir y cuál no. También se extiende el Don de Ciencia a las Cosas Divinas, Procedentes de Dios, según aquello de S. Pablo: «Lo invisible de Dios, Su Eterno Poder y Divinidad, son conocidos mediante las criaturas» (Rom. 1, 20).

NECESIDAD DEL DON DE CIENCIA

Es absolutamente necesario para que la Fe pueda llegar a su plena expansión y desarrollo. Sin él, incluso peligraría, pues sin poder relacionar las cosas Creadas a nuestro último Fin, fácilmente erraríamos el camino -como lo hemos experimentado por el pecado-.

EFECTOS DE ESTE DON EN NUESTRA ALMA

1) Como se dijo, ayuda a relacionar las cosas Creadas con el último Fin: «¡Cuan vil me parece la tierra, exclama S. Ignacio de Loyola, cuando contemplo el Cielo!» La nada de las cosas Creadas, contemplada a través del Don de Ciencia, hacía que San Pablo las estimase todas como basura con tal de ganar a Cristo (Fil. 3, 8). La Belleza de Dios, reflejada en la hermosura y fragancia de las flores, obligaba a S. Pablo de la Cruz a decirles entre transportes de amor: «Callad, florecitas, callad...». Y este mismo sentimiento es el que daba al pobre de Asís aquel sublime sentido de fraternidad universal con todas las cosas Salidas de las manos de Dios: el hermano sol, el hermano lobo, la hermana flor...

2) Nos guía ciertamente acerca de lo que tenemos y no tenemos que creer. Un alma, iluminada por este Don, tiene instintivamente el sentido de la Fe, aquel por el cual instintivamente se da cuenta si una devoción, una doctrina, un consejo, una máxima cualquiera, está de acuerdo, o no, con la Verdadera Fe.

3) Nos inspira el modo más acertado de conducirnos con el prójimo en orden a la Vida Eterna. Nos enseña qué hacer y cómo hacerlo; qué hablar y cómo hablarlo, etc.

4) Nos desprende de las cosas de la tierra. Es consecuencia lógica de aquel recto juzgar de las cosas. El Don de Ciencia da a los Santos esa visión profunda sobre la necesidad del desprendimiento absoluto que admiramos, por ejemplo en un S. Juan de la Cruz. Para el alma Iluminada con el Don de Ciencia, la Creación es un libro abierto donde descubre sin esfuerzo la nada de las criaturas y el todo del Creador.

5) Nos llena de contrición y arrepentimiento de nuestros pasados errores y pecados.

VICIOS QUE SE OPONEN A ESTE DON

La ignorancia, la cual puede ser culpable, ya sea por ocupar voluntariamente nuestro espíritu en cosas vanas o curiosas, o aun en las ciencias humanas sin la debida moderación, dejándonos absorber excesivamente por ellas y no dando lugar al estudio de la ciencia más importante, que es la de nuestra propia Salvación o Santificación. Sea esto por una vana presunción, confiando en nuestra propia ciencia y luces. De ello nos avisa el mismo Señor Jesucristo: «Gracias Te Doy, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y prudentes y las Revelaste a los pequeños» (Mt. 11, 25).

MEDIOS PARA FOMENTAR ESTE DON

Luego de los medios generales siempre necesarios -recogimiento, fidelidad a la Gracia, oración, etc.-, he aquí otros igualmente importantes:

1) Considerar la vanidad de las cosas terrenas.

2) Acostumbrase a relacionar con Dios todas las cosas Creadas.

3) Oponerse enérgicamente al espíritu del mundo. Huyamos de las reuniones mundanas, donde corren como moneda legítima palabras y acciones totalmente contrarias al Espíritu de Dios. También renunciemos a espectáculos y diversiones tantas veces saturados de espíritu malsano.

4) Ver la mano de la Providencia Divina en el gobierno del mundo y en todos los acontecimientos sean prósperos o adversos de nuestra vida. Nunca conseguiremos esto del todo, hasta que actúe en nuestra alma el Don de Ciencia y sobre todo, el Don de Sabiduría. Es Dogma de Fe que Dios Cuida con Amorosa Providencia de todos nosotros, aunque no acertemos muchas veces a descubrir Sus secretos Designios por los cuales Dispone o Permite ciertas situaciones en la vida.

5) Preocuparse por la pureza del corazón. Hay estrecha relación entre la guarda del corazón y en cumplimiento exacto de nuestros deberes con las Iluminaciones de lo Alto: «Soy más entendido que los ancianos, dice el Salmista, si guardo Tus Preceptos» (Sal 118, 100).

Resumen del capítulo 12, de “El gran Desconocido. El Espíritu Santo y Sus Dones”, del Padre Antonio Royo Marín O.P.

Para la mayor Gloria de Dios.
Semper Mariam In Cordis Tuo.


.DONES DEL ESPÍRITU SANTO: 
DON DE CONSEJO.

Es un Hábito Sobrenatural por el cual el alma en Gracia, bajo la Inspiración del Espíritu Santo, intuye rectamente, en los casos particulares, lo que conviene hacer en orden al Fin último Sobrenatural.
La Prudencia Sobrenatural juzga rectamente lo que hay que hacer en un momento dado, guiándose por las luces de la razón Iluminada por la Fe. Pero el Don de Consejo intuye rápidamente lo que debe hacerse bajo el Instinto y Moción del Espíritu Santo. Por eso, el modo de acción es discursiva en la Virtud de la Prudencia, mientras que en el Don es intuitivo, Divino.

IMPORTANCIA Y NECESIDAD
Es indispensable para perfeccionar la ya mencionada Virtud de la Prudencia, sobre todo, en ciertos casos repentinos, imprevistos y difíciles de resolver, que requieren solución inmediata, puesto que el pecado o el Heroísmo es cuestión de un instante. Es muy difícil a veces conciliar la suavidad con la firmeza, la necesidad de guardar un secreto sin faltar a la verdad, la vida interior con el Apostolado, el cariño afectuoso con la Castidad más exquisita, la prudencia de la serpiente con la sencillez de la paloma (Mt. 10, 16). Para todas estas cosas no basta con las luces de la Prudencia, se requiere la intervención del Don de Consejo.

EFECTOS DEL DON DE CONSEJO
1. Preserva del peligro de una falsa conciencia. Casi no hay pasión desordenada que no pueda justificarse de algún modo invocando algún principio moral, tal vez muy cierto y seguro en sí mismo, pero mal aplicado a ese caso particular. La intervención del Don de Consejo, que, superando las luces de la razón natural, entenebrecida por el capricho o la pasión, dicta lo que hay que hacer con una seguridad y fuerza inapelables, puede preservarnos de este gravísimo error de confundir la luz con las tinieblas.
2. Nos inspira los medios más oportunos para dirigir Santamente a los demás. Santos hubo que tuvieron este Don en grado Sumo. Santa Catalina de Siena era el brazo derecho y el mejor consejero del Papa. Santa Teresita de Lisieux desempeñó con exquisito acierto, en plena juventud, el difícil y delicado cargo de Maestra de Novicias, que tanta madurez y experiencia requiere.
3. Aumenta extraordinariamente nuestra docilidad a los legítimos superiores. Efecto admirable, que parece incompatible con el Don de Consejo, y que, sin embargo, es una de sus consecuencias más naturales y espontáneas. Nadie es tiene tan fuerte inclinación a pedir las luces de los legítimos representantes de Dios en la tierra –Superior, Director espiritual, Confesor-, como las almas movidas por este Divino Don.

FRUTOS DEL ESPÍRITU SANTO CORRESPONDIENTES
En cuanto relacionado con la Misericordia, al Don de Consejo le corresponden de algún modo los Frutos de Bondad y Benignidad.

VICIOS OPUESTOS
Se le opone por defecto, la precipitación en el obrar; también la temeridad que supone una falta de atención a las Luces de la Fe y la Inspiración Divina por excesiva confianza de sí mismo y en las propias fuerzas. Y por exceso, se opone la lentitud excesiva, porque, aunque es menester usar de madura reflexión antes de obrar, una vez tomada una determinación según las Luces del Espíritu santo, es necesario proceder rápidamente a la ejecución antes que las circunstancias cambien y las ocasiones se pierdan.

MEDIO DE FOMENTAR ESTE DON
Profunda Humildad: sin ella no se puede reconocer nuestra ignorancia para demandar las Luces de lo Alto. La oración humilde y perseverante tiene fuerza irresistible ante la Misericordia de Dios. Es preciso invocar al Espíritu Santo por la mañana, al levantarnos, para pedirle Su Dirección y Consejo a lo largo del día; al comienzo de cada acción, con un movimiento sencillo y breve del corazón, que será, a la vez, un acto de amor; en lo momentos difíciles o peligrosos, en los que, más que nunca, necesitamos las Luces del Cielo; antes de tomar una decisión importante o emitir algún juicio orientador para los demás, etc.

Resumen del capítulo 11, de “El gran Desconocido. El Espíritu Santo y Sus Dones”, del Padre Antonio Royo Marín O.P.

Para la mayor Gloria de Dios.

Semper Mariam In Cordis Tuo.

.DONES DEL ESPÍRITU SANTO: 
DON DE PIEDAD.


Caminando hacia la gran Fiesta de Pentecostés, veamos hoy el tercer Don del Espíritu Santo a las almas:

EL DON DE PIEDAD

Es un Hábito Sobrenatural Infundido por Dios con la Gracia Santificante para excitar en nuestra voluntad, por Instinto del Espíritu Santo, un afecto filial hacia Dios, considerado como Padre, y un sentimiento de fraternidad universal para con todos los hombres en cuanto hermanos e hijos del mismo Padre que Está en el Cielo.

Se distingue de la Virtud Cardinal del mismo nombre en que ésta tiende a Dios como Padre –lo mismo que el Don-, pero en una modalidad humana, o sea, regulada por la razón Iluminada por la Fe; mientras que este Don lo hace por Instinto del Espíritu Santo, es decir, apoyada en el Poder de Dios.

El Don de Piedad es absolutamente necesario para Perfeccionar hasta el heroísmo la materia perteneciente a la Virtud de la Justicia y a todas sus derivadas, especialmente la Religión y la Piedad, sobre la que recae de manera más inmediata y principal.

¡Qué distinto es, por ejemplo, practicar el Culto de Dios únicamente bajo el impulso de la Virtud de la Religión, que nos lo presenta como Creador y Dueño Soberano de todo cuanto existe, a practicarlo por Instinto del Don de Piedad, que nos hace ver en Él a un Padre Amoroso que nos Ama con Infinita Ternura! Las cosas del servicio de Dios –Culto, Oración, Sacrificio, etc.- se cumplen casi sin esfuerzo alguno, con exquisita perfección y delicadeza: se trata del servicio al Padre, no ya sólo al Dios de Tremenda Majestad.

Y aún en lo referente a las mismas cosas materiales ¡cómo cambia el panorama! Todas ellas –incluso el lobo, los árboles, las flores y la misma muerte- son hermanas nuestras (S. Francisco de Asís).

Este Don se proyecta sobre todo lo que se relaciona con Dios: la Sagrada Escritura, porque contiene Su Palabra; los Bienaventurados, que Lo Poseen en la Gloria; las almas del Purgatorio, que se Purifican para Él; los hombres de la tierra, que caminan hacia Él.

EFECTO QUE ESTE DON PRODUCE EN EL ALMA

1. Una gran ternura filial hacia el Padre que Está en el Cielo: «Porque no habéis recibido el espíritu de esclavitud para reincidir de nuevo en el temor, antes habéis recibido el espíritu de filiación adoptiva, por el que clamamos ‘Abbá’, ¡Padre! El mismo Espíritu Da Testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios» (Rom. 8, 15-16).

2. Nos hace penetrar en el Misterio de la Vida Íntima de Dios, dándonos un sentimiento vivísimo, transido de respeto y adoración, de la Divina Paternidad con respecto del Verbo Eterno. El alma se complace con inefable dulzura en el Misterio de la Generación Eterna del Verbo, que constituye, si es lícito hablar así, la Felicidad misma de Dios. Aquí, el alma siente la necesidad de callar, de anonadarse, y de amar, sin más lenguaje que el de la adoración y las lágrimas.

3. Un filial abandono a los brazos del Padre Celestial: no pide nada ni rechaza nada en orden a su salud o enfermedad, vida corta o larga, consuelo o arideces, energía o debilidad, persecuciones o alabanzas, etc. Se abandona totalmente y lo único que pide y ambiciona es Glorificarle y que todos los hombres reconozcan su filiación Divina adoptiva y se comporten como verdaderos hijos de Dios.

4. Nos hace ver en el prójimo a un hijo de Dios y hermano de Jesucristo.
Los Frutos del Espíritu Santo que deben atribuirse directamente al Don de Piedad son la Bondad y la Benignidad; e indirectamente la Mansedumbre, en cuanto aparta los impedimentos para los actos de Piedad.

VICIO OPUESTO A ESTE DON

La dureza de corazón, que nace del amor desordenado de nosotros mismos, pues este amor hace que no seamos sensibles más que a nuestros propios intereses y nada nos afecte sino lo que se relaciona con nosotros.
Un alma que no puede llorar sus pecados, al menos con las lágrimas del corazón, tiene mucho d impiedad o de impureza. Es una desgracia cuando en Religión se estiman más los talentos naturales y adquiridos que la Piedad; cuando se hace mucho más caso de un espíritu capaz de atender muchos negocios que de todas esas pequeñas devociones, que son, dicen, “cosas de mujeres”.

MEDIOS PARA FOMENTAR ESTE DON

1. Cultivar en nosotros el espíritu de hijos adoptivos de Dios: nunca se insistirá bastante en fomentar en nuestra alma este espíritu de filial confianza y abandono en brazos de nuestro Padre Amorosísimo. Dios es nuestro Creador, será nuestro Juez a la hora de la muerte, pero ante todo y sobre todo, es siempre nuestro Padre.

2. Cultivar el espíritu de fraternidad con todos los hombres: este es quizá, el medio más difícil, pero Dios nos lo Manda: «Ámense los unos a los otros como Yo los he Amado» (Jn. 13, 34), y el Apóstol Pablo escribe: «Todos sois hijos de Dios por la Fe en Jesucristo; porque cuantos en Cristo habéis sido Bautizados, os habéis Revestido de Cristo. No hay ya judío ni griego, no hay siervo o libre, no hay hombre o mujer, porque todos sois Uno en Cristo Jesús» (Gál. 2, 26-28).

3. Considerar todas las cosas, aún las puramente materiales, como pertenecientes a la Casa del Padre, que es la Creación entera. A qué distancia del pecado, que es siempre una especia de sacrilegio contra Dios o las cosas de Dios, nos pondría esta actitud tan cristiana, tan religiosa y tan meritoria delante de Dios.

Resumen del capítulo 10, de “El gran Desconocido. El Espíritu Santo y Sus Dones”, del Padre Antonio Royo Marín O.P.

Para la mayor Gloria de Dios

Semper Mariam In Cordis Tuo.
.DONES DEL ESPÍRITU SANTO: 
DON DE FORTALEZA.

Es un Hábito Sobrenatural que robustece al alma para practicar, por Instinto del Espíritu Santo, toda clase de Virtudes Heroicas con invencible confianza en superar los mayores peligros o dificultades que puedan surgir.

Actuar por Instinto del Espíritu Santo es lo propio y específico de los Dones; obra por impulso interior, a manera de instinto, que proceda directa o inmediatamente del mismo Espíritu Santo, que Pone en marcha Sus Dones.

A pesar de la semejanza de la definición, no se debe confundir el Don de Fortaleza con la Virtud Cardinal del mismo nombre. Porque, si bien suponen ambos una cierta firmeza y energía de espíritu, la Virtud de la Fortaleza tiene sus límites en la potencia humana, que nunca podrá sobrepasar; pero el Don del mismo nombre, en cambio, se apoya en la Potencia Divina, según la expresión del Profeta: «Con mi Dios Traspaso la muralla» (Sal. 18, 30), o sea, traspasaré los obstáculos que puedan surgir para alcanzar el último Fin. La Virtud de la Fortaleza porque se encuentra limitada por la potencia humana, no se extiende igualmente a toda clase de dificultades; por eso se pueden dar casos de quienes por ejemplo, superan las tentaciones del orgullo pero no tanto las de la carne, o quien evita cierta clase de peligros pero no otros.

El Don de Fortaleza, en cambio, apoyándose plenamente en la Divina Omnipotencia, se extiende a todo, se basta para todo, y hace exclamar con Job: «Ponme, Dios mío, Junto a Ti y venga a asaltarme el que quiera» (17, 3). Podrá, pues, con este Divino Don, el hombre, superar ágilmente todo peligro y enemigo, combatir y vencer en toda batalla, y repetir con el Apóstol: «Todo lo puedo en Aquel que me Conforta» (Fil. 4, 13).

En conclusión: el Don de Fortaleza es absolutamente necesario para la Perfección de la Virtud Cardinal del mismo nombre, para la de todas las Virtudes Infusas –Fe, Esperanza y Caridad-, y a veces, incluso, para la simple permanencia en el estado de Gracia.

EFECTOS QUE PRODUCE EN EL ALMA

1. Proporciona al alma, una energía inquebrantable en la práctica de la Virtud.
2. Destruye por completo la tibieza en el servicio de Dios.
3. Hace al alma valiente ante toda clase de peligros y enemigos.
4. Hace soportar los mayores dolores con Gozo y Alegría. «He llegado a no poder sufrir, decía Santa Teresita de Lisieux, porque me es dulce todo padecimiento».
5. Proporciona al alma el Heroísmo de lo pequeño, además del Heroísmo de lo grande. No se necesita mayor Fortaleza para sufrir de un golpe el Martirio, que para soportar sin el menor desfallecimiento ese martirio a alfilerazos que constituye la práctica Heroica del deber de cada día, con sus mil menudos detalles y pequeñas incidencias.


Los Frutos del Espíritu Santo que responden a este Don, son la Paciencia y la Longanimidad. El primero, para soportar con Heroísmo los sufrimientos y males; el segundo, para no desfallecer en la práctica del Bien.

VICIOS OPUESTOS

Según San Gregorio, al Don de Fortaleza se oponen el temor desordenado o timidez, acompañado muchas veces de cierta flojera natural, que proviene del amor a la comodidad, nos impide emprender grandes cosas por la Gloria de Dios y nos impulsa a huir de la abyección y del dolor.

MEDIOS PARA FOMENTAR ESTE DON EN NUESTRA ALMA
Además de pedirlo constantemente a Dios Espíritu Santo,

- Acostumbrarse al cumplimiento exacto del deber a pesar de todas las repugnancias. La Actuación del Divino Espíritu no puede producirse para premiar la flojedad y pereza voluntaria.

- No pedir a Dios que nos quite la Cruz, sino que nos Dé fuerza para sobrellevarla Santamente. Y esperemos tranquilos, que pronto sonará la Hora de Dios. Jamás se deja vencer en Generosidad.

- Practicar, con valentía o debilidad, mortificaciones voluntarias. Hay mil pequeños detalles en la vida diaria: guardar silencio cuando se siente comezón de hablar; no quejarse nunca de las inclemencias del tiempo o de la calidad de la comida, etc; mostrarse cariñosos y serviciales con las personas antipáticas; recibir con Humildad y Paciencia las burlas, reprensiones y contradicciones. Estas y otras tantas cosas que necesitan muchas veces que violentemos nuestro orgullo o voluntad.

- Busquemos en la Eucaristía la Fortaleza para nuestras almas. S. Juan Crisóstomo dice que hemos de levantarnos de la Sagrada Mesa con fuerzas de león para lanzarnos a todas clase de obras heroicas por la Gloria de Dios. Es que en este Sacramento nos ponemos en contacto directo con Cristo, Verdadero León de Judá (Ap. 5, 5), que se Complace en transfundir a nuestras almas algo de Su Divina Fortaleza.

Resumen del capítulo 9, de “El gran Desconocido. El Espíritu Santo y Sus Dones”, del Padre Antonio Royo Marín O.P.


Semper Mariam In Cordis Tuo.
.DONES DEL ESPÍRITU SANTO: 
DON DE TEMOR DE DIOS.

Nos preparamos para la próxima gran Fiesta de Pentecostés.
«Los Dones del Espíritu Santo son todos Perfectísimos; pero, sin duda alguna, existe entre ellos una jerarquía que determina diferentes grados de Excelencia y Perfección. Esta escala jerárquica comienza en la base con el Don de Temor y acaba en la cumbre con el Don de Sabiduría, que es el más sublime y excelente de todos.
Veámoslo brevemente.
DON DE TEMOR
El Don de Temor es un Hábito Sobrenatural por el cual el justo, bajo el Instinto del Espíritu Santo y dominado por un sentimiento reverencial hacia la Majestad de Dios, adquiere docilidad especial para apartarse del pecado y someterse totalmente a la Divina Voluntad.
En su Acción personal en lo más íntimo del alma, el Espíritu del Padre y del Hijo Transmite algo de la Infinita Detestación del pecado que existe en Dios mismo, y de Su Voluntad de oponerse al Mal.
Virtudes relacionadas
Esperanza- El hombre siente natural propensión a amarse desordenadamente a sí mismo, a presumir que “algo es”, que algo vale y que algo puede en orden a conseguir la Bienaventuranza. Es el pecado de presunción, contrario por exceso a la Virtud de la Esperanza, que únicamente arrancará de raíz el Don de Temor al darnos un sentimiento Sobrenatural y vivísimo de nuestra radical impotencia ante Dios, que traerá como consecuencia el apoyarnos únicamente en la Omnipotencia Auxiliadora de Dios, que es, cabalmente, el motivo formal de la Esperanza cristiana. Sin la actuación intensa del Don de Temor, esta última nunca llegara a ser del todo Perfecta. Cuanto más débil y miserable siente uno, cuanto más capaz de todas las caídas, más se acoge a Dios, como se cuelga el niño de los brazos de Su Padre.
Templanza- Corrige el desorden que se experimenta en los placeres carnales, reprimiéndolos mediante el Temor Divino. Sin el refuerzo del Don de Temor, la Virtud de la Templanza se encontraría impotente para vencer siempre y en todas partes el ímpetu de las pasiones desordenadas.
Religión- Como es sabido, la Religión es la Virtud encargada de regular el Culto debido a la Majestad de Dios. Cuando esta Virtud es Perfeccionada por el Don de Temor, alcanza su máximo exponente y Plena Perfección. El Culto a la Divinidad se llena entonces de ese Temor reverencial que experimentan los mismos Ángeles ante la Majestad de Dios; de ese Temor Santo que se traduce en profunda adoración ante la Perfección Infinita de Dios: “Santo, Santo, Santo Es el Señor Dios de los Ejércitos” (Is 6,3).
Humildad- El contraste Infinito entre la Grandeza y Santidad de Dios y nuestra increíble pequeñez y miseria es el fundamento y la raíz de la Humildad cristiana; pero solo el Don de Temor, actuando intensamente en el alma, lleva la Humildad, a a la Perfección sublime que admiramos en los Santos.
Efectos del Don de Temor en las almas
- Un vivo sentimiento de la Grandeza y Majestad de Dios, que las sumerge en una Adoración profunda, llena de reverencia y Humildad.
- Un gran horror al pecado y una vivísima contrición por haberlo cometido: el Espíritu Santo, que quiere Purificar más y más al alma para la Divina Unión, la somete al Don de Temor, que le hace experimentar una especie de anticipo del Rigor inexorable con que la Justicia Divina, Ofendida por el pecado, la ha de Castigar en la otra Vida si no hace en esta la debida penitencia.
- Una vigilancia extrema para evitar las menores ocasiones de ofender a Dios
- Desprendimiento Perfecto de todo lo Creado: El alma que a través del Don de Temor ha vislumbrado un relámpago de la Grandeza y Majestad de Dios, ha de estimar forzosamente como basura y estiércol todas las grandezas Creadas (cf. Flp 3,8). Honores, riquezas, poderío, dignidades..., todo lo considera menos que paja, como algo indigno de merecer un minuto de atención.
Medios para fomentar este Don
Los medios generales para atraerse la mirada Misericordiosa del Espíritu Santo: recogimiento profundo, pureza de corazón, fidelidad exquisita a la Gracia, invocación frecuente del Divino Espíritu.
Otros medios:
.- Meditar con frecuencia en la Infinita Grandeza y Majestad de Dios.
.- Acostumbrar a tratar A Dios con confianza filial, pero llena de reverencia y respeto. Con frecuencia las almas piadosas se olvidan de esto último y se permiten en el trato con Dios familiaridades excesivas, llenas de irreverente atrevimiento.
.- Meditar con frecuencia la infinita Malicia del pecado y concebir un gran horror hacia él. “Es horrendo—dice San Pablo—caer en las manos del Dios Vivo” (Heb 10,31). Hemos de pensarlo con frecuencia, sobre todo cuando la tentación venga a poner ante nosotros los halagos del mundo o de la carne.
.- Poner especial cuidado en la Mansedumbre y la Humildad en el trato con el prójimo. El que tenga conciencia clara de que el Dios de la Infinita Majestad le ha Perdonado Misericordiosamente diez mil talentos, ¿cómo osara exigir con altanería y desprecio los cien denarios que acaso pueda deberle un consiervo hermano suyo? (cf. Mt 18, 23-35).

.- Pedir con frecuencia al Espíritu Santo el reverencial Don del Temor de Dios. La Liturgia Católica está llena de fórmulas sublimes: “Se estremece mi carne por Temor a Ti y temo Tus Juicios” (Sal 118,120); “Mantén para con Tu siervo Tu Oráculo, que Prometiste a los que Te Temen” (Sal 118,38), etc. Estas y otras fórmulas parecidas han de brotar frecuentemente de nuestro corazón y de nuestros labios, bien convencidos de que “el Temor de Dios es el principio de la Sabiduría” (Eclo 1,15) y de que es menester obrar nuestra Salvación “con Temor y Temblor” (Flp 2,12), siguiendo el consejo que nos Da el mismo Espíritu Santo por medio del Salmista: “Servid al Señor con Temor, rendidle homenaje con Temblor” (Sal 2, 11)»