Esta es una página de difusión de la Fe Cristiana a la luz del Magisterio de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana.

«Es impensable que un hombre haya acogido la Palabra y se haya entregado al Reino sin convertirse en alguien que a su vez da Testimonio y Anuncia». (B. Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, nº 24)
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¿DE QUÉ ME CONOCES?

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según S. Juan   (1, 45-51).

«Felipe se encuentra con Natanael y le dice: “Ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los Profetas, lo hemos encontrado: Jesús, el hijo de José, el de Nazaret”. Le respondió Natanael: “¿De Nazaret puede haber cosa buena?” Le dice Felipe: “Ven y lo verás”.
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: “Ahí tenéis un israelita de verdad, en quien no hay engaño”. Le dice Natanael: “¿De qué me conoces?” Le respondió Jesús: “Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi”. Le respondió Natanael: “Rabbí, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel”. Jesús le contestó: “¿Por haberte dicho que te Vi bajo la higuera, crees? Has de ver cosas mayores”. Y le añadió: “En Verdad, en Verdad os Digo: veréis el Cielo abierto y a los Ángeles de Dios subir  y bajar sobre el Hijo del hombre”.

1. En la Liturgia, la Iglesia recuerda a Natanael, el día 24 de agosto, llamada Fiesta de San Bartolomé, Apóstol, y el día 5 de enero, durante el Tiempo Litúrgico de Navidad. Mencionar esto es importante, puesto que en la lista de nombres de los Apóstoles  que los evangelistas dan, no aparece como Natanael, sino, como Bartolomé: Mt. 10, 2-4; Mc 3, 16-19; Lc 6, 13-16. Y el mismo S. Lucas, en su Libro de los Hechos (1, 13), lo nombra de la misma forma, aunque con la leve diferencia que en el Evangelio aparece inmediatamente después de Felipe, y en Hechos, a Felipe lo sigue Tomás, y luego, Bartolomé.
Bartolomé no es nombre propio. La partícula “bar”, significa “hijo de”, lo que en este caso sería “Bartolomé, hijo de Tolomé, o Tolomeo”. Funcionaría, como en nosotros funciona el apellido. Aplicado al Apóstol, su nombre completo sería: Natanael Bartolomé; Natanael hijo de Tolomeo. Por ello no hay contradicción al considerar ambos nombres para identificar a la misma persona.

Primera parte

2. El contexto anterior es claro: estamos en una etapa de Llamado al discipulado. Los primeros discípulos siguen a Jesús, por la predicación de Juan el Bautista (Jn  1, 32-37). Simón sigue a Jesús a instancias de Andrés (vv. 40-42). Jesús encuentra a Felipe y le Llama (v. 43).
2.1 Finalmente, es Felipe quien va en busca de Natanael, para hacerle  la primera proclamación: encontramos al que Moisés y los Profetas han Anunciado. Jesucristo ya comenzó a formar Su Iglesia, no como una organización meramente religiosa, sino como organismo vivo de Anuncio. Y no de un anuncio simplemente doctrinal. De un Anuncio absolutamente personal: la Iglesia no señala o enseña doctrinas; la Iglesia señala  y enseña una Persona: Jesucristo.
El Bautista señaló a Cristo: "Fijándose en Jesús que pasaba, dice: «He ahí el Cordero de Dios” (Jn 1, 36).
Los discípulos que siguieron al Maestro ante este Anuncio, le preguntaron dónde vivía (v. 38), y Él les dijo: “Vengan y vean” (v. 39).
Andrés –uno de los dos que lo había seguido- va en busca de su hermano Pedro, y lo lleva a Jesús, le presenta a Jesús (vv. 40-42).
Felipe tiene la Bendición de ser convocado cara a cara por el mismo Señor. Y cuando llega el momento de presentárselo a Natanael, no se contenta con palabras, sino que lo lleva a la presencia del mismo Señor, para que lo vea por sí mismo.
La presentación del Bautista y de Andrés, fue por medio de palabras. Pero a las palabras siguió la inmediata experiencia de la Compañía de Jesús.

2.1 ¿En qué se aplica esto a mi vida? Que en mi anuncio cristiano no tiene el lugar más importante la palabra, que es necesaria, sí, pero no tiene el privilegio. Que cuando en el mundo me proclamo cristiano, no necesito acompañar esto con grandes discursos y menos con la intención de que se vea cuánto sé de religión. Decía el Papa Benedicto XVI: “los cristianos no creemos en algo, creemos en Alguien”;  y el Beato Pablo VI: “El mundo no necesita predicadores, necesita Testigos”.  Andrés y Felipe, si se quiere, los primeros Anunciadores, fueron muy escuetos en sus argumentos: “Hemos encontrado al Mesías” (Jn 1, 41), fue lo único que Andrés le dijo a Simón; y Felipe le dijo a Natanael que había “encontrado a Aquel de quien había escrito Moisés y los Profetas” (V. 45). Una simple  frase cada uno. Pero ambas  frases no son opiniones, son profesiones de Fe. Ninguno dijo “me parece que aquí hay algo”; ambos fueron decididos en su aseveración: lo encontramos. Y esa seguridad no parte de conocimientos intelectuales, parte de la experiencia del encuentro con Jesucristo, del trato personal que han tenido con Jesucristo.

2.2 Entonces, para discernir cómo es mi Anuncio ante el mundo, primero debo descubrir cuál es mi experiencia personal con Jesús; cómo es mi trato personal con Él. Y esto puede medirse, por ejemplo, en mi oración: ¿tengo oración diariamente? ¿Mi oración es concentrada? ¿Si me disperso –a veces Permite Dios esto para corregirme por la dispersión general en que suelo vivir-, lucho constantemente por mejorar? ¿Cuándo puedo, dedico tiempo a la oración, o simplemente es algo a hacer entre otras tantas cosas? ¿Soy consciente que la importancia de la oración la define, entre otras palabras de Jesús, cuando dice, “Sin Mí no pueden hacer nada” (Jn 15, 5)? En la oración, ¿Dios es Alguien cercano, o es un ente que vive en la lejanía? Cuando rezo, ¿sé que Dios se interesa por mí y por lo que le estoy planteando? Estas preguntas me ayudan a descubrir, primero si tengo un encuentro real con el Señor –la oración es un diálogo,  por eso es pausada y no atropellada o para cumplir-, y si me mueve el deseo de su cercanía, o lo tengo como un “solucionador de problemas”. Y eso me lleva a otra consideración: ¿busco a Dios por Dios, o por las cosas de Dios? Aquellos primeros cinco discípulos no habían visto aún los Signos, que luego serían los Milagros, y sin embargo, el trato personal con Jesucristo, les confirmó sin más maravillas, la Verdad Revelada en el Antiguo Testamento, la Sagrada Escritura en que ellos creían.

2.3 También puedo preguntarme: ¿qué grado de gusto tengo al estar en presencia de Jesús cuando me encuentro con Él ante el Sagrario? Mi Fe me enseña que está allí, pero ¿lo vivo como una Presencia real? ¿Alguien cercano que me está mirando y escuchando, y con Quien puedo hablar, incluso sin palabras, sólo con un movimiento de mi corazón? ¿Pienso en eso? Porque aunque parezca que hablo yo solo, Él no solamente me escucha, sino que también habla a mi corazón aunque mis oídos no escuchen. Puede hablarme con una inspiración o llenando mi corazón de Su Gracia, o regalándome Su Paz, que no es la paz que el mundo da (Jn 14, 27). Cuando le preguntaron al Santo Cura de Ars qué hacía durante tanto tiempo sentado frente al Sagrario, respondió: “Nada. Lo miro y me mira”.

2.4 Lo segundo que me sirve para discernir el grado de mi encuentro personal con Dios, es la escucha de Su Palabra. Dios me Habla, y me Habla cada día y muchas veces al día, si yo lo deseo. Y lo hace a través de Su Palabra contenida en la Sagrada Escritura. ¿Busco diariamente esta Palabra? ¿Sé y creo, que “Su Palabra es Viva y Eficaz” (Hb. 4, 12)? Viva porque tiene el Poder de Dar la Vida: “¿Dónde vamos a ir, si sólo Tú tienes Palabra de Vida Eterna?” (Jn. 6, 68). Y Eficaz, porque tiene el Poder, si yo lo quiero y me esfuerzo, de cambiar mi corazón: “Mi Palabra que Sale de Mi Boca, no volverá a Mí vacía sin haber Realizado lo que Deseo” (Is. 55, 11). Dice el Salmista: “Para mis pies, Antorcha es Tu Palabra; Luz para mi sendero” (Sal 118, 105): Su Palabra me descubre el Camino que debo seguir, y es una Guía segura, especialmente en este mundo que nos toca vivir. ¿Veo la Palabra de Dios con todas estas connotaciones? ¿Tiene esa importancia para mí? ¿Dedico tiempo? ¿Lo hago con la alegría de un encuentro entre personas? Si busco interpretarla, ¿lo hago para conocer la Voluntad de Dios y el modo cómo puedo yo vivirla? ¿Lo hago con la disposición de dejarme guiar, corregir, y cambiar por Dios?

2.5 Es muy importante este breve examen sobre mi oración y sobre mi escucha, pues la unión de ambas actividades tienen que ver con el diálogo: en la oración hablo yo; en la escucha me Habla Él. Y discernir cómo es este diálogo en mi vida, me indica cómo es mi relación personal con Jesucristo. El no verlo cara a cara, como lo vieron aquellos hombres, no disminuye en nada la calidad de mi comunión de vida con Él. Y el crecimiento de la misma, sólo depende de mi disposición personal y de mi esfuerzo de cada día, pues la Gracia de Dios, jamás falta.
Dice el Catecismo:
“La preparación del hombre para acoger la Gracia es ya una obra de la Gracia. Esta es necesaria para suscitar y sostener nuestra colaboración…”
Y en el mismo número, refiere una enseñanza de S. Agustín:
“Ciertamente nosotros trabajamos también, pero no hacemos más que trabajar con Dios que Trabaja. Porque Su Misericordia se nos adelantó para que fuésemos Curados; nos sigue todavía para que, una vez Sanados, seamos Vivificados; se nos adelanta para que seamos Llamados, nos sigue para que seamos Glorificados; se nos adelanta para que vivamos según la Piedad, nos sigue para que vivamos por siempre con Dios, pues sin Él no podemos hacer nada» (Catecismo Católico, n. 2001).
Lo hablado hasta aquí sobre nuestro encuentro con Cristo en Su Palabra, no implica todavía la interpretación de la misma, aunque se mencionó algo brevemente en función del examen de conciencia.

Segunda Parte

1. Natanael pregunta a Felipe: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?” (Jn 1, 46).  La primera característica que podemos encontrar en Natanael, se nos presenta en el encuentro que tiene con Felipe. Éste le anuncia que ha encontrado a Aquel del que Moisés y los Profetas habían escrito. La reacción de Natanael ante testimonio tan contundente fue de escepticismo. Escéptico porque conocía la Sagrada Escritura – quizá más profundamente que los otros, como veremos en el punto siguiente- y sabía que Aquel de quien había escrito los Profetas y Moisés, es decir, el Mesías, tenía un origen distinto de Nazaret, debía Nacer en la ciudad de David, Belén.
1.1 Este escepticismo, que a priori parece algo negativo, tiene, sin embargo, una connotación positiva, pues no es la actitud que niega porque no entiende, o niega porque va en contra de su parecer o entender, sino que es la actitud de quien busca la Verdad aunque no la entienda en un principio, o aunque vaya en contra de sus conceptos personales. Felipe lo exhortó: “Ven y lo verás”, y él no se niega, sino que lo sigue.

1.2 Jesús recibe a Natanael, pues Jesús no rechaza al escéptico, siempre y cuando, ese buscador de la Verdad, sea sincero en su intención, es decir, cuando admito en mi vida la Verdad, cuando abro mi vida a la Verdad encontrada, cuando estoy dispuesto a cambiar, y efectivamente lo hago.
Esta es una invitación para nosotros, pues el cristiano no es un hombre de Fe ciega, el cristiano ha de madurar su Fe con la búsqueda que se da en la meditación –continua de ser posible-, de la Verdad que Dios Revela en Su Palabra. “Bienaventurado el varón que no acepta el consejo de los impíos…sino que su voluntad está en la Ley de Yahveh que medita día y noche” (Sal 1,1).

2. Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: “Ahí tenéis un israelita de verdad, en quien no hay dolo”. Sabemos que Jesús hablaba arameo, y en arameo el adjetivo israelita casi no se usaba. “Normalmente se usa el mismo nombre ‘Israel’, o ‘hijo de Israel’, con lo cual, el sentido de la frase de Cristo es: “He aquí un hombre digno de llamarse Israel”  (P. Manuel de Tuyá SJ). Aunque parezca que esto no es importante para nosotros, tiene una lección: recibir el nombre Israel equivale a reconocer a Yahveh como único Dios y a ser fiel a Su Ley. Recordemos que Israel es el nombre del pueblo Elegido, el cual, para obtener y mantener la Protección Divina, ha de ser fiel a la Ley de Dios. Yo soy cristiano, y los cristianos, como enseña el Catecismo,  “son llamados a llevar en adelante una “vida digna del Evangelio de Cristo”. “Sus discípulos son invitados a vivir bajo la Mirada del Padre “que Ve en lo secreto” (Mt 6,6) para ser “Perfectos como el Padre Celestial Es Perfecto” (Mt 5,48).

Incorporados a Cristo por el Bautismo (Rom 6,5), los cristianos están “muertos al pecado y Vivos para Dios en Cristo Jesús” (Rom 6,11), participando así en la Vida del Resucitado (Col 2,12). Siguiendo a Cristo y en unión con Él (Jn 15,5), los cristianos pueden ser “imitadores de Dios, como hijos Queridos y vivir en el Amor” (Ef 5,1.), conformando sus pensamientos, sus palabras y sus acciones con “los Sentimientos que tuvo Cristo” (Fil 2,5.) y siguiendo Sus ejemplos (Jn 13,12-16)” (nn. 1692-1694).
¿Puede Jesús decir de mí: he ahí un verdadero cristiano?

2.1 Se dice que en Natanael no había engaño. “En el vocabulario de los Profetas, la infidelidad religiosa a Yahvé es llamada frecuentemente falsedad o mentira” (P. Manuel de Tuyá SJ), con lo cual se quiere decir que Natanael es un hombre verdaderamente leal a Dios y fiel a Su Ley.

Según esto: ¿puede Jesús decir de mí, que soy hombre en quién no hay engaño?


3. “Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te Vi”.  Sentarse bajo una higuera, o bajo un árbol  frondoso, era costumbre judía para descansar. Pero también lo hacían los maestros de religión para dar sus clases. Y no es un dato menor, pues con toda probabilidad, Natanael pertenecía al grupo de escribas, es decir, al grupo de los doctores intérpretes de la Ley. Y siendo así, es muy interesante y una primera lección para nosotros, esta Elección de nuestro Señor. Fijémonos en lo que luego será el Colegio Apostólico, la Iglesia: gente sencilla representada en los pescadores, un escriba, un publicano e incluso un zelote, un sedicioso contra el poder de Roma. ¿Por qué es importante para mí? Porque me enseña que más allá de mi condición, de mi formación, de mi capacidad, nadie queda excluido de la Misión, de ser y de dar Testimonio de Cristo. Dios no deja a nadie por fuera de la Salvación y del Anuncio. El Beato Pablo VI, escribe: “Es impensable que un hombre haya acogido la Palabra y se haya entregado al Reino sin convertirse en alguien que a su vez da Testimonio y Anuncia”. (Evangelii Nuntiandi, nº 24).

3.1 Ver a Pedro, pescador como su hermano y los hijos de Zebedeo, no nos exime, ni nos da excusa, sin embargo, de la responsabilidad de prepararnos, pues aunque contrastados con Natanael, eran hombres sencillos, todos necesitaron de Cristo para conocer la Persona del Mesías, la Salvación del Redentor, la Divinidad del Hijo Hecho Hombre.

Esto, en nuestra vida, se traduce en las dos Voces de Cristo: la Propia, es decir, y como vimos arriba, la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura; y Su Palabra a través de Su Cuerpo Místico, la Iglesia: “El que a vosotros escucha, a Mí Me escucha” (Lc 10, 16).

 Los Apóstoles escuchan la Palabra de Vida Eterna (Jn 6, 68) directamente de labios de Cristo. Nosotros tenemos la misma Bendición cada vez que abrimos la Biblia. A los Apóstoles, Jesucristo les Explicaba Sus Enseñanzas: “…lo Explicaba todo en privado a Sus propios discípulos” (Mc 4, 34); nosotros tenemos la misma Bendición, pues, “El Oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios Escrita o Transmitida ha sido confiado exclusivamente al Magisterio Vivo de la Iglesia, cuya Autoridad se ejercita en Nombre de Jesucristo” (Concilio de Trento).

3.2 “Cuando estabas debajo de la higuera te Vi”, es decir, te Conozco antes de conocerte. Este encuentro tiene lugar cerca de la Pascua, tiempo en que la higuera no tiene hojas, lo que significa que aquel “te Vi”, por parte de Jesús se remonta a bastante tiempo atrás, y por la reacción de Natanael, no al mero hecho material de verlo sentado, sino a un Sondeo de su interior, un “Ver” el corazón. ¿Qué meditaba el Apóstol en ese entonces? No se dice, pero queda en evidencia que debía ser algo muy íntimo, algo que Jesús puro hombre no podía conocer por sí. Y esta Penetración por parte del Señor, es lo que provoca la Confesión de Natanael: “Rabbí, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel”.

3.3 Aunque le llama Hijo de Dios, no es ésta una Confesión de la Divinidad de Jesucristo, sino que aquí es una Confesión de la Mesianidad del Señor. Jesús no devela de forma instantánea Su Condición Divina, sino que lo hace paulatinamente.

3.4 ¿Qué lección puede dejarme este hecho? Que mi corazón está desnudo ante Dios. Que cuando intento tranquilizar mi conciencia haciendo lo mínimo necesario, dejo de ser un cristiano en quien no hay engaño, para ser un  cristiano engañado y engañador: engañado por mi carne y por el enemigo que me hacen ver Virtudes que no tengo, y engañador del prójimo a quien muestro una vida espiritual inexistente. “No hay engaño, dice S. Agustín, cuando el pecador confiesa serlo. Pero si siendo pecador, se presenta como justo, hay engaño en su boca”. Porque “todo está desnudo y patente a los ojos de Aquel a Quien hemos de dar cuenta” (Hb. 4, 13). Debo esforzarme cada día por ser más auténtico a los ojos de Dios, es decir, a trabajar sin desánimo y con confianza para crecer en el Amor a Él y en la Virtud, que es la consecuencia del amor. 

No somos más virtuosos, porque nuestro amor a Dios es deficiente.

3.5 La Confesión de Natanael y la delicadeza de Jesucristo para con Sus discípulos, elevándolos poco a poco a la Verdad de Su Divinidad, han de ser para mí motivación a la confianza. La vida espiritual es un proceso, pero que tiene por Iniciador y Sostenedor  a Dios: “El que Comenzó en vosotros la Buena obra, la Perfeccionará” (Fil 1,6). Esto debe llenarme de consuelo, confianza, fuerza y valor. No estoy solo en la lucha y “si Dios está conmigo, ¿quién contra mí?” (Rom 8, 31). Yo he de poner lo que está de mi parte: oración, Sagrada Escritura, búsqueda de la Verdad…Y el Señor me irá dando las Luces en la medida de mi esfuerzo y de Su Plan para mí. ¿Hago mucho y no parece haber resultado? Pues he de humillarme ante Dios, recordando tantos llamados Suyos que quizá cayeron en el vacío, tantas Palabras suyas que quizá escuché sólo como un murmullo sin relevancia para mi vida, tantas invitaciones de Su Amor y que yo terminé desdeñando en favor de intereses o amores humanos, tantas Ayudas de Su Providencia Amorosa a las que me cerré convencido de mi autosuficiencia. El Amor de Dios por mí no ha disminuido un ápice, pero todo camino hacia la cima, desde el fondo de mi miseria, cuesta. Por eso he de pedir al Señor cada día el Don de la Perseverancia, pues “sólo el que persevere hasta el final se Salvará” (Mt. 24, 13).

4. “En Verdad, en Verdad os Digo: veréis el Cielo abierto y a los Ángeles de Dios subir  y bajar sobre el Hijo del hombre”. Jesús alude al sueño de Jacob: “soñó con una escalera apoyada en tierra, y cuya cima tocaba los cielos, y he aquí que los Ángeles de Dios subían y bajaban por ella. Y vio que Yahveh estaba sobre ella” (Gen. 28, 12-13). “En este caso, el Hijo de hombre, no está en lugar de la escala, sino que es Soporte de la Gloria Divina. El movimiento de los Ángeles simboliza la Manifestación de la Gloria de Dios” (P. Manuel de Tuyá SJ). ¿Cuándo se manifiesta esta Gloria? En primer lugar, en los Milagros, “pero, finalmente, por el Misterio del Hijo del hombre, «Elevado» a la Diestra del Padre en la Gloria de la Resurrección» (P. Manuel de Tuyá SJ).

4.1 La primera  parte ya se cumple, en el relato del Evangelio según S. Juan, durante las Bodas de Caná, donde luego de convertir el agua en vino, dice el Apóstol que así “dio Jesús comienzo a Sus Señales. Y Manifestó Su Gloria y Sus discípulos creyeron en Él” (2, 11). Pero el gran Signo de lo que Él Es y de Su Misión, es el Milagro de la Resurrección.

4.2 Visto todo esto, puedo preguntarme: ¿creo que los Milagros que el Señor Realizó, se agotaron con los que el Evangelio hace referencia? Si no se han agotado, es decir, si Jesucristo continúa aun hoy Realizando Milagros, ¿creo que los Puede y los Quiere hacer en mi vida? “En Verdad os Digo que cualquiera que diga a este monte: ``Quítate y arrójate al mar, y no dude en su corazón, sino crea que lo que dice va a suceder, le será concedido.  Por eso os Digo que todas las cosas por las que oréis y pidáis, creed que ya las habéis recibido, y os serán Concedidas” (Mc 11, 23-24): ¿esta es mi Fe?

4.3 Refiriendo lo sucedido en la Boda de Caná, es de notar que el Apóstol no llama “Milagro” al Milagro, sino que le llama “Signo”, “Señal”. ¿Es esto una negación del Milagro como tal? ¿Es lo mismo? La respuesta es negativa a ambas preguntas.
La conversión del agua en vino es ciertamente un Milagro, una Maravilla, un Portento. Pero S. Juan lo llama “Signo” para invitarnos a ir más lejos, más profundo del hecho material en sí. Hay que fijarse que este Signo trajo como consecuencia que Sus discípulos creyeran en Él. Los discípulos, que deben haberse maravillado, y mucho, no se quedaron con el hecho concreto, sino que supieron ir más a fondo.

Enseña S. Juan Pablo II: “Se puede, pues, decir que los Milagros de Cristo, Manifestación de la Omnipotencia Divina respecto de la Creación, que se Revela en Su Poder Mesiánico sobre hombres y cosas, son, al mismo tiempo, las "Señales" mediante las cuales se Revela la Obra Divina de la Salvación…La gente, viendo los Milagros de Cristo, se pregunta: "¿Quién será Éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?" (Mc 4,41), mediante estas "Señales", queda preparada para acoger la Salvación Que Dios Ofrece al hombre en Su Hijo” (2-12-87).
Entonces, cuando leo sobre los Milagros Realizados por el Señor, ¿soy capaz de ir más allá del hecho histórico y material, para verlo como una Señal de Jesucristo para mi vida, donde, por ejemplo, me anima a la confianza en Su Providencia cuando multiplica los panes (Mt 14, 13-21), o en Su Poder cuando calma la tempestad (Mc. 4, 35-41)?

4.4 El gran Milagro, es la Resurrección de Jesucristo. Creo en ella, pues “si Jesucristo no Resucitó, vana es nuestra Fe” (1 Cor 15, 14). Pero siguiendo lo que hemos visto, la Resurrección de Jesús, ¿es un Signo de Dios en mi vida?: “En un instante, en un pestañear de ojos, al toque de la trompeta final (…) los muertos Resucitarán incorruptibles” (1 Cor. 15, 52). “Y Él (Jesucristo), separará a los unos de los otros…Pondrá las ovejas a Su derecha, y los cabritos a Su izquierda…Y Dirá a los de Su derecha: ‘Venid, Benditos de Mi Padre, recibid la Herencia del Reino Preparado para vosotros desde la Creación del mundo (…) En Verdad os Digo: cuánto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños a Mí Me lo hicisteis’. Entonces Dirá también a los de Su izquierda: ‘Apartaos de Mí, Malditos, al Fuego Eterno, Preparado para el diablo y sus ángeles (…) En Verdad os digo: todo cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también Conmigo dejasteis de hacerlo’. E irán estos a un Castigo Eterno, y los Justo a una Vida Eterna” (Mt. 25, 31.46).
La Resurrección de Jesucristo, ¿es sólo un hecho Litúrgico que celebro una vez al año? Si creo en Su Resurrección, y por tanto en la mía, ¿es hacia dónde se orienta mi vida de cada día, consciente de que cada obra que realizo o dejo de realizar, me pondrá en el lugar de las ovejas o en el de los cabritos, con las consecuencias ya Advertidas por el propio Dios?

Conclusión

5. La Misa que se celebra en la Fiesta de S. Natanael Bartolomé se inicia con una Antífona tomada del Salmo 95: “Anunciad día tras día que la Salvación Viene de Dios, y proclamad Sus Maravillas a todas las naciones”. Que el Señor nos Ayude a recordar que no somos autosuficientes, que “en todo Interviene para el Bien de los que lo aman” (Rom 8, 38), y que la proclamación de esas Maravillas Divinas no se realiza sólo con palabras, sino con el ejemplo de una vida cristiana cimentada en la Palabra de Dios y sostenida por la oración. Porque ¿qué valor tendría llenar mi boca de palabras admirables para referirme al Señor, y cuando la adversidad me golpea, mi familia, mi entorno, me ven desanimado, desesperado, alejado del Dios que digo amar? ¿Qué testimonio doy, cuándo dejo con facilidad, por ejemplo, la Santa Misa?

Hagamos nuestra, en primera persona, la oración que la Iglesia dirige a Dios en la Fiesta del Apóstol:


“Fortalece, Señor, mi Fe, para que siga a Cristo con la misma sinceridad de San Bartolomé Apóstol, y Concédeme, por su intercesión, que sea un Instrumento eficaz de Salvación para todos los hombres. Amén.” (Misal Romano).

Semper Mariam In Cordis Tuo.

MUJER, GRANDE ES TU FE
(Mateo 15, 21-28)

«Jesús, la mujer cananea del Evangelio de hoy me enseña una gran lección -lección de de, lección de Humildad y lección de Perseverancia-  a la hora de pedirte lo que necesito para mí o para mis seres queridos.

Ojalá aprenda de ella esta triple lección, y  como ella  consiga de Ti las Gracias que necesito.

+Lección de Fe.

La Fe es el primer requisito para que mi oración sea Escuchada.

Jesús, Tú siempre Pides Fe antes de Hacer un Milagro.

«Todo es posible para el que cree» (Marcos 9,23).

A veces, como en el caso de hoy, pones esa Fe a prueba.
Incluso puede parecer que no me escuchas, que no me quieres.
Haces como el padre que enseña a andar a su hijo: se separa unos pasos, y cuando el niño -con gran esfuerzo- va a llegar a su padre, él se separa un poco más.
No se separa porque no le quiera, sino para que aprenda a caminar.
Cuando me pides más Fe, no me dejas sólo.
Me estás esperando, para poder decirme: «¡grande es tu Fe! Hágase como tú quieres.»

+Lección de humildad.

«Se acercó y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, ayúdame!»

Esta es la actitud del alma humilde que se ve necesitada.
Yo también he de acercarme a Ti, y pedirte con Humildad: ¡Jesús, ayúdame! Sé que no me merezco nada, después de lo poco que he hecho por Ti.

«Es verdad Señor, pero también los perrillos comen de las migajas que caen de las mesas de sus amos».
Aunque no me lo merezca, Jesús, ¡Ten Piedad de mí!

«Persevera en la oración. -Persevera, aunque tu labor parezca estéril. -La oración es siempre fecunda» (S. Josémaría Escrivá de Balaguer)

+Lección de perseverancia.

Los discípulos te piden que atiendas a la mujer cananea pues «viene gritando detrás de nosotros.»
No se cansa de pedir, a pesar de que Tú no le respondes.
Ni siquiera se rinde cuando le pones a prueba diciendo que has sido Enviado sólo «a las ovejas perdidas de la casa de Israel».
«No por eso desmaye y deje la oración y de hacer lo que todas, que a las veces viene el Señor muy tarde, y paga tan bien y tan junto como pagó en muchos años»(Santa Teresa de Jesús).

 Esta mujer no se cansa, y por eso recibe.

Persevera en la oración.

Jesús, que no me canse de pedir siempre lo mismo, si hace falta.
Sé que me Escuchas y que me Atiendes, pero soy como un niño pequeño que, a veces, pide lo que no conviene o en un momento que no conviene.
Lo que puedo aprender de los niños pequeños es su perseverancia en el pedir: piden y piden, hasta que reciben.

«Persevera, aunque tu labor parezca estéril.»

Jesús, aunque parezca inútil mi esfuerzo, mi dedicación, mi petición, Tú Quieres que siga pidiendo.
El simple hecho de pedir, me fortalece espiritualmente: aumenta mi Fe, mi Esperanza y mi Amor a Ti, me aumenta la Gracia.
Por eso, a veces, Tú prefieres esperar un poco, y aprovechar esa necesidad mía para que pida más y, por tanto, para darme más Gracia.
Que me convenza, Jesús, de que la oración es siempre fecunda» (P. Lluciá Pou Sabaté).

Y no olvidemos nunca, comenzar nuestra oración con acción de gracias a Dios, por Su Amor, por Su Misericordia para conmigo, por Su Paciencia, por Su Magnanimidad. Como decía también Sta Teresa, "no busquemos sólo los caramelos de Dios", busquemos a Dios, amemos a Dios, sólo por Dios.

Semper Mariam In Cordis Tuo.
FIDELIDAD



Los cristianos vivimos una época privilegiada para dar Testimonio de esta Virtud en ocasiones tan poco valorada: la fidelidad. Vemos cómo, con frecuencia, se quiebra la lealtad en el matrimonio, en la palabra empeñada, la fidelidad a la Doctrina y a la Persona de Cristo. Los Apóstoles nos muestran que esta Virtud se fundamenta en el amor; ellos son fieles porque aman a Cristo. Es el amor el que les induce a permanecer en medio de las defecciones. Sólo uno de ellos le traicionará, más tarde, porque dejó de amar. Por eso nos aconseja a todos el Papa S. Juan Pablo II: "Buscad a Jesús esforzándoos en conseguir una Fe personal profunda que informe y oriente toda vuestra vida; pero sobre todo que sea vuestro compromiso y vuestro programa amar a Jesús, con un amor sincero, auténtico y personal. Él debe ser vuestro Amigo y vuestro Apoyo en el camino de la vida. Sólo Él Tiene Palabras de Vida Eterna" (30- 1-79). Nadie más que Él.

Mientras estemos en este mundo, la vida del cristiano es una lucha constante entre amar a Cristo y el dejarse llevar por la tibieza, las pasiones o un aburguesamiento que mata todo amor. La fidelidad a Cristo se fragua cada día en la lucha contra todo lo que nos aparta de Él, en el esfuerzo por progresar en las Virtudes. Entonces seremos fieles en los momentos buenos, y también en las épocas difíciles, cuando parece que son pocos los que se quedan junto al Señor.
Para mantenernos en una fidelidad firme al Señor es necesario luchar en todo momento, con espíritu alegre, aunque sean pequeñas las batallas.

Hoy, cuando le decimos al Señor que queremos serle fieles, nos debemos preguntar en Su Presencia: ¿Son grandes mis deseos de avanzar en el amor?» (P. Francisco Carvajal).

Semper Mariam In Cordis Tuo.

LA SANTÍSIMA PASIÓN, 
NUESTRO REMEDIO


«Muchas almas piadosas –dice un autor de nuestros días- están en una infidelidad casi continua en ‘pequeñas’ cosas: son impacientes, poco caritativas en sus pensamientos, juicios y palabras, falsas en su conversación y en sus actitudes, lentas y relajadas en su piedad, no se dominan a sí mismas y son demasiado frívolas en su lenguaje, tratan con ligereza la buena fama del prójimo. Conocen sus defectos e infidelidades y los acusan quizá en confesión, mas no se arrepienten de ellos con seriedad ni emplean los medios con que podrían prevenirlos. No reflexionan que cada una de estas imperfecciones es como un peso de plomo que las arrastra hacia abajo, no se dan cuenta de que van comenzando a pensar de manera puramente humana y a obrar únicamente por motivos naturales, ni de que resisten habitualmente a las inspiraciones de la gracia y abusan de ella. El alma pierde así el esplendor de su belleza, y Dios va retirándose cada vez más de ella. Poco a poco pierde el alma sus puntos de contacto con Dios, algo se ha interpuesto entre los dos. 

Para comprender mejor la malicia del pecado debemos contemplar lo que Jesucristo Sufrió por los nuestros. En la Agonía de Getsemaní le vemos Padecer, hasta lo indecible. Él, que no conoció pecado, se Hizo pecado por nosotros (2 Cor. 5, 21). Cargó con todos nuestros horrores, llegando a Derramar sudor de Sangre. Jesús, solo y triste, Sufría y empapaba la tierra con Su Sangre. De rodillas sobre el duro suelo, Persevera en Oración... Llora por ti... y por mí: le aplasta el peso de los pecados de los hombres. Es una escena que debemos recordar muchas veces, cada día, pero muy especialmente cuando las tentaciones arrecien.

En la lucha decidida por desterrar de nuestra vida todo pecado demostraremos nuestro amor al Señor, nuestra correspondencia a la Gracia.

Pidamos hoy a María que nos Conceda aborrecer, no sólo el pecado mortal, sino también el pecado venial deliberado, y la fuerza para luchar contra toda debilidad e imperfección. La Virgen Santa María, Refugio de los pecadores, nos Ayudará a tener una conciencia delicada para amar a Cristo y al prójimo, a ser sinceros con nosotros mismos y en la Confesión. Que así sea» (P. Francisco Carvajal).

Semper Mariam In Cordis Tuo.

CARIDAD


«La experiencia de lo que me agrada o me molesta, de lo que me ayuda o me hace daño, es una buena norma de aquello que debo hacer o evitar en el trato con los demás.

Todos deseamos una palabra de aliento cuando las cosas no han ido bien, y comprensión de los demás cuando, a pesar de la buena voluntad, nos hemos vuelto a equivocar; y que se fijen en lo positivo más que en los defectos; y que haya un tono de cordialidad en el lugar donde trabajamos o al llegan a casa; y que se nos exija en nuestro trabajo, pero de buenas maneras; y que nadie hable mal a nuestras espaldas; y que haya alguien que nos defienda cuando se nos critica y no estamos presentes; y que se preocupen de verdad por nosotros cuando estamos enfermos; y que se nos haga la corrección fraterna de las cosas que hacemos mal, en vez de comentarlas con otros; y que recen por nosotros y... 

Estas son las cosas que, con humildad y espíritu de servicio, hemos de hacer por los demás. Si nos comportamos así, dice el Profeta Isaías (1, 18), entonces: Aunque vuestros pecados fueran como la grana, quedarán blancos como la nieve. Aunque fueren rojos como la púrpura quedarán como la blanca lana.

Servir, junto a Cristo y por Cristo, es Reinar con Él. Nuestra Madre Santa María, que Sirvió a Su Hijo y a San José, nos Ayudará a darnos sin medida ni cálculo» (P. Francisco Fernández Carvajal).

Semper Mariam In Cordis Tuo.

PERDONAR

«Para que la petición de Perdón sea eficaz, Jesús ha puesto una condición: «Y Perdónanos nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden» (Mt 6, 12). El deber para con Dios -pedir Perdón- está vinculado a un deber para con el prójimo -perdonar a los otros-; y es el segundo precisamente el que hace eficaz el cumplimiento del primero. Dios que Se Hizo Salvador de los hombres y que Quiere que todos se Salven (1 Tm 2, 4), está siempre Dispuesto a Conceder el Perdón, pero escucha la oración sólo cuando el hombre ha cumplido su obligación con el hermano deudor». (Fr. Gabriel de Santa Magdalena, Carmelita Descalzo).

«Madre Dulcísima de Jesús, María, acuérdate que Eres también mi Madre. Mi pobre alma Te fue Encomendada por Jesús mismo en la Cruz. Obtenme, pues, Tierna Madre, la Gracia de saber perdonar, como el mismo Señor Perdonó a aquellos que le crucificaron "porque no sabían lo que hacían" (Lc 23, 34). Difícil es para mí, pero "todo lo puedo en Aquel que me Conforta" (Fil 4, 13). Alcánzame, Amabilísima Madre, por los Dolores que Sufriste al ser separada de Tu Divino Hijo, un amor ardiente y fiel a mi Señor y Dios, Jesucristo. Amén».

Semper Mariam In Cordis Tuo.

CONFIANZA

"El drama extremo es, precisamente, que el sufrimiento pueda hacernos dudar de Dios. Pero, aquí también, la experiencia corriente nos muestra que el hombre de Fe puede hallar en la "Presencia" de Dios un reconfortante del cual suele verse privado el que no cree. Pero no es algo automático. Esta Compañía que Dios ofrece a los que sufren ha supuesto para Él, vivir Personalmente la Cruz del hombre en Jesucristo.

«Los que Temen al Señor, esperen Su Misericordia, y no se desvíen, para no caer. Los que Teméis al Señor, confiaos a Él, y no os faltará la Recompensa. Los que Teméis al Señor, esperad Bienes, contento Eterno y Misericordia» (Eccl 2, 7-9).

Las pruebas de cada día nos hacen pensar, nos invitan a relativizar tantas cosas y a dar importancia a las que valen la pena. Si nos desanimamos, es porque no confiamos suficientemente en Dios. Con Su Fuerza no hay dificultad insuperable. 

 Para no caer en la impaciencia y el pesimismo que bloquean nuestra vida, tendremos que decirnos a nosotros mismos lo de Ben Sira (Libro del Eclesiástico): «Confía en Dios, que Él te ayudará, Espera en Él y te allanará el camino» (2, 6). Y lo del Salmo: «Confía en el Señor y haz el Bien, porque el Señor ama la Justicia y no abandona a Sus fieles. Encomienda tu camino al Señor y Él Actuará» (Sal 37, 5). Hay momentos de oscuridad, sí, pero a la noche siempre le sigue la aurora. Hay crisis, pero los túneles llegan a su final y aparece la luz. Hay Viernes Santo, y es trágico, pero desemboca en el Domingo de la Resurrección. Confiemos en Dios. Eso iluminará de Sabiduría nuestra jornada". (P. LLuciá Pou Sabaté).

Semper Mariam In Cordis Tuo.

Eunucos por amor del Reino de Dios

Objeción

Si el Celibato de los que se ordenan Sacerdotes y Monjas es solamente recomendado por Jesús en el Nuevo Testamento...¿Por qué la Iglesia Católica lo hace ley en 1138? ¿El Espíritu Santo inspiró a la Iglesia Católica para que lo instituyera?

¿Es esto cierto?

La Iglesia instituyó una regla de Celibato: una regla para sus Sacerdotes, una regla que se convirtió en ley en el año 1138; una ley que hoy persiste. Pero no fue la Biblia la que dijo tal cosa. San Pablo dijo en su Epístola a Timoteo, que un Obispo debía casarse y tener hijos y que un hombre con experiencia en su propia familia, realmente está mejor calificado para atender a la Iglesia.

Respuesta

Si halláramos que en la Sagrada Escritura no hay un fundamento del Celibato, aun así, tendríamos el mayor de los fundamentos: Jesucristo. Jesucristo fue Célibe, aunque alguna literatura new age difunda otra cosa. Pero tenemos que Jesús no solo dio ejemplo con Su modo de vivir, sino que además, SÍ HABLÓ sobre el Celibato. Busquemos San Mateo 19,12:

"Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos hechos por los hombres, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda".

No es válido el argumento que enfrenta a la Disciplina de la Iglesia con la infidelidad de algunos de sus miembros. Cuando estás enfermo y el médico te visita y receta, si no tomas los medicamentos, ¿quién tiene la culpa de tu agravamiento? ¿Tú o el médico? Y no es un razonamiento ingenuo. Busca en la Doctrina Católica, y fíjate donde se invita o se ampara el pecado. Entonces, quienes son infieles a la Fe que dicen profesar, ¿lo son por la Doctrina que creen, o porque no la viven cómo deben?

El Apóstol Pablo, que era Célibe, Escribió:

"Comenzando a tratar de lo que me habéis escrito, bueno es al hombre abstenerse de mujer; mas por evitar la fornicación, tenga cada uno su mujer y cada una tenga su marido... Esto os lo digo condescendiendo, no mandando."

Y termina diciendo:

"Mi deseo sería que todos los hombres fueran como yo; pero cada cual tiene su Gracia particular...No obstante digo a los célibes y a las viudas: bien les está quedarse como yo"

Búscalo en 1 Corintios 7,1-8. y en otro lado escribe:

"Yo os quisiera libres de preocupaciones. El no casado se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor. El casado se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer; está por tanto dividido. La mujer no casada, lo mismo que la doncella, se preocupa de las cosas del Señor, de ser santa en el cuerpo y en el espíritu. Mas la casada se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido.

Os digo esto para vuestro provecho, no para tenderos un lazo, sino para moveros a lo más digno y al trato asiduo con el Señor, sin división. Pero si alguno teme faltar a la conveniencia respecto de su novia, por estar en la flor de la edad, y conviene actuar en consecuencia, haga lo que quiera: no peca, cásense.

Mas el que ha tomado una firme decisión en su corazón, y sin presión alguna, y en pleno uso de su libertad está resuelto en su interior a respetar a su novia, hará bien. Por tanto, el que se casa con su novia, obra bien. Y el que no se casa, obra mejor. La mujer está ligada a su marido mientras él viva; mas una vez muerto el marido, queda libre para casarse con quien quiera, pero sólo en el Señor. Sin embargo, será feliz si permanece así según mi consejo; que también yo creo tener el Espíritu de Dios".
(I Corintios 7,32-40)

Nota que no estaba en contra del Matrimonio. Sin embargo, consideraba un estado más perfecto, el Celibato y la Virginidad. Las palabras de Jesús Bendito y del Apóstol, dejan claro, que el consejo de Celibato no estaba dirigido únicamente a los que iban a ejercer el Episcopado.
Tenemos entonces que las palabras dichas a Timoteo, no son un mandato, sino una prescripción sobre un caso en particular, si el candidato al Episcopado era un hombre casado. Lee el Texto nuevamente:

“Pero es preciso que el Obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, cortés, hospitalario, capaz de enseñar” 1 Timoteo 3,2

En ningún momento dice que "debía" ser casado. El motivo de esta prescripción estaba dirigido a aquellos que proviniendo del paganismo, e incluso del judaísmo, se convertían a la Fe Cristiana naciente. En el primero de los casos, muchos paganos era polígamos; y el segundo, muchos estaban casados en segundas nupcias, pues la ley de Moisés contemplaba el divorcio. Ley abrogada luego por Jesucristo.

Muchos años antes de 1138, en los comienzos de la vida Religiosa, el Celibato era un requisito en las primeras Ordenes Monásticas dirigidas por S. Pacomio, ya en el s. Iv después de Cristo.

Si quieres un gran ejemplo de amor por la Virginidad, luego de Jesús Bendito, mira a nuestra Mamá, María Santísima.


En los tiempos modernos se levantan cientos de voces contra el Celibato, pero pon atención en lo que Jesús dijo al terminar: "Quien pueda entender, que entienda". Pide a Dios, para ti y para mí, la Gracia de comprender, sabiendo que Él no nos deja sin respuesta cuando buscamos sinceramente la Verdad, con el fin de adherirnos a ella. "Dios da Su Gracia a los humildes, escribe el Apóstol Pedro, y resiste a los soberbios".

No olvidemos rezar cada día por nuestros Obispos, Sacerdotes y Religiosas, para que el Señor les Conceda la firmeza en su Fe y en su entrega total a Dios.

Semper Mariam In Cordis Tuo.
HUMILDAD Y ORACIÓN


«Está Escrito que sólo la Ayuda de Dios Salva (Dan 3, 17; Hch. 4, 11-12). Cuando un hombre se da cuenta que ya no hay Salvación, se pone a orar. Y cuanto más ora, tanto más su corazón se humilla, ya que no se puede orar y pedir sino es con Humildad. “Un corazón quebrantado y humillado, Tú no lo Desprecias” (Sal 50,19). Mientras no adquiera un corazón humilde, el hombre está expuesto a la dispersión. La Humildad recoge su corazón. Descubre una Fuerza que se levanta en su interior, la Fuerza de la Confianza.

Su corazón se llena de Fe y comprende entonces que la oración es el refugio y el auxilio, fuente de Salvación, tesoro de Confianza, Puerto seguro, Luz de aquellos que viven en las Tinieblas, sostén de los débiles, amparo en tiempos de prueba, ayuda en la enfermedad, escudo que Libera del peligro en los combates, Flecha disparada contra el enemigo. En una palabra, una multitud de Bienes le viene al hombre por la oración. Su delicia será la oración. Su corazón queda Iluminado por la Confianza». (Isaac el Sirio, Monje).

Semper Mariam In Cordis Tuo.
SAL Y LUZ 


«Llenar el mundo de Luz, ser Sal y Luz, es tal como el Señor ha Descrito la Misión de los discípulos. Llevar hasta los confines de la tierra la Buena Noticia del Amor de Dios. Es eso a lo que todos los cristianos, de una u otra manera, deben consagrar su vida... La Gracia de la Fe no nos ha sido conferida para tenerla escondida, sino bien al contrario, para brillar delante de los hombres... 

Quizás algunos se preguntarán cómo pueden comunicar este conocimiento de Cristo a los demás. Yo os respondo: con naturalidad, con simplicidad, viviendo exactamente tal como lo hacéis en medio del mundo, dándoos cuenta que estáis en vuestro trabajo profesional o al cuidado de vuestra familia, participando de todas las nobles aspiraciones de los hombres, respetando la legítima libertad de cada uno... La vida ordinaria puede ser Santa y llena de Dios, el Señor nos llama a Santificar nuestras tareas habituales, porque también ahí reside la Perfección cristiana. 

No olvidemos que la casi totalidad de los días que María ha pasado en esta tierra se han desarrollado de manera muy semejante a los días de millones de otras mujeres, consagradas, como Ella, a su familia, a la educación de sus hijos, a los quehaceres del hogar. De todo esto Maria Santifica hasta el más mínimo detalle, eso que muchos consideran, equivocadamente, como insignificante y sin valor... ¡Bendita vida ordinaria que puede, de tal manera, estar llena del amor de Dios! Porque he aquí cual es la explicación de la vida de María: Su Amor llevado hasta el olvido total de Sí, Contenta de encontrarse en el lugar en el cual Dios la Quería. Por eso el más pequeño de Sus gestos no ha sido nunca banal, sino al contrario, aparecía lleno de significado... Nos toca a nosotros intentar ser como Ella en las circunstancias precisas en las que Dios ha Querido que vivamos». (S. José María Escrivá de Balaguer, Pbro y Fundador).

Semper Mariam In Cordis Tuo.

JESÚS, SUMO PONTÍFICE

“Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que Penetró los Cielos –Jesús, el Hijo de Dios- mantengamos firme la Fe que profesamos. Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino Probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos, por tanto, confiadamente al Trono de Gracia, a fin de alcanzar Misericordia y hallar Gracia para una Ayuda oportuna” (Hb 4, 14-16).

“Dos cosas pide aquí el Apóstol S. Pablo: Fe y confianza; adhesión inquebrantable a la Palabra de Dios y anchura de corazón para llegarse con seguridad al Trono de Gracia; Fe  y Confianza, que estriban en el Sacerdocio de Jesús. Él se presenta a nuestra Fe como gran Pontífice, que Entra, no en el santuario de un tabernáculo o templo material, sino en lo más Alto y Santo de los Cielos. Pero tan Excelsa Majestad no encoje ni aterra nuestro corazón. Jesús, Probado y Experimentado en todo trabajo, Sabe muy bien qué es el Dolor y Conoce muy bien nuestra debilidad, para Compadecerse de nuestras flaquezas y miserias.

Con tal Pontífice, tan Poderoso y Compasivo, bien podemos acercarnos al Trono de Dios, que será para nosotros Trono de Gracia, pues en este Trono, a la Diestra del Padre, Está sentado nuestro Sumo Pontífice, que Alcanzará para nosotros Gracia y Misericordia y el Auxilio del Señor en tiempo de necesidad”  (P. José María Bover, Jesuita). 

Semper Mariam In Cordis Tuo.
PERMANECER EN LA VERDAD

"Todo el que se extravía y no permanece en la  Doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que permanece  en la Doctrina tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros y no lleva esa Doctrina, no le recibáis en casa ni le saludéis" (2 Jn. 1, 9-10).

El error es tan engañoso, que el Apóstol exhorta a los fieles a mantenerse en guardia para no dejarse arrastrar por él. Porque en caso contrario, perderían lo que han ganado con tanto trabajo (v. 8).

La vida del cristiano supone trabajo y renuncia, que delante de Dios le merecerán un gran galardón: "El segador recibe el salario, y recoge Fruto para Vida Eterna" (Jn. 4, 36). Los cristianos que permanezcan fieles hasta el final en la Fe recibida de los Apóstoles y no sacrifiquen absolutamente nada de ella, obtendrán una Recompensa Plena. Por el  contrario, el que se deja llevar por el error habrá trabajado en vano: "¿Tan insensatos sois? Comenzando por espíritu, ¿termináis ahora en carne? ¿Habéis pasado en vano por tales experiencias? Pues bien en vano sería" (Gal. 3, 4). "Os recuerdo el Evangelio que os prediqué, que habéis recibido y en el cual os mantenéis firmes, por el cual también sois Salvados, si lo guardáis tal como os lo prediqué...Si no, habéis creído en vano" (1 Cor. 15, 2). "Todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os Aseguro que no perderá su Recompensa" (Mt. 10, 42). "Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa" (Mc. 9, 41).

El Galardón Prometido es la Vida Eterna, que Dios ha Prometido a los que le sean fieles: "Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el Alimento que Permanece para Vida Eterna, el que os dará el Hijo del Hombre..." (Jn. 6, 27). "Esta es la Promesa que Él mismo os Hizo: la Vida Eterna" (1 Jn. 2, 25). Si la Vida Eterna es llamada Galardón, Recompensa, esto significa que los Justos, por medio de las obras Buenas hechas en Gracia, la pueden realmente merecer.


Ante todo, es necesario permanecer en la Doctrina Ortodoxa, es decir, en la Enseñanza dada por los Apóstoles, Depositada y enseñada por el Magisterio de Iglesia.  Cuando se pretende poseer -como hacían los seudoprofetas- una revelación más perfecta, una gnosis más sublime, con el propósito de apartarse de la Enseñanza de la Iglesia, se demuestra que no se tiene a Dios, que no se permanece en la Comunión vital con Dios. La Doctrina de Cristo (v. 9) es la que Jesús Predicó y Confió a los Apóstoles. El que permanece en la Doctrina, ese tiene al Padre y al Hijo, o sea, está en Comunión vital con el Padre y el Hijo: "Si permanece en vosotros lo que habéis oído desde el principio, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre" (1 Jn. 2, 24).

«Señor Dios, que en Tu Admirable Providencia Dispusiste que el Reino de Cristo se extendiera por todo el mundo y que todos los hombres fueran hechos partícipes de la Redención Salvadora, Concédele a Tu Iglesia ser Sacramento Universal de Salvación, y que a todos los hombres les sea Anunciado Tu Hijo como el Salvador de los pueblos y la esperanza de las naciones.

Por Jesucristo, Tu Hijo, que Vive y Reina en la Unidad del Espíritu Santo, y Es Dios, por los siglos de los siglos. Amén» (Misal Romano).

Semper Mariam In Cordis Tuo.
FUE A UN LUGAR SOLITARIO A ORAR


«Jesús no se limitó a Enseñarnos a orar de palabra sino también con el Ejemplo. Le vemos a menudo en oración. Nos da Ejemplo para que le sigamos. Está escrito: “Se fue a un lugar solitario” Y en otro lugar: “Se fue a la montaña a orar y pasó toda la noche en oración” (Lc 6,12) Si Él, que era sin pecado, Oraba sin cesar, con más razón los pecadores debemos orar. Si pasaba la noche en oración, con más razón nosotros debemos velar y orar sin cesar. 

     El Señor Oraba e Intercedía no por Él mismo -¿por qué falta debería implorar el perdón aquel que Es El Inocente? – sino por nuestros pecados. Lo manifiesta bien a las claras cuando Dice a Pedro: “...Satán ha solicitado el poder cribaros como trigo. Pero Yo he Rogado por ti, para que tu Fe no desfallezca” (Lc 22,31) Más tarde Intercedió ante el Padre a Favor de todos nosotros, cuando Dijo: “No Te Pido sólo por ellos sino por todos los que, gracias a su palabra, creerán en Mí, para que todos sean Uno, como Tú, Padre, Estás en Mí y Yo en Ti” (Jn 17,20-21).

No se contentó con Rescatarnos del pecado por Su Sangre, sino que ha Querido Orar por nosotros. ¡Qué Grande es la Bondad y la Misericordia de Dios en Favor de nuestra Salvación!» (S. Cipriano, Obispo y Mártir).

Semper Mariam In Cordis Tuo.

POR GRACIA HEMOS SIDO SALVADOS


«Ha Nacido nuestro Salvador: alegrémonos. No puede haber lugar para la tristeza cuando acaba de Nacer la Vida; la misma que acaba con el temor de la mortalidad, y nos infunde la Alegría de la Eternidad Prometida. Nadie tiene por qué sentirse alejado de la participación de semejante Gozo, a todos es común la razón para el Júbilo: porque nuestro Señor, Destructor del pecado y de la Muerte, ha Venido para Liberarnos a todos. Que se Alegre el Santo, puesto que se acerca a la Victoria. Alégrese el pecador, puesto que se le Invita al Perdón. Ya que, al cumplirse la Plenitud de los tiempos, Establecidos por los Inescrutables y Supremos Designios Divinos, Asumió la naturaleza del género humano para Reconciliarla con su Creador.
Se Hizo Hombre para Liberar al hombre de una Muerte Eterna. Se Abajó hasta Tomar nuestra pobre condición sin que disminuyera Su Majestad.
Demos, pues, gracias a Dios, hermanos muy amados, a Dios Padre, por Su Hijo, en el Espíritu Santo. Porque en Su gran Misericordia y Amor hacia nosotros, Se Compadeció de nosotros. En Cristo nos ha Devuelto la Vida». (S. León Magno, Papa y Doctor de la Iglesia).
Semper Mariam In Cordis Tuo.

Convertíos, Convertíos de vuestra mala conducta
(Ez. 33, 11)

«Salgamos del abismo de nuestro pecado y aceptemos ir al encuentro del Señor que Asume «una Carne semejante a la nuestra» (Rm 8,3). Salgamos de la voluntad de pecar y vayamos a hacer penitencia por nuestros pecados. Entonces encontraremos a Cristo: Él mismo ha Expiado el pecado que de ninguna manera Él había cometido. Entonces, el que Salva a los penitentes nos Concederá la Salvación..."¿Acaso me complazco Yo en la muerte del impío -Dice el Señor Dios- y no en que se aparte de sus caminos y Viva?" (Ez. 18, 23)

Me diréis:... «¿Quién puede, por sí mismo, salir del pecado?». Sí, verdaderamente, el pecado más grande es el amor al pecado, el deseo de pecar. Sal, pues, de este deseo..., detesta el pecado y verás como sales de él. Si tú detestas el pecado, has encontrado a Cristo. A los que detestan el pecado Cristo les Perdona las faltas esperando poder arrancar la raíz de nuestros malos hábitos.


Pero vosotros decís que incluso esto es mucho para vosotros y que sin la Gracia de Dios le es imposible al hombre detestar su pecado, desear la Justicia y quererse arrepentir: «¡Dad gracias al Señor por Su Misericordia, por las Maravillas que hace con los hombres!» (Sal 106,8)... Señor, Sálvame de la dejadez de espíritu y de la tempestad... Oh Señor, de Mano Poderosa, Jesús Todopoderoso, Tú has Liberado a mi razón del demonio de la ignorancia y arrancado mi voluntad de la peste y sus codicias, libera ahora mi capacidad de actuar a fin de que con Tus Santos Ángeles pueda yo también «ejecutar Tus Órdenes, pronto a la voz de Tu Palabra» (Sal 102,20). Así sea» (Isaac de Stella, Monje).

Semper Mariam In Cordis Tuo.