Esta es una página de difusión de la Fe Cristiana a la luz del Magisterio de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana.

«Es impensable que un hombre haya acogido la Palabra y se haya entregado al Reino sin convertirse en alguien que a su vez da Testimonio y Anuncia». (B. Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, nº 24)
.DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS.

Así decimos cada vez que proclamamos nuestro Credo de Fe.
A veces este Anuncio lleva a confusión. ¿Qué significa pues, con exactitud?

No es aquel Infierno donde satanás, sus ángeles y las almas Condenadas habitan, pues éste es Eterno, y nadie que allí llegue, de él podrá salir jamás.

¿Entonces?

Digamos brevemente que esta Fórmula se introduce en el Credo, en el siglo IX.

«Cristo, por tanto, Bajó a la profundidad de la Muerte ( Mt 12, 40; Rm 10, 7; Ef 4, 9) para "que los muertos oigan la Voz del Hijo de Dios y los que la oigan Vivan" (Jn 5, 25)» (Catecismo Católico 635)

«Según la creencia judía, los muertos estaban en el Sheol "debajo de la tierra", que era la morada de las almas. Con ello se quiere afirmar que Jesús, con Su Muerte, Descendió a la Morada de las almas. 

San Pedro especifica que ese Descenso de Jesús al lugar de los muertos fue para Predicarles y Liberarlos: «También Cristo Murió una vez por los pecados, el Justo por los injustos, para Llevarnos a Dios. Murió en la Carne pero Volvió a la Vida por el Espíritu y fue a Pregonar a los espíritus que estaban en la prisión» (1 Pe 3, 18-19). Y más adelante escribe: «Fue Anunciado el Evangelio a los muertos, para que, condenados en carne según los hombres, vivan en el espíritu según Dios» (4, 6)

En concreto, el Enunciado "Descendió a los Infiernos" quiere significar que Cristo Descendió al lugar en que se encontraban las almas de los muertos para Comunicarles las Nueva Redención.

Este lugar es aquel «Seno de Abraham», dado que la Parábola del rico supone que los condenados ocupan diverso lugar, de modo que están separados por un "gran abismo" (Lc. 16, 19-31)»
(Aurelio Fernández, Curso Fundamental de la Fe Católica).

«Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio, porque el Rey Duerme. La tierra está temerosa y sobrecogida, porque Dios se ha Dormido en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo [...] Va a Buscar a nuestro primer Padre como si éste fuera la oveja perdida. Quiere Visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. Él, que Es la mismo tiempo Dios e Hijo de Dios, va a Librar de sus prisiones y de sus dolores a Adán y a Eva [...] Despierta, tú que duermes, pues no te Creé para que permanezcas cautivo en el Abismo; levántate de entre los muertos, pues Yo Soy la Vida de los muertos» (Antigua homilía sobre el grande y Santo Sábado).

Semper Mariam In Cordis Tuo.
.HIMNO A NUESTRA MADRE DOLOROSA.

«En estas horas se halla sin consuelo. La puerta de Su Corazón, sin embargo, está abierta.

¡Entremos!

¡Ay dolor, Dolor, Dolor, por Mi Hijo y Mi Señor!
Yo soy aquella María del linaje de David:
¡Oíd, hermano, oíd la gran desventura mía!

Decid, hombres que corréis por la vía mundanal,
decidme si visto habéis igual dolor que Mi Mal.

Y vosotras que tenéis padres, hijos y maridos,
ayudadme con Mis Gemidos, si es que mejor no podéis.

Llore Conmigo la gente, alegres y atribulados,
por Lavar los pecados mataron a un Inocente.

¡Mataron a mi Señor, Mi Redentor Verdadero!
¿Cómo no muero con tan extremo dolor?

Señora, Santa María, déjame llorar Contigo,
pues Muere Dios y mi Amigo,
y muerta esta mi alegría» (Himno de Vísperas a la Virgen de los Dolores)


Semper Mariam In Cordis Tuo.





.CRUZ, ÁRBOL DE LA VIDA.

¿Es posible que cuando Jesús me habla de Cruz, de llevar la Cruz y caminar detrás Suyo, de Amar la Cruz como Instrumento de mi Salvación y aun amarla, porque Él la Amó y la llevó hasta el final por ti y por mí, nosotros la desdeñemos, la arrastremos entre dudas y rechazos, la arrojemos a un lado, incluso con el mismo Amor de Dios clavado en ella?
“No es fácil llevar la Cruz”, le reclamamos a Dios.
Él cayó tres veces; Él sufrió el encuentro con Su Madre Sufriente; Él soportó injurias, escupitajos, piedras, durante todo el camino; Él soportó golpes, tirones, insultos de parte de los crueles hombres romanos; Él sufrió el rechazo del Cireneo a ayudarle, pues, como dice el Evangelio «le obligaron al llevar la Cruz» (Mt. 27, 32).
Jesús estaba completamente Solo en Su camino al Calvario.
Sin embargo, en este desgarrador itinerario, sólo era impulsado por el Amor Ardiente. Para entender cómo es posible que nosotros llevemos nuestra Cruz, infinitamente distante de la Suya, pero profundamente dolorosa para nuestra naturaleza, debemos retroceder hasta la noche anterior y contemplarlo en el Huerto de los Olivos.
Allí, Jesús, también está Solo. Sus Apóstoles, vencidos por el sueño, como tantas veces te vence a ti y me vence a mí: el sueño del “yo”, el de los placeres, el de “tengo que tener”, el de “el poder es mío”, el de “quién como yo”.
Jesús estaba Solo ante el Designio Eterno del Padre. Y siendo Verdadero Dios, Es también Verdadero Hombre, y es esta Verdadera Humanidad del Señor la que se Estremece. Aquí no hay fingimiento. Aquella Agonía no es escena teatral. Y prueba de ello es que «Su Cuerpo comenzó a Sudar gotas de Sangre» (Lc. 22, 44). El Alma Racional de Jesús, absolutamente Unida al Verbo Divino, soportaba ya la dureza de la Cruz, y se turbaba profundamente.
Pero aquí está, precisamente, la maravillosa lección que nos Quiere Dar. Jesucristo, que no Se ahorró para Sí Sufrimiento alguno por Amor al Padre Ofendido, y por Amor a la criatura que le Ofendió, a pesar del espanto que la crueldad de las mismas ciegas criaturas le provocaban, nos enseña que aquella Entrega no sólo no escapa, sino que está Contenida, Abrazada, por el Amor Eterno, Insondable, Ardentísimo del Padre, de Abbá, de Papá. Y esta Amorosa Seguridad es la que hace brotar de Sus labios, por tres veces: «Padre…Que no se haga Mi Voluntad, sino la Tuya» (Mt. 26, 39; Mc. 14, 36; Lc. 22, 42).
Mi Cruz, tu Cruz, sea cual sea, la más difícil, la más dura, la más triste, toda ella está rodeada y Sostenida por el Amor Eterno de Dios, del Dios que se nos Reveló Papá. Si esto comprendemos, nuestra Cruz se ilumina con los Méritos de la Cruz de Cristo. Por eso, la Cruz es un Puente al Cielo. Por eso, arrojarla con rabia, desánimo o tristeza, además de ser un desprecio para el Dios que no escatimó Dolor para Salvarte, es perder el rumbo, abandonar al Camino, Jesucristo (Jn. 14, 6).
Se acerca el momento en que el Señor Sube a la Cruz. María se hallará bajo ella, de pie.
No podemos abrazarnos hoy, a aquel Madero Redentor. Pero sí, lo podemos hacer con la que el Señor nos ofrece en nuestra vida. Muchos Santos enseñan que Dios regala la Cruz a los hijos que Ama. Eso significa que encontrarla en nuestra vida no es signo de que nos ha abandonado.
Que ese Señor, el Dios de la Misericordia, te Dé la Gracia de dar un salto y abrazarte a esa Cruz Salvadora, con Fe, Paciencia, Alegría. Confiado y diciendo como Jesús: Que en todo se Haga siempre Tu Voluntad.
Humildemente te pido, que ruegues esa Gracia también para mí.
Semper Mariam In Cordis Tuo.
¿AMAS?

«Amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con tu fuerza» (Deut. 6, 5)
¿Qué cosa es el amor? Busquemos en el Jardín de Dios esta fragantísima y hermosísima Flor.
El Amor está en Dios como un fuego inmenso. Dios Es el propio Amor. Con el Amor con que el Padre Ama al Hijo, el Hijo nos Ama a nosotros, y con este mismo amor nosotros hemos de corresponderle.
Hemos de amar a Dios porque Es Infinitamente Amable…y todo cuanto se ama sin Dios, fuera de Dios, sin respeto a Dios y contra Dios, es un amor impuro.
La Bondad Suma de Dios y Su inmensa Belleza atrae, eleva y roba todos los afectos de corazón humano con la suavísima fragancia de Sus Infinitas Perfecciones y Atributos.
María, Asistida por la Gracia y dones del Espíritu santo desde Su Inmaculada Concepción, Amó con tal intensidad a Dios, que atrajo a Su seno Virginal con la fragancia suave y Pura de esta Flor mística, al mismo Hijo de Dios, y el Hijo del Eterno no vaciló, aunque era Criatura, en Tomarla por Madre.
Nuestro corazón está fabricado para amar, y para amar un Objeto Infinito, Inmenso y Eterno, que reúne en Sí, cuantas Perfecciones puede concebir nuestro débil entendimiento.
El amor de Dios, ¿está en el jardín de tu alma?
Busca bien en este rosal: ¿está en ti?
Mira bien…Si no lo hallas, aún tienes tiempo: marcha a María, tu Jardinera, y dile que lo Plante, lo Riegue y lo Cuide.
¿Amas? ¿Qué amas?
Donde está el amor, está el corazón; donde está el corazón está toda la plenitud y fuerza de tus afectos; donde están estos, está tu alma toda, tus pensamientos, tus potencias y sentidos (Mt. 6, 21).
¿Amas a Dios de todo corazón? Mira que sin este amor no puedes entrar al Cielo.
Ahora presentemos nuestra rosa a María:
Señora: recibe en Tus manos un ramillete de rosas, es mi regalo para Ti. Es mi amor para con Dios mi Señor.
Desde hoy, postrado a Tus pies, prometo, sí, lo tengo resuelto, amar con todos mis afectos a Dios. Yo me complazco en que Dios Sea Quien Es…Sin Él, y fuera de Él, nada quiero amar.
Quiero lo que Dios quiere; aborrezco lo que Dios Aborrece; la Voluntad de Dios será mi voluntad. Así lo propongo, y con la Divina Gracia, y Tu Asistencia, Madre querida, así será. Amén» (Beato Francisco Palau, Religioso Carmelita y Fundador).
Semper Mariam In Cordis Tuo.

.SEÑOR, ¡QUE VEA!

«¡Ceguera grande, Dios mío! ¡Oh, qué grande ingratitud, Rey mío! ¡Qué incurable locura, que sirvamos al demonio aún con lo que nos Das Tú, Dios mío! ¡Que paguemos el gran Amor que nos Tienes con amar así a quien Te Aborrece y ha de Aborrecer Eternamente!
¡Que -a pesar de- la Sangre que Derramaste por nosotros, y los Azotes y grandes Dolores que Sufriste, y los grandes Tormentos que Pasaste...tomamos por compañeros y amigos a los que así Te Trataron!...
¡Mortales!... ¿Es porque no ven a esta Majestad Atado y Ligado con el Amor que nos Tiene?
¿Qué más hacían los que le dieron la Muerte, sino, después de atado, darle golpes y heridas?
¡Mi Dios, cómo Padeces por quien tan poco se duele de Tus Penas!» (Sta Teresa de Jesús, Doctora de la Iglesia).

«Benigno Señor mío, ¿cómo podré darte gracias por soportarme, a mí, que he obrado mil veces peor que Judas? A Él le Hiciste Tu discípulo, y a mí Tu hija... ¡Oh Jesús mío!, yo Te he traicionado, no una sola vez como él, sino miles e infinitas veces...
¡Dulce Señor Jesucristo, cuántas veces Te he dado la hiel amarga a cambio de la Miel que Tú me has Dado! ¡Cuántos pecados contra tantos Dones! ¡Cuántos males contra tantos Bienes! ¡cuántas veces, mientras he gozado de Tus Cosas..., Te he ofendido con esas mismas Cosas Tuyas.
¿Quién Te Crucificó? Yo. ¿Quién Te Azotó atado a la columna? Yo.
¿Quién Te Coronó de espinas? Yo. ¿Quién Te dio a Beber vinagre y hiel? Yo.
Señor mío, ¿sabes por qué Te digo todas estas cosas?
Porque he comprendido...con Tu luz, que mucho más Te Afligieron y Dolieron los pecados mortales que yo he cometido, que lo que Te Afligieron y Dolieron todos aquellos Tormentos.
Concédeme, ahora ya, la Gracia de devolverte... bien por Bien y no mal por Bien, gratitud y no ingratitud, y que sienta siempre amargura cuando haga o piense algo que sea contra Tu Majestad; y que de aquí en adelante, Te devuelva amor por Amor, sangre por Sangre, vida por Vida» (Sta. Camila Da Varano, Religiosa Clarisa).
Semper Mariam In Cordis Tuo.
.CUSTODIO PROVIDENTE.

«Esperando contra toda esperanza» ¿no es una magnífica definición del cristiano?

Todos nosotros somos miembros de los pueblos que Dios ha dado como descendencia a Abrahán. Cada una y cada uno de nosotros ha sido Pensado, Querido y Amado por Dios. Todos y cada uno de nosotros tiene su papel en el Plan de Dios, Padre, e Hijo y Espíritu Santo.

No os dejéis fascinar por falsas glorias y falsos ideales. Creed, sí, seguid creyendo que Dios, Padre, e Hijo y Espíritu Santo, es el Único que os Ama como esperáis, que es el Único que Puede llenaros, que Puede dar la estabilidad a vuestras vidas. Cristo es el Único Camino de Vida.

Si os asalta el desánimo, pensad en la Fe de San José; si os invade la inquietud, pensad en la Esperanza de San José, descendiente de Abrahán, que Esperaba contra toda esperanza; si el desgano o el odio os embarga, pensad en el Amor de José, que fue el primer hombre que descubrió el Rostro Humano de Dios en la Persona del Niño, Concebido por Obra del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María.

Bendigamos a Cristo por haberse hecho tan cercano a nosotros y démosle gracias por habernos dado a San José como ejemplo y modelo de Amor a Él». (Benedicto XVI, 19-3-2009).

«Por todo ello, demos gracias a Dios en este día porque nos ha dado ese Santo, que nos habla de recogernos en el Señor; que nos enseña la prontitud, la Obediencia, la abnegación  y la actitud de los caminantes que se dejan llevar por Dios». (Card. Joseph Ratzinger, 19-3-92).

CUSTODIO PROVIDENTE Y FIEL DEL HIJO
Custodio providente y fiel del Hijo,
amor junto al Amor doquier Presente,
silencio del que ve la Gloria Inmensa
de Dios Omnipotente.

Esposo enamorado de la Virgen,
la mente ante el Misterio reclinabas,
rosal Inmaculado que florece,
es obra del Señor a quien amabas.

Callada voluntad en Dios perdida,
amor hecho mirada de confianza,
fiel en el trabajo y en la prueba,
provéenos de Amor y de Esperanza.

Protege la Asamblea de los justos,
reunidos en la Fe, Cuerpo de Cristo;
sé padre que nos lleve a nuestro Padre,
amor del gran Amor que nos Da el Hijo. Amén.

                                            (Liturgia de las Horas, Himno)

Semper Mariam In Cordis Tuo.
.DOMINGO DE RAMOS.
«Nos preguntamos sorprendidos: ¿Qué pasó en tan breve lapso de tiempo? ¿Por qué este cambio radical de actitud? ¿Cómo es posible que los gritos jubilosos de “Hosanna” (es decir: “Sálvanos”) y “bendito el que Viene” con que reconocían y acogían al Mesías-Hijo de David se trocasen tan pronto en insultos, burlas, golpes, interminables latigazos y en un definitivo desprecio y rechazo: “¡A ése no! ¡A Barrabás!... a ése ¡crucifícalo, crucifícalo!”?
Una explicación sin duda es la manipulación a la que es sometida la muchedumbre. Como sucede también en nuestros días, quien carece de sentido crítico tiende a plegarse a la “opinión pública”, a “lo que dicen los demás”, dejándose arrastrar fácilmente en sus opiniones y acciones por lo que “la mayoría” piensa, dice o hace.
¿No hacen lo mismo hoy muchos enemigos de la Iglesia que hallando eco en los poderosos medios de comunicación social presentan “la verdad sobre Jesús” para que muchos hijos de la Iglesia griten nuevamente: “crucifíquenlo” y “crucifiquen a su Iglesia”? Como en aquel tiempo, también hoy la “opinión pública” es manipulada hábilmente por un pequeño grupo de poder que quiere quitar a Cristo de en medio (ver Lc 19,47; Jn 5,18; 7,1; Hech 9,23).
Pero la asombrosa facilidad para cambiar de actitud tan radicalmente con respecto al Señor Jesús no debe hacernos pensar tanto en “los demás”, o señalar a ciertos grupos de poder para sentirnos exculpados, sino que debe hacernos reflexionar humildemente en nuestra propia volubilidad e inconsistencia.
¿Cuántas veces arrepentidos, emocionados, tocados profundamente por un encuentro con el Señor, convencidos de que Cristo es la Respuesta a todas nuestras búsquedas de Felicidad, de que Él es EL SEÑOR, le abrimos las puertas de nuestra mente y de nuestro corazón, lo acogimos con alegría y entusiasmo, con palmas y vítores, pero pocos días después lo expulsamos y gritamos “¡crucifícale!” con nuestras acciones y opciones opuestas a Sus Enseñanzas? ¿Cuántas veces preferimos al “Barrabás” de nuestros propios vicios y pecados?
¡También yo me dejo manipular tan fácilmente por las voces seductoras de un mundo que odia a Cristo y busca arrancar toda raíz cristiana de nuestros pueblos y culturas forjados al calor de la Fe! ¡También yo me dejo influenciar tan fácilmente por las voces engañosas de mis propias concupiscencias e inclinaciones al Mal! ¡También yo me dejo seducir tan fácilmente por las voces sutiles y halagadoras del Maligno que con sus astutas ilusiones me promete la felicidad que anhelo vivamente si a cambio le ofrendo mi vida a los dioses del poder, del placer o del tener! Y así, ¡cuántas veces, aunque Cristiano de nombre, grito con mi pecado: “¡A Ese NO! ¡Elijo a Barrabás! ¡A Ese sácalo de mi vida! ¡A Ese CRUCIFÍCALO!”!
¡Qué importante es aprender a ser fieles hasta en los más pequeños detalles de nuestra vida, para no crucificar nuevamente a Cristo con nuestras obras! ¡Qué importante es ser fieles, siempre fieles! ¡Qué importante es desenmascarar, resistir y rechazar aquellas voces que sutil y hábilmente quieren ponernos en contra de Jesús, para en cambio construir nuestra fidelidad al Señor día a día con las pequeñas opciones por Él!
¡Qué importante es fortalecer nuestra amistad con Él mediante la oración diaria y perseverante! De lo contrario, en el momento de la prueba o de la tentación, en el momento en que escuchemos las “voces” interiores o exteriores que nos inviten a eliminar al Señor Jesús de nuestras vidas, descubriremos cómo nuestro “Hosanna” inicial se convertirá en un
traicionero “crucifícalo”.
¿Qué elijo yo? ¿Ser fiel al Señor hasta la muerte? ¿O, cobarde como tantos, me conformo con señalar siempre como una veleta en la dirección en la que soplan los vientos de este mundo que aborrece a Cristo, que aborrece a Su Iglesia y a todos aquellos que son de Cristo?» (P. Jurgen Daum)
Semper Mariam In Cordis Tuo.

.SAN JOSÉ, ESPOSO BIENAVENTURADO.

«Las razones por las que el Bienaventurado José debe ser considerado especial Patrono de la Iglesia, y por las que a su vez, la Iglesia espera muchísimo de su Tutela y Patrocinio, nacen principalmente del hecho de que él es el esposo de María y padre legal de Jesús. De estas fuentes ha manado su Dignidad, su Santidad, su Gloria. Es cierto que la Dignidad de Madre de Dios llega tan alto que nada puede existir más sublime; pero, porque entre la santísima Virgen y José se estrechó un lazo Conyugal, no hay duda de que a aquella Altísima Dignidad, por la que la Madre de Dios Supera con mucho a todas las criaturas, él se acercó más que ningún otro.

Ya que el Matrimonio es el máximo consorcio y amistad —al que de por sí va unida la comunión de bienes— se sigue que, si Dios ha Dado a José como esposo a la Virgen, se lo ha Dado no sólo como compañero de vida, Testigo de la Virginidad y Tutor de la Honestidad, sino también para que participase, por medio del Pacto conyugal, en la excelsa Grandeza de Ella.

Él se impone entre todos por su augusta Dignidad, dado que por Disposición Divina fue Custodio y, en la creencia de los hombres, padre del Hijo de Dios. De donde se seguía que el Verbo de Dios se Sometiera a José, le Obedeciera y le Diera aquel Honor y aquella Reverencia que los hijos deben a sus propio padres. De esta doble Dignidad se siguió la obligación que la naturaleza pone en la cabeza de las familias, de modo que José, en su momento, fue el Custodio legítimo y natural, cabeza y defensor de la Sagrada Familia.

Y durante el curso entero de su vida él cumplió plenamente con esos cargos y esas responsabilidades. Él se dedicó con gran amor y diaria solicitud a proteger a su Esposa y al Divino Niño; regularmente por medio de su trabajo consiguió lo que era necesario para la alimentación y el vestido de ambos; cuidó al Niño de la muerte cuando era amenazado por los celos de un monarca, y le encontró un refugio; en las miserias del viaje y en la amargura del exilio fue siempre la compañía, la ayuda y el apoyo de la Virgen y de Jesús.

Ahora bien, el Divino Hogar que José dirigía con la autoridad de un padre, contenía dentro de sí a la apenas naciente Iglesia. Por el mismo hecho de que la Santísima Virgen es la Madre de Jesucristo, Ella es la Madre de todos los cristianos a quienes Dio a luz en el Monte Calvario en medio de los supremos Dolores de la Redención; Jesucristo es, de alguna manera, el Primogénito de los cristianos, quienes por la adopción y la Redención son Sus hermanos. Y por estas razones el Santo Patriarca contempla a la multitud de cristianos que conformamos la Iglesia como confiados especialmente a su cuidado, a esta ilimitada familia, extendida por toda la tierra, sobre la cual, puesto que es el esposo de María y el padre de Jesucristo, conserva cierta Paternal autoridad. Es, por tanto, conveniente y sumamente Digno del Bienaventurado José que, lo mismo que entonces solía Tutelar Santamente en todo momento a la Familia de Nazaret, así Proteja ahora y defienda con su Celeste Patrocinio a la Iglesia de Cristo». (Papa León XIII, Encíclica sobre la Devoción a San José, nº 3).

«A ti, Bienaventurado san José, acudimos en nuestra tribulación, y después de implorar el Auxilio de tu Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente tu Patrocinio.

Con aquella Caridad que te tuvo Unido con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, y por el Paterno Amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la Herencia que con Su Sangre Adquirió Jesucristo, y con tu Poder y Auxilio socorras nuestras necesidades.

Protege, Providentísimo Custodio de la Divina Familia, la escogida descendencia de Jesucristo; aleja de nosotros, oh Padre amantísimo, este flagelo de errores y vicios. Asístenos Propicio desde el Cielo, en esta lucha contra el poder de las Tinieblas; y como en otro tiempo libraste de la muerte la Vida amenazada del Niño Jesús, así ahora Defiende a la santa Iglesia de Dios de las hostiles insidias y de toda adversidad.

Y a cada uno de nosotros, Protégenos con tu constante Patrocinio, para que, a ejemplo tuyo, y sostenidos por tu Auxilio, podamos vivir y morir Santamente y alcanzar en los Cielos la Eterna Bienaventuranza. Amén». (Papa León XIII)

Semper Mariam In Cordis Tuo.


.ESCOGE LA VIDA PARA QUE VIVAS.

Sería triste engañarse: «Nadie puede servir a dos señores» (Mt 6, 24). El cristianismo no admite componendas: no se puede elegir a Dios y al mismo tiempo seguir al mundo, condescender con las pasiones, fomentar el egoísmo, favorecer los malos deseos y la ambición. Quien vacila y no sabe colocarse totalmente de parte de Dios, del Evangelio, de Cristo, demuestra que no está firmemente convencido de que Dios Es el Único Señor Digno de ser amado y servido con todo el corazón.

Es necesario repensar aquellas Palabras de la Escritura: «Escoge la Vida para que Vivas... amando al Señor tu Dios, obedeciendo Su Voz y adhiriéndote a Él porque en eso está tu Vida» (Dt 30, 20).». (P. Gabriel De Santa Magdalena, Carmelita Descalzo).

Semper Mariam In Cordis Tuo.
.«A Ti encomendé mi causa».
(Jer. 20, 12)

Esta es la actitud de confianza en Dios que debe adoptar y sostener el cristiano en la Hora del dolor, de la persecución. «No es el siervo más que su amo. Si a Mí Me han perseguido, también a vosotros os perseguirán» (Jn 15, 20). Quien
se proponga vivir a fondo el Evangelio, defender la Verdad, hacer el Bien, no podrá evitar la contradicción de ese mundo que se opuso a Cristo. Y, permitiéndolo Dios, pueden añadirse todavía sufrimientos e incomprensiones por parte de otras fuentes de oposición, tal vez por parte de los buenos, de los amigos, hasta de los familiares o de los hermanos que comparten nuestro mismo ideal. El cristiano no se escandaliza; sabe que la Cruz es parte esencial de la herencia y del seguimiento de Cristo; sabe que como Cristo Salvó al hombre con la Cruz, el hombre entra en el Camino de la Salvación y coopera a la Salvación del mundo llevando su propia cruz». (P. Gabriel De Santa Magdalena, Carmelita Descalzo).

Semper Mariam In Cordis Tuo.

.NUESTRO TIEMPO 
PARA REGRESAR A DIOS.

«¿Crees que Dios te dará poco tiempo para procurar tu Conversión, o que te Dará mucho?

Si crees que el tiempo es poco, por qué no aprovechas todos los instantes de un tiempo tan breve y tan precioso para ti?

Si crees que te Dará mucho, pues adquieres una gran obligación. Y de qué modo le podrás mostrar tu agradecimiento, si no es utilizando este tiempo -que otros no han tenido y la Divina Bondad te Concedió a ti-, aplacando Su Justicia y amándole.

Dios no nos Da tiempo para que lo empleemos en ofenderle. Cuánta es nuestra ingratitud e injusticia, si le empleamos en pecar y en diferir nuestra Conversión.

Diferir este camino de regreso definitivo a Él, con una motivación tan injusta, es ponerse en riego de no hacerlo jamás» (S. Bernardo, Monje y Doctor de la Iglesia).

Semper Mariam In Cordis Tuo.
.VIDA CRISTIANA Y SANTA MUERTE.

«Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor. Desde ahora, sí -Dice el espíritu-, que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan» (Apoc. 14, 13).

«Bienaventurados: qué poco conocida es en el mundo esta Verdad, qué poco practicado este lenguaje.

Más bien, nos dice, dichoso el que vive con esplendor y con abundancia; dichoso el que logra el favor del poderoso; dichoso el de nacimiento ilustre, el de prosperidad larga e ininterrumpida; el que posee multitud de amigos importantes, abundancia de bienes y una robusta salud.

Así habla el espíritu del mundo, y de esto hacen objeto de envidia para muchos, y lo convierten en modelo de "felicidad".

Pero de qué manera tan diferente Juzga y Habla el Espíritu Santo.

Bienaventurados los que no se dejaron deslumbrar del falso brillo del mundo, ni se embriagaron de sus placeres, muchas veces perniciosos. Dichosos los que gustando las Máximas de Jesucristo, y colocando toda su gloria en servirle, no pensaron más que en agradarle.

Bienaventurados los que considerando como poca cosa, o nada, lo que encanta al mundo, sólo se dedicaron a fabricarse una Fortuna más sólida, sólo se aplicaron a atesorar Riquezas para el Cielo, donde no hay polilla que consuma, ni gusano que roa, ni ladrón que robe (Mt. 6, 20).

Bienaventurado, en fin, el que termina una vida cristiana e inocente de pecado en este mundo, con una Santa muerte.

Pregunto: ¿es, acaso, una Felicidad imaginaria, o poco merecedora de interés, la de morir en el Señor con la muerte de los Santos?

¿Qué fruto, pues, se saca de estas reflexiones? Exaltamos la Dicha de los Santos, alabamos su Prudencia, nos sentimos animados a seguirles.

¿Quedará esto, sólo en la letra que acabas de leer?

Dulce Jesús mío, que me Das la Gracia de hacer esta meditación, no Permitas que algún día me sirva ella como materia de remordimiento, antes bien, Asísteme ahora para que mi alma se Convierta y vuelva a Ti, sin diferirlo más» (P. Juan Croisset SJ)

Semper Mariam In Cordis Tuo.

.LUZ Y ÁNGELES.
En este artículo, comparto contigo una interesante interpretación que el Obispo de Hipona hace sobre este Versículo del Génesis. No es, ciertamente, la única forma de interpretarlo, como él mismo lo advierte, pero haya sentido y  está conforme con la Ortodoxia de nuestra Fe Católica.

«Los Santos Ángeles no son coeternos a Dios, pero sí están ciertos y seguros de su Felicidad Eterna y Verdadera.

Algunos Ángeles pecaron y fueron recluidos en los abismos, que son Cárceles para ellos, hasta la Condenación Final y futura en el Día del Juicio. Esto lo expresa con claridad meridiana el Apóstol San Pedro al decir que Dios no Perdonó a los Ángeles prevaricadores, sino que, Precipitándolos en las obscuras prisiones del Infierno, reservó su Castigo para el Día del Juicio (2 Pe. 2, 4).

¿Quién duda que Dios, o por Su Presciencia o por Su Operación, Separó a unos Ángeles de otros? ¿Quién se opondrá al que afirme que aquéllos fueron llamados con razón luz?,  aunque deba entenderse otra luz en el Pasaje que discutimos: «Dijo Dios: Hágase, la luz, -y la luz fue Hecha» (Gén. 1, 3), y estén significadas otras tinieblas en esto: «Dividió Dios entre la luz y las tinieblas» (v. 4), pensamos que en todo ello se significan estas dos Sociedades de Ángeles: una que Goza de Dios y otra que se hincha de soberbia; una, a la que se dice: «Adorad al Señor todos Sus Ángeles» (Sal. 96, 8), y otra cuyo príncipe promete: «Te daré todo esto si postrándote me adoras» (Mt. 4, 9); una, ardiendo en el Amor Santo de Dios; otra, humeando con el amor impuro de la propia altivez.

Y porque está Escrito que «Dios Resiste a los soberbios y Da Su Gracia a los humildes» (1 Pe. 5, 5), la una Habita en los Cielos de los Cielos, y la otra, arrojada de allí, pugna en el oscuro Abismo; la una es tranquila y está animada por una Piedad luminosa, y la otra es turbulenta por pasiones tenebrosas. La una ayuda con clemencia según el Querer de Dios, castigando con Justicia, y la otra ardiendo por su prurito de dominar y sus ansias de hacer daño; la una es Ministro de la Bondad Divina, haciendo el Bien que quiere, y la otra es frenada por el Poder de Dios a fin de que no dañe cuanto quiera. La primera se mofa de la segunda y de sus vanos esfuerzos por acrecerse a base de persecuciones, y la segunda envidia a la primera cuando la ve recoger peregrinos por doquier.

Nosotros, repito, creemos que estas dos Sociedades de Ángeles tan dispares y contrarias entre sí, una Buena por naturaleza y Recta por voluntad, y la otra, Buena también por naturaleza y Perversa por voluntad, expresadas más claramente en otros lugares de las Divinas Escrituras, están, a su vez, insinuadas con los nombres de “luz” y de “tinieblas” en el Libro que lleva por Título Génesis» (La Ciudad de Dios, L.11, cap. 33; S. Agustín, Obispo y Doctor de la Iglesia).

Semper Mariam In Cordis Tuo.



.NO PEQUES MÁS.
«Queridos hermanos y hermanas, detengámonos a contemplar esta escena, donde se encuentran frente a frente la miseria del hombre y la Misericordia Divina, una mujer acusada de un gran pecado y Aquel que, aun Sin tener pecado, Cargó con nuestros pecados, con los pecados del mundo entero. Él, que se había puesto a escribir en la tierra, alza ahora los ojos y encuentra los de la mujer. No pide explicaciones. No es irónico cuando le pregunta: "Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?" (Jn 8, 10). Y Su respuesta es conmovedora: "Tampoco Yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más" (Jn 8, 11). San Agustín, en su comentario, observa: «El Señor condena el pecado, no al pecador. En efecto, si hubiera tolerado el pecado, habría dicho: "Tampoco yo te condeno; vete y vive como quieras... Por grandes que sean tus pecados, Yo te Libraré de todo castigo y de todo sufrimiento". Pero no dijo eso". Dice: "Vete y no peques más».
Queridos amigos, la Palabra de Dios que hemos escuchado nos ofrece indicaciones concretas para nuestra vida. Jesús no entabla con Sus interlocutores una discusión teórica sobre el pasaje de la Ley de Moisés: no le interesa ganar una disputa académica a propósito de una interpretación de la Ley mosaica; Su Objetivo es Salvar un alma y Revelar que la Salvación sólo se encuentra en el Amor de Dios. Para esto Vino a la tierra, por esto Morirá en la Cruz y el Padre lo Resucitará al tercer día. Jesús Vino para decirnos que Quiere que todos vayamos al Paraíso, y que el Infierno, del que se habla poco Amor.
Por tanto, también en este Episodio comprendemos que nuestro verdadero enemigo es el apego al pecado, que puede llevarnos al fracaso de nuestra existencia. Jesús despide a la mujer adúltera con esta consigna: "Vete, y en adelante no peques más". Le Concede el Perdón, para que "en adelante" no peque más.
En un episodio análogo, el de la pecadora arrepentida, que encontramos en el Evangelio de San Lucas (Lc 7, 36-50), Acoge y dice "vete en Paz" a una mujer que se había arrepentido. Aquí, en cambio, la adúltera recibe simplemente el Perdón...En ambos casos —el de la pecadora arrepentida y el de la adúltera— el Mensaje es único. En el primer caso se subraya que no hay Perdón sin arrepentimiento, sin deseo del Perdón, sin apertura de corazón al Perdón. Aquí se pone de relieve que sólo el Perdón Divino y Su Amor recibido con corazón abierto y sincero nos dan la Fuerza para resistir al Mal y "no pecar más", para dejarnos conquistar por el Amor de Dios, que se convierte en nuestra Fuerza. De este modo, la Actitud de Jesús se transforma en un Modelo a seguir por toda comunidad, llamada a hacer del amor y del perdón el corazón palpitante de su vida.
Queridos hermanos y hermanas, en el camino Cuaresmal que estamos recorriendo y que se acerca rápidamente a su fin, nos debe acompañar la certeza de que Dios no nos abandona jamás y que Su Amor es Manantial de Alegría y de Paz; es la Fuerza que nos impulsa poderosamente por el Camino de la Santidad y, si es necesario, también hasta el Martirio». (Benedicto XVI, 25-3-2007).
Semper Mariam In Cordis Tuo.



.QUINTO DOMINGO DE CUARESMA.


«¡Qué gran Lección para todos nosotros, queridos hermanos! Un día estaremos frente al Juez Justo y Veraz, que nos Juzgará por lo que hay en nuestro corazón. Él no discrimina según las apariencias o según los criterios de los hombres. Nos da tiempo para la corrección. No abusemos, sin embargo, de la Misericordia Divina. Por dos cosas están en peligro los hombres, dice San Agustín comentando este Texto: por la pseudo esperanza y por la desesperación. 

Se engaña el que espera falsamente, diciendo en su corazón: Dios Es Bueno, puedo hacer lo que me plazca, porque es Infinitamente Misericordioso. Se engaña también aquel que, habiendo caído en graves pecados, cree que ya no hay perdón para ellos, aunque se arrepienta.

El alma fluctúa entre la pseudo esperanza y la desesperación. Al que abusa de Su Misericordia, Dios le dice: "No demores tu Conversión al Señor ni la difieras de un día para otro, porque pronto llegará la Ira de Dios, y en el momento de la Venganza será tu Ruina" (Ecles. 5, 8); a los que están tentados por la desesperación, el Señor dice: "En el momento mismo en que el inicuo se Convierta, Olvidaré para siempre todas sus iniquidades" (Ez. 18, 27).

Que el Espíritu Santo modele nuestro corazón en la fragua del corazón de Cristo: "Vete y no peques más en adelante". Inflexible con el pecado, y Lleno de Misericordia con el pecador.

Que este Pasaje Evangélico nos llene de confianza en el Amor Generoso de Jesús, y nos haga más misericordiosos con los demás, pero sin debilidad para con el pecado. Tal será la medida de nuestro propio Juicio, como bien nos lo dice el mismo Jesús: "Porque con la medida con que medís se os Medirá también"» (P. Alfredo Saenz S.J.).

Semper Mariam In Cordis Tuo.

.DIOS: BUENO Y JUSTO.

No tengamos de Dios una idea equivocada.

«¿Hasta cuándo esperas decidirte a obedecer a Cristo que te Llama a Su Reino Celestial? ¿No te vas a purificar? ¿No vas a dejar de una vez este género de vida que llevas para seguir a fondo el Evangelio?... Pretendes desear el Reinado de Dios, pero sin preocuparte demasiado por los medios a emplear para conseguirlo. 

Aún más, por la vanidad de tu espíritu, sin preocuparte lo más mínimo por observar los Mandamientos del Señor, crees ser digno de recibir las mismas Recompensas que aquellos que han resistido al pecado hasta la muerte. ¿Quién ha vendimiado sin haber plantado y cultivado la viña? Los frutos son para los que han trabajado; las Recompensas y las Coronas para los que han vencido. ¿Es que alguna vez alguien ha coronado a un atleta sin que éste ni tan sólo se haya revestido para combatir con el adversario? Y, por consiguiente, no sólo es necesario vencer sino también “luchar según las reglas”, como lo dice el Apóstol Pablo (2 Tim 2,5), es decir, según los Mandamientos que nos han sido Dados…

Dios Es Bueno, pero también Es Justo…:”El Señor Ama la Justicia y el Derecho” (Sal 32,5); por eso “Señor voy a cantar la Bondad y la Justicia (Sal 100, 1)… Fíjate con qué Discernimiento el Señor Usa de la Bondad. No Es Misericordioso sin más ni más, no Juzga sin Piedad, porque “el Señor Es Benigno y Justo” (Sal 114,5). No tengamos, pues, de Dios una idea equivocada; Su Amor por los hombres no debe ser para nosotros pretexto de negligencia» (s. Basilio Magno, Obispo y Doctor de la Iglesia)

Semper Mariam In Cordis Tuo.
.¡Que me conozca, Señor!

«¿Quieres que Jesucristo te Confiese delante de Su Padre? Confiésale también tú delante de los hombres, no sólo de palabra, sino perdiendo el miedo a vivir la Virtud, de la misma manera que no has tenido prurito de abrazar el vicio.

Quieres tu Salvación, ¿pero cómo la quieres? ¿La quieres con el afán con que quieres el éxito de tus negocios temporales?

No se puede negar que el Camino de la Virtud es duro y para muchos poco atractivo, pero ¿no lo merece el Cielo? ¿Cuántos obstáculos en los trabajos de la vida?, y sin embargo, no nos desanimamos ni los abandonamos.

¿Quieres que Dios te Abrace con Su Amistad? No busques más la aprobación de los hombres, aborrece el respeto humano, causa fatal de la perdición de muchas almas. Haz gloria, como otra Magdalena, de verdadero penitente. Así repararás los escándalos que has dado en los desórdenes de tu vida pasada.

Dite a ti mismo, no "qué dirán los hombres", sino qué dirá tu Dios.

Señor, ¡qué tarde conozco mis desvíos! Hazme conocer, Señor, mi Fin. Penétrame de su importancia, porque de aquí en adelante quiero mi Salvación como la han querido los Santos, es decir, quiero trabajar como ellos, con temblor y temor (Fil. 2, 12), y no dejar ningún medio  para alcanzar este propósito. Comienzo desde este momento. ¡Señor, Sálvame, porque soy Tuyo, me has Redimido y a Ti me entrego hoy y para siempre!» (P. Melchor Gelabert)

Semper Mariam In Cordis tuo.
.Tú eres, Señor.


«Que podamos seguirte, nosotros que somos «Tu Pueblo y ovejas de Tu Rebaño» (Sal. 78, 13). 

Que podamos, por Ti, ir hacia Ti, porque Tú Eres El Camino por medio del Ejemplo, La Verdad por Tus Promesas, La Vida porque eres Tú nuestra Recompensa.

«Tú Tienes Palabras de Vida Eterna, y nosotros sabemos y creemos que Tú Eres el Cristo, el Hijo de Dios Vivo» (Jn 6, 69;  Mt. 16, 16) y Dios más Alto que todas las cosas, Bendito por siempre jamás»

(S. Bernardo, Monje y Doctor de la Iglesia)


Semper Mariam In Cordis Tuo
.CUARTO DOMINGO DE CUARESMA.
«Si analizamos con atención este Relato, podemos constatar que el momento crucial de la Parábola, en que se verifica un cambio radical de actitud en el hijo pródigo, está sintetizado en las siguientes palabras: "Entonces recapacitó y dijo" (Lc. 15, 17), que mejor sería traducirlo como "Volviendo entonces sobre sí mismo, se dijo..." Es el momento de la reflexión. El pecado nos da la ilusión de que los bienes exteriores de este mundo pueden saciar la sed Infinita de nuestro corazón; Dios Permite nuestra miseria para que, volviendo sobre nosotros mismos, experimentemos nuestra indigencia, sintamos la nostalgia de la Casa del Padre y retomemos al único Bien que puede apagar nuestra sed de Infinito. Vienen aquí al caso aquellas palabras de San Agustín, él también pecador, quien luego de haber buscado afanosamente por entre los bienes de este mundo aquello que pudiera saciar su ansia de felicidad, comprendió por fin dónde radicaba la Dicha verdadera: "Nos has Hecho, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti".

Es, pues, la vida de oración, de diálogo profundo con el Señor en el seno del silencio, lo que nos permitirá conocemos mejor a la Luz de Dios, confesando así nuestra miseria. Entonces podremos decir con total sinceridad: “Señor, Ten Piedad de mi”. Exclamación que proviene de la Humildad de quien reconoce su propia indigencia, y que no puede quedar desoída por Aquel que Dijo: "Doy Mi Gracia a los humildes y Rechazo a los soberbios" (Sant. 4, 6). Santa Teresa de Jesús, maestra del diálogo entre el alma y Dios, decía que el primer paso de la vida de oración era conocerse a sí mismo a la Luz de Dios.

El Señor nos Dé a todos, queridos hermanos, esta Luz, pues tantas veces somos ciegos para ver nuestras propias miserias.

Que así sea.» (P. Alfredo Sáenz, SJ.).

Para la mayor Gloria de Dios.

Semper Mariam In Cordis Tuo.

.NO TENGAS MIEDO DE ACERCARTE AL SEÑOR.


«Jesucristo, luego que Apareció en el mundo, ¿a quién llama? ¡A los magos! ¿Y después de los magos? ¡Al publicano! Y después del publicano a la meretriz, ¿y después de la meretriz? ¡Al salteador! ¿Y después del salteador? Al perseguidor impío.

¿Vives como un infiel? Infieles eran los magos. ¿Eres usurero? Usurero era el publicano. ¿Eres impuro? Impura era la meretriz. ¿Eres homicida? Homicida era el salteador. ¿Eres impío? Impío era Pablo, porque primero fue blasfemo, luego Apóstol; primero perseguidor, luego Evangelista... No me digas: "soy blasfemo, soy sacrílego, soy impuro". Pues, ¿no tienes ejemplo de todas las iniquidades Perdonadas por Dios?
¿Has pecado? Haz penitencia. ¿Has pecado mil veces? Haz penitencia mil veces. A tu lado se pondrá Satanás para desesperarte. No lo sigas, antes bien recuerda las 5
palabras "Éste recibe a los pecadores" (Lc. 15, 2) que son grito inefable del Amor, efusión inagotable de Misericordia, y Promesa inquebrantable de Perdón si te arrepientes» (S. Alberto Hurtado, Pbro).

Semper Mariam In Cordis Tuo.